A los autores de “El penal de Valdenoceda” (Editorial Cálamo), Fernando Cardero Azofra, estudioso de la historia de Burgos, y Fernando Cardero Elso, director de Cultura del Ayuntamiento de Miranda de Ebro (Burgos) se deben también, entre otros libros, “La Guerra Civil en Burgos. Fusilados, detenidos y represaliados en 1936”, editado en 2009.Para “El penal de Valdenoceda”, han realizado un trabajo minucioso de búsqueda y selección de datos de gran valor relacionados con la historia de esa cárcel franquista, una de las peores de la dictadura. Valdenoceda fue instalada sobre el terreno y el edificio de una antigua fábrica, puesta en marcha por Torné, un siniestro personaje que había sido director de la cárcel de Porlier, de Madrid, y se mantuvo como prisión hasta 1954, bajo la dirección de Carazo Gómez, que permaneció en tal puesto hasta poco antes de cerrarse el penal.





Ya el 12 de noviembre de 1938 el gobierno francés presidido por Daladier promulgó un Decreto Ley en el que mencionaba a los "extranjeros indeseables" (refiriéndose evidentemente a los españoles) y proponía la expulsión de todos ellos. El 5 de febrero de 1939 y presionado por parte de la opinión pública, Daladier --que había bloqueado la frontera e impedido el paso de los refugiados-- permitió finalmente la entrada en masa de los huidos por la frontera que hasta entonces había permanecido oficialmente cerrada.
Dos supervivientes españoles del campo de concentración de Mauthausen consideran necesaria la localización de desaparecidos y fallecidos en conflictos bélicos para "cerrar heridas" y, aunque han tratado de "olvidar" para retomar sus vidas, piden que estos episodios atroces no mueran en la memoria de la sociedad. Solo así las familias podrán "descansar".
El silencio se ha rasgado. Lo que Franco y sus colaboradoras con hábito querían olvidar ha salido a la luz en los últimos años gracias a la película Izarren Argia y a los comentarios de sus supervivientes
