Sr. Zapatero,
permítame unas sugerencias
Julio Ortega Fraile
UCR
19
de Febrero de 2009
Sr.
Zapatero:
No es la primera carta que le dirijo y
algo me dice que la presente, al igual que las anteriores,
tampoco llegará a sus manos; sin embargo en esta ocasión hay una
diferencia con respecto a las otras: si en aquellas le
trasladaba deseos, reivindicaciones y quejas, ahora me permito
hacerle partícipe de una serie de sugerencias con la mejor de
las intenciones, ya que consciente de que su ajetreada vida
política no le permite reparar siempre en pequeños detalles, me
propongo informarle de una serie de cuestiones que pueden
contribuir a enriquecer sus escasos ratos de ocio y facilitarle
asuntos cotidianos de ámbito doméstico.
Empecemos por su perro que, a decir
verdad, no sé si lo conserva todavía o el pobre animal no pudo
soportar la utilización que de él se hizo por parte de la
oposición a cuento de la negativa de los trabajadores de La
Moncloa a pasearlo. Bueno, pues mi primer consejo es que revise
concienzudamente el recinto en el que permanece el can y se
asegure de que no puede escaparse. Yo se lo digo porque en el
caso de que en un descuido se vaya existen tres posibilidades
que tal vez desconozca centrado como está en su ardua labor de
gobernar: la primera es que muera atropellado. La segunda pasa
porque algún individuo lo atrape, le ate las patas, le
introduzca frutos por el ano, le rompa las costillas con una
barra de hierro y luego le corte las patas delanteras; si Vd.
quiere recuperar su cuerpo en ese caso tal vez tenga que
descolgarlo del árbol en el que haya sido finalmente ahorcado o
extraerlo del interior de un saco, que a su vez habrá sido
arrojado al fondo de un pozo; tratándose de un perro propiedad
del Presidente no lo sé, si es el de un camarero o el mío, el
autor de los hechos lo único que perderá será un par de horas
declarando ante el juez. Y la tercera opción es que sea
capturado y llevado a una perrera municipal; en ese caso ha de
darse mucha prisa Sr. Zapatero, porque si no lo reclama rápido
le pondrán una inyección y su querido perro morirá tras quince o
veinte minutos de agonía, siguiendo por supuesto el protocolo
aprobado para estos casos en casi toda España. Yo espero
sinceramente que nunca le ocurra algo así, pero si sucede
entonces le aconsejo que se haga con otro; el nuevo no lo
adopte en alguna protectora, que son sitios muy tristes, donde
no los matan pero la decoración deja mucho que desear, y es que
al no recibir ninguna ayuda apenas les llega para dar de comer a
los animales y pagar al veterinario, es mejor que acuda a una
tienda de venta de animales que estarán encantado de atender a
un cliente tan ilustre, allí escoja uno de esos que exhiben en
los escaparates como si fueran croissants, de ese modo
estará contribuyendo a la economía del País, porque el tráfico
de animales y su cría para la venta mientras muchos mueren
sacrificados, producen sustanciosos beneficios a unos cuantos.
Vayamos con otro consejo. Tengo la
impresión de que su esposa no dispone en su ropero de ningún
abrigo de piel auténtica, pero si quiere tener con ella el
hermoso detalle de regalarle uno anímese que es sencillo. Yo le
explico: tiene donde escoger porque ya sólo en Galicia hay unas
cincuenta granjas en las que se crían visones y zorros con la
única función de convertirse en suntuosas prendas; puede elegir
la textura del pelo y el color yendo a visitarlas; verá a esa
materia prima con vida encerrada en las jaulas en las que
permanecen desde que nacieron y de las que saldrán el mismo día
en que sean despellejados, proceso que les pilla unas veces
muertos y otras sólo aturdidos, ya que no siempre son
fulminantes los efectos de los electrodos que les introducen,
uno por la boca y el otro por el ano, o los del monóxido de
carbono con el que los gasean. Bueno, lo importante es que les
arranquen la piel aunque puedan sentirlo, ya morirán al cabo de
un rato, y de ese modo poder confeccionar preciosos abrigos para
dejar bien alto el pabellón de la moda española de lujo.
Como buen padre Sr. Zapatero imagino que
querrá llevar a sus hijas al circo. No hay problema, los tiene
permanentes o ambulantes en gran número de ciudades y pueblos de
nuestro País. Tal vez después de la función y debido a su
prestigiosa condición, le permitirán visitar a los animales
“artistas” en sus habitáculos; pero tenga precaución con el olor
ya que a menudo duermen sobre sus propias heces. Si lo solicita
seguro que no tienen inconveniente en dejarle asistir a una
sesión de entrenamiento, con sus correspondientes golpes,
electrocuciones, administración de drogas y castigos, muchos
castigos, que ya se sabe que a veces los elefantes se niegan a
montar en bicicleta o los leones a saltar a través de un aro con
fuego. Si ve a algún animal ya viejo o enfermo para efectuar sus
números circenses, pregunte a qué coto de caza va a ser vendido
para que lo utilicen como blanco.
Y dígame Sr. Presidente, ¿utilizan
productos farmacéuticos, de limpieza o cosméticos en Moncloa?,
sin duda que lo hacen. Pues quiero que esté muy tranquilo por su
seguridad al emplearlos, ya que sepa que muchos de ellos habrán
sido testados en animales, pero no una o dos veces, sino de
forma continuada, no vaya a ser que la misma lejía que ayer se
comprobó que le producía quemaduras internas a un beagle
al obligarle a ingerirla hoy tenga efectos diferentes. Para que
Vd., su familia y todos los españoles no alberguemos temores,
hay miles de animales sometidos a los mismos experimentos todos
los días con los mismos productos. Sus quemaduras, mutilaciones,
intoxicaciones, deformaciones, traumatismos, hemorragias o
cegueras inducidas, su sufrimiento prolongado y repetitivo y al
final, su muerte prácticamente inevitable, nos garantizan a las
personas que beber amoniaco, tragarse un tubo de dentífrico,
echarse ácido en los ojos o despistes parecidos, es altamente
nocivo. Y para mayor seguridad en España seguimos utilizando
animales, que aparte de mantener el negocio de tráfico con los
mismos una vez más y de asegurarse becas, subvenciones y
publicaciones, no tenemos que echar mano de los bancos de datos
existentes, de las simulaciones, de los modelos mecánicos, del
cultivo de células y tejidos, del uso de placenta humana, etc.
No vaya a ser Sr. Zapatero que digan por ahí que en España no
somos una Nación puntera en investigación. Así que ya sabe,
utilice tranquilo el champú, el aceite aflojatodo y las
pastillas para el dolor de cabeza, que ayer, hoy y mañana, hay
perros, gatos, conejos, monos, ratones y muchos más animalitos,
dispuestos a sacrificarse por mantener el negocio de la
experimentación.
De caza y de corridas de toros no hará
falta que le cuente nada; supongo que de una y otras está
informado de primera mano por el Sr. Bermejo, gran cazador y por
el Sr. José Blanco, notable aficionado taurino, incluso por Su
Majestad si me apura, que nuestro Monarca sabe y disfruta de
ambas. Por no aburrirle yo que le hablen ellos de cómo se remata
a un jabalí, lo que tarda en morir un venado, qué le ocurre a un
perro de agarre cuando la presa le abre el vientre, del número
de animales que huyen a tres patas después de dejarse una en un
cepo, de la cifra de personas que cada año mueren por accidentes
de caza, o de cómo se le “prepara” al toro antes de salir a la
plaza, cuántos centímetros entra la pica en su cuerpo y cómo es
el movimiento de “mete-saca”, el proceso del ahogamiento del
toro en su propia sangre cuando le atraviesan los pulmones, o
cuando se le corta la oreja estando todavía vivo pero
inmovilizado con la médula seccionada. Que ellos le pongan al
día porque son costumbres y prácticas fundamentales en la
cultura española, protegidas y subvencionadas por su Gobierno.
Y hablando de tradiciones, ya que apenas
dispone de tiempo Sr. Zapatero, creo que debería ordenar que se
trasladase un equipo de filmación con cámara oculta a
localidades como Coria, Manganeses, Medinaceli, Benavente,
Tordesillas, Galápagos, Tenerife y otras muchas. Digo oculta
porque los afables participantes de las entretenidas actividades
con animales que se celebran en todos estos lugares, si ven a su
gente rodando puede que les rompan las cámaras y la cara
también, como ya ha ocurrido en varias ocasiones. Pero pienso
que es necesario que Vd. disponga de un documento gráfico de
estas alegres muestras de folclore, así sabrá cómo se destina
dinerito a través de los Ayuntamientos y Juntas para que un toro
sea alanceado, se le corten los testículos, se le abrase, se le
pegue un tiro después de arrastrarlo por las calles, dos gallos
se peleen, una pava sea arrojada desde un campanario después de
haberle roto un ala, o unos mozos se cuelguen del cuello de un
ganso atado por las patas a una cuerda, entre otras muchas
modalidades de diversión de los españoles que emplean animales y
se transmiten a los niños como necesarias y educativas, que son
“Patrimonio histórico – cultural”, justo el término que se
emplea en la Ley de Protección de Animales de muchas Comunidades
que prohibe su maltrato o provocarles sufrimiento, pero para
establecer como excepción las que entren en esa categoría, que
entre tradición y dolor no hay duda, el segundo ha de estar al
servicio de la primera.
¿Comen tortillas en La Moncloa?. Qué
suculento ese plato tan típico y tan español, ¿verdad?. Con su
patata, su cebolla y sus huevos, obtenidos de unas gallinas
metidas a presión en una jaula, con el pico cortadito para que
no se agredan trastornadas por el encierro, la falta de espacio
y los ciclos naturales alterados, dedicadas toda su vida a poner
huevos y que así podamos degustar y presumir de una receta tan
nuestra. ¿Y qué me dice del foie-gras?, delicioso sin
duda, y que bien que lo podamos adquirir sin problema en
cualquier supermercado; no podía ser de otro modo con ese hígado
de oca o de pato aumentado diez veces su tamaño normal, gracias
a una depurada técnica de engorde hepático conseguida a base de
introducir un tubo en el cuello del animal y suministrarle
comida de un modo forzado. Todo sea por una gastronomía nacional
con cinco estrellas.
Bueno Sr. Zapatero, que no quiero
cansarle, así que ya me despido después de transmitirle estos
consejos y consideraciones que espero que le sirvan de ayuda.
Tengo que confesarle que me siento orgulloso de tener un
Presidente que mantiene tan edificantes costumbres, negocios,
tratamientos y actividades, que las apoya con dinero público y
que deja la Ley tal y como está para que nada cambie. Tuvo un
desliz en la Campaña de las Generales hablando de la creación de
una Ley de Protección Animal, pero menos mal que ya recapacitó y
la borró de su agenda de promesas.
Tal vez algún día llegue al Poder un
Gobierno que prohiba causar sufrimiento a los animales, que
castigue con dureza a los que cometan tales actos, que no
permita su tortura y muerte como forma de diversión y los
considere sujetos de derecho y no objetos. Quizás decida que
maltratarlos no es signo de cultura ni una forma tolerable de
entretenimiento. Muchas personas agradecerán tal valentía y toda
la Sociedad habrá ganado en ese momento, pero no se preocupe Sr.
Presidente, que vista su trayectoria Vd. no tendrá que soportar
muestras de gratitud por este motivo. Siga gobernando para
algunos hombres y que su embrutecimiento no le atormente; los
animales no merecen su tiempo ni su atención, ya hace bastante
dedicando parte de los presupuestos a su padecimiento.
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