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Vivir en Plenitud
Emilio del Barco
UCR
2 de Octubre de 2009
Alcanzar una meta, motiva para la siguiente. La libertad no es un hecho
objetivo, sino un sentimiento. Sin la sensación interna de poder
realizar los propios proyectos, no existiría la civilización actual. La
creatividad es hija de la libertad. A la que sólo pueden poner
fronteras las creencias que nos limitan. Los dogmas son un veneno para
la razón. Cuando los credos ocupan la mente, no queda espacio para la
lógica. Los terroristas siempre son fanáticos, gente que no razona, sólo
cree. Las guerras de creencias no se ganan con armas, sino convenciendo
al rival. Y esa batalla es algo más difícil. Lo difícil no es vencer,
sino convencer de la razón propia.
En las organizaciones autoritarias, nadie puede tener iniciativas, sino
cumplir las órdenes de los superiores jerárquicos, sin transformarlas.
Lo que implica una deuda creciente con los santones de la organización,
cuando se falla. Una vez se haya enraizado este sentimiento de
supeditación, tales organizaciones autoritarias tratan de cultivarlo.
Como medio esencial para mantener al adepto siempre en sumisión. Como
militantes, prefieren los autómatas, a los individuos pensantes. La
limitación a la libertad de pensamiento y a la sensación de placer. El
rechazo de los prebostes a la democracia organizativa, es la
consecuencia directa de no admitirse como iguales. Los peldaños a subir,
para ir conquistando derechos a la superación, son infinitos.
La negación a aceptar la vida tal como la percibimos, no puede dar
origen más que a energías negativas, fuente de violencias. Donde se
instale el dogmatismo hipnotizador, se fuerzan las leyes de la
Naturaleza, destruyendo la armonía del individuo, obligándole a vivir
contra sus percepciones. Vivimos rodeados de dogmatismos, que cercenan,
cíclicamente, la pequeña flor de la felicidad, que sólo crece en
libertad. Quienes son incapaces de apreciar su perfume, tampoco la ven.
Negando y negándose el derecho a la vida armónica presente. Soñando tan
sólo en un enigmático futuro incierto, pleno de gloria. Ignoran que, si
no cultivamos la vida hoy, el mañana nacerá ya muerto.
No es bueno cultivar diferencias. En algunos aspectos, parece como si
pretendieran conservar la esclavitud voluntaria. Los últimos de nuestra
sociedad. Esclavos al servicio de las creencias, que suena muy bien, eso
sí. Pero quita derechos y otorga obligaciones, bajo la autoridad de los
prebostes. Cuando el deber es impuesto, nos convertimos en esclavos del
poder.
Siendo el concepto de libertad el bien más apreciado en las
civilizaciones actuales, no podemos volver a las oxidadas culturas de
hierro y fuego. Basadas en leyes, pretendidamente divinas, que colocan
a unos pocos encima del resto, para siempre, como el aceite sobre el
agua.
Todas las civilizaciones tiene un ciclo vital, cuando se cumple, llega
el ocaso. Pretender estirar los usos, costumbres y creencias del hombre
a través de los siglos, no consigue más que retrasar la evolución. La
evolución constante del pensamiento, no se puede parar. Sigamos
evolucionando hacia la paz mundial, negándonos a la enajenación de
nuestras mentes. Emilio del Barco. 18/09/09.
emiliodelbarco@hotmail.es
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