1, 2, 3, 4, 5, 6,..
Rafael Torres
OTR Press
22 de
Octubre de 2009
Existe la peregrina creencia de que la razón va siempre avalada por el
número, y por eso los que convocan manifestaciones tienden a hinchar el
de los que han participado en ellas, mientras que los adversarios
disfrutan desinflándolo cuanto pueden. Sin embargo, aparte de recordar a
unos y a otros que mentir está muy feo, podría señalarse que ya se ha
inventado un procedimiento para averiguar con gran exactitud el número
de manifestantes, y que consiste, como no podía ser de otra manera, en
contarlos. La idea de ese método debió surgir por analogía con el chiste
del que afirmaba saber cuántos indios venían mediante la sencilla
operación de contar las patas de los caballos y dividir entre cuatro,
pero en la manifestación del pasado sábado se pudo aplicar el método con
más facilidad todavía: contando las cabezas que las cámaras cenitales,
desde las alturas, registraban, a resguardo de que quedara por
identificar algún que otro bajito. Así, no fueron dos millones los que
salieron en Madrid a manifestarse contra el gobierno so capa de la
reforma de la ley sobre interrupción del embarazo, como con evidente,
disparatada y comprensible exageración declararon los organizadores, ni
millón y medio, como asegura la Comunidad amiga de los organizadores, ni
siquiera el par de centenares de miles que computaron algunos medios no
tan amigos de los organizadores, sino unos cincuenta mil, sesenta mil a
lo sumo, como ha resultado del cómputo fetén. ¿Quiere esto decir que los
que había con Aznar llevaban menos razón? Pues no; la misma, Ni más, ni
menos.
La culpa de esto, en realidad, la tiene el sufragio, que eleva
institucionalmente a la categoría de "mejor" lo que decide la mayoría,
cuando, en puridad, ni siquiera es una mayoría si se tiene en cuenta la
abstención en todas sus formas. Bueno, la culpa no es que la tenga el
sufragio, sino los que quieren ver en él un oráculo y en sus designios
un dogma, pero el caso es que todo el mundo se ampara en su sacrosanta
naturaleza, en su adoración al número, para, de alguna manera, sustituir
el voto formal por su sucedáneo callejero o estadístico. Y eso es lo que
hay. |