El debate del “tú la llevas”
Pilar
Izquierdo Teruel
Julio Ortega
Fraile
UCR
15 de Mayo de 2009
¿Quién
dijo que es necesaria una formación específica para ejercer de político
de primera fila, de esos que ocupan cargos de gran responsabilidad?. Los
hechos demuestran que "lo que Salamanca no da los votos no lo
otorgan" y perdonen Uds. por el plagio transgresor.
El Sr.
Zapatero se ha revelado como un ATS hiperactivo: una tirita por aquí,
otra tirita por allá y el enfermo (los ciudadanos), pasa de inmediato al
estado de "preparado para el alta", un diagnóstico que queda muy bien
para ser emitido como parte médico oficial, y lo que es la deontología
profesional ya la dejaremos para otra ocasión.
El Sr.
Rajoy es, sin embargo, una especie de bacteriólogo, obsesionado con el
desarrollo del caldo de cultivo donde proliferan los microorganismos que
han infectado al paciente (los mismos ciudadanos de antes), y que lejos
de buscar un tratamiento adecuado lo que hace es preservar los bacilos
que lo infectan y criticar las poco efectivas curas de urgencia
realizadas por el sanitario.
El cuerpo
de la sociedad es un rosario de pústulas, sanguinolentas y purulentas y
nuestro Presidente sin inmutarse, colocando apósitos para tapar la
hemorragia aunque todas las heridas se cierren en falso. Suena a una
cuestión de estética pre-electoral.
El líder
de la oposición apelando a las emociones de los más desfavorecidos como
método de propaganda para su ideario político, pero claro, cuando dice
que este Gobierno ha machacado al obrero, al pequeño comerciante y al
empresario modesto, lo que no cuenta es que el Sistema que él propugna
favorece a los que están en lo más alto y que es la causa principal de
la indefensión y de la miseria de los de abajo.
El primero
quiere “nadar y guardar la ropa”, sometido como está al peso de dos
siglas convertidas en entelequia: la “S” (Socialista) y la “O” (Obrero),
pero sujeto realmente a intereses que tienen poco de colectivos y de
proletarios. El segundo utiliza la situación precaria del hombre de la
calle como arma y disfraza esta estrategia de actitud solidaria, cuando
la realidad es que todas las medidas que defiende, están orientadas a
perpetuar un capitalismo feroz y origen de tanta injusticia y
desigualdad.
Nos hemos
enterado durante el debate que los socialistas tienen graves problemas
de lectoescritura y que los populares, son los eternos segundones en la
lucha por el poder debido a su incapacidad manifiesta. Aireados los
trapos sucios de cada uno y una vez comprobada su retórica bífida,
¿tendrán algo que proponer estos señores que realmente sirva no de
entretenimiento a la población, sino de remedio efectivo y definitivo a
la tragedia que estamos viviendo?.
Que
disfruten de tantas prebendas y de sueldos inalcanzables para los
mortales de a pie ya no llama la atención, pero que se les siga
otorgando la confianza que demuestran los resultados electorales sí que
es sorprendente. Y qué no salimos de este juego de dos, viendo como se
pasan el poder de uno a otro - a veces lo comparten, como en Euskadi –
mientras a nosotros, los cándidos espectadores, se nos hunde el graderío
y nuestras contusiones son cada día más graves y dolorosas.
Y encima
de que somos las eternas víctimas, tenemos la desgracia de ser atendidos
por tales “profesionales de la curandería”, con lo que nuestro
restablecimiento parece de momento inalcanzable y aún con
politraumatismos, continuamos siendo castigados por sus malas artes
maquilladas como interés, preocupación, proyectos y esperanzas. Lo más
ridículo es que cuando nos toque renovar el médico, volveremos a pedir
que nos den a uno de estos dos, que ya se encargan, por cierto, de
recordarnos que son los únicos posibles y capaces. Para eso, para
denostar a los demás, sí que se ponen de acuerdo.
Desconocemos si saben leer o si son capaces de ganar unas elecciones,
pero de lo que estamos seguros es de que no saben gobernar para los
ciudadanos comunes; no hablamos de banqueros, ni de grandes empresarios,
tampoco de gerifaltes religiosos o de sus colegas de profesión europeos,
sino de mujeres y hombres que cada día, salimos a la calle mendigando un
trabajo, devanándonos los sesos para buscar un modo de pagar los recibos
pendientes y estirando los alimentos para que no llegue el momento en el
que nos encontremos que lo único que nos queda para llevarnos a la boca,
son las fotos sonrientes de campaña de los que nos prometían bienestar y
justicia social.
Ahora el
debate se centrará en quién ha ganado de los dos después de estas
intervenciones parlamentarias. Cada grupo arropará a su secretario
general y le proclamará vencedor, echando toda la tierra posible sobre
su adversario. ¿Pero son efectivamente contrincantes?, ¿los cruces de
acusaciones se corresponden con la realidad política o mejor dicho, con
el asalto al poder?. ¿Cómo se puede elegir de compañero de gobierno en
alguna Comunidad, a quien se piensa que es un analfabeto funcional o a
aquel que se dice que posee un espíritu destructivo?. Señores, no
sabemos si su vocación es la medicina ambulatoria o las artes escénicas,
pero cualquier cosa menos políticos cabales, capaces y creíbles.
Y en las
próximas elecciones posiblemente podríamos optar por un ahorro de papel
considerable dejando de imprimir todas las papeletas excepto las del
PSOE y las del PP, ya que los votantes seguimos con un pie metido en
cada uno de esos dos charcos, cargando unas veces sobre el derecho y
otras sobre el del centro, pero no nos atrevemos a pisar más allá, tal
vez porque los facultativos actores, son también unos excelentes
parladores y nos hemos creído su discurso, ese que dice que “o ellos
o el caos”.
Poca
valentía, mucho conformismo y quizás unas buenas dosis de ignorancia;
esa es nuestra impresión; de otro modo es difícil de asumir que sigamos
sin comprender que la enfermedad no se cura con un poco de gasa y
esparadrapo, y mucho menos aportando nutrientes para que las células
causantes del mal se multipliquen a su gusto. Esta gala que hacemos como
electores de nuestras limitaciones, deja patente una considerable
incultura política, además de un notable desconocimiento de la historia
y sobre todo, de un gran miedo a transformaciones profundas y tan
necesarias. Legislatura tras legislatura, millones de ciudadanos
expresan su descontento, ejercen el voto de castigo pero al final, en
este “tú la llevas” participan indefectiblemente los mismos, los dos de
siempre, porque nosotros lo permitimos.
Da igual
quién haya ganado el debate, una vez más lo hemos perdido todos los
ciudadanos, que no comemos ni alcanzamos un merecido bienestar universal
con una dialéctica de invectivas, ni tampoco con acuerdos de gobierno
por conveniencia entre los que, en definitiva, no dejan de ser los que
apuntalan este Sistema que nos está ahorcando mientras les ponemos la
soga en sus manos.
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