Un Tribunal Constitucional falto de legitimidad
Manel García Biel
Nueva Tribuna 24 de Noviembre de 2009
Hace pocos días, en una
conferencia en Madrid, Joan
Saura , Conseller de Interior y
de Relaciones Institucionales de
la Generalitat de Catalunya, y a
la vez Presidente de Iniciativa
per Catalunya, pidió claramente
la dimisión del Tribunal
Constitucional que debe emitir
la sentencia sobre el Estatut de
Catalunya.
Razones no le faltan para cuestionar al Tribunal
Constitucional. La lentitud de
la resolución por parte del alto
tribunal que lleva más de tres
años pendiente de emitir
sentencia. El hecho de que los
estatutos de autonomía hayan
pasado por toda una serie de
trámites, les dan una
significación legal especial.
Así el Estatut de Catalunya ha
pasado por la aprobación del
Parlament de Catalunya.
Posteriormente por la aprobación
de las Cortes Generales del
Estado. Y finalmente por la
ratificación en referéndum del
conjunto de la ciudadanía de
Catalunya. Es en este sentido
que creemos que deberían tener
una consideración especial, al
ser analizados por el Tribunal
Constitucional.
Y lo que es más evidente. La composición del actual
Tribunal Constitucional hace que
se den una serie de aspectos a
tener en cuenta y que permiten
poner en cuestión su veredicto.
Ya no sólo se trata de que es un
tribunal disminuido en lo
referente a sus componentes, uno
fallecido y otro que no puede
intervenir en las deliberaciones
al haber sido recusado. Y lo más
importante es que una parte
sustancial de sus miembros está
con su mandato largamente
caducado y no han sido renovados
en tiempo y forma. Es evidente
que esta situación permite
cuestionar claramente sus
posibles resoluciones.
No es cuestionable social y políticamente una
resolución dictada por un TC,
donde determinarán su fallo una
parte de sus miembros que ya no
deberían ocupar su sillón. Es
evidente que la falta de
renovación es responsabilidad
del poder político en especial
de los principales partidos
políticos PP y PSOE que han
hecho del tema un tema más de
confrontación política.
Sin embargo parece que muchos no quieren darse
cuenta de la gravedad del
problema. El Estatut es la
apuesta de encaje de Catalunya
dentro del Estado. Y ese no es
un tema menor. La apuesta por el
Estatut es la apuesta del sector
de la sociedad catalana más
partidaria de tener unas
relaciones normalizadas con el
Estado.
En este sentido no es casual que haya sido Joan Saura,
un político poco dado a salidas
de tono, que dirige una
formación política no
independentista sino claramente
federalista, solidaria y
catalanista, quien haya lanzado
la advertencia. La solución de
la cuestión catalana debe pasar
claramente por una solución
política. Y eso pretendía ser el
Estatut. Es evidente que una
sentencia que recorte el Estatut,
más allá de lo establecido por
las Cortes Españolas, creará un
mayor grado de confrontación
territorial, y de desafección
social de la ciudadanía catalana
respecto a España. Cerrar el
paso a la vía estatutaria
significa dar alas y promocionar
a aquellas formaciones que se
definen claramente como
independentistas y que querrían
dar por muerta la vía
estatutaria.
Es por ello que, al margen de que se tuviera que
replantear el papel del
Constitucional en el ámbito de
los estatutos de autonomía, se
debe hacer una lectura de la
repercusión que puede tener una
sentencia negativa emitida por
un Tribunal Constitucional
capitidisminuido y con una gran
parte de sus miembros con
mandato caducado.
Únicamente personas con una visión corta de la
política pueden en este momento
apostar por un recorte
estatutario que lejos de
solventar problemas no haría
nada más que agudizarlos. El
Estatut pretende ser un acuerdo
político que establezca el
encaje político de Catalunya en
España. Y éste no es un tema
para jugar con triquiñuelas
políticas de bajo nivel. Hay
quien, como el Partido Popular,
parece creer aún en aquello de
que cuanto peor sea situación
política mejor para sus
planteamientos. Y eso es un
error importante. Hay temas de
estado con los que no se puede
jugar. Y el Partido Popular
debería reflexionar sobre la
razón de su papel marginal en
Catalunya.
Estamos ante un tema que nos debería tener
preocupados a todos. Hay temas
muy sensibles para la
ciudadanía. No es por nada que
el preámbulo del Estatut habla
de la nación catalana, no es
jurídicamente pero si
políticamente relevante, ya que
es como se considera la
ciudadanía de forma claramente
mayoritaria. No se puede hacer
demagogia con la lengua,
especialmente en una sociedad
como la catalana donde hasta el
presente no ha habido ningún
problema con ello, sólo en
alguna mente calenturienta. Y
tampoco se debe jugar con temas
simbólicos que afectan al sentir
ciudadano. No se puede jugar con
fuego con los sentimientos. Y
hasta el momento la sociedad
mayoritariamente ha optado por
la vía estatutaria. Más valdría
no provocar descarrilamientos en
una sociedad que, con todos sus
problemas, funciona y está
cohesionada a pesar de su
multidiversidad. Todo el mundo
debería tener en cuenta que una
vez se inicia la desafección y
el rechazo a una fórmula
política, como es en este caso
la vía estatutaria, el futuro se
hace muy, pero que muy
complicado. Y para todos.
