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Terrorismos diversos.
Emilio del Barco
UCR
1 de Octubre de 2009
La gangrena sólo se
extingue cortándola de raíz. El terrorismo de las drogas dura todo el
año. Matando a miles de jóvenes. Desestructura familias y pueblos
enteros. A su alrededor se corrompe todo. Con drogas se financian bandas
de asesinos, de terroristas, de revolucionarios sin conciencia. A
quienes sólo preocupa financiar su revolución particular. Que suele ser
el resumen, estrecho y pueblerino, de alguna pretendida singularidad.
¿Cuándo se van a enterar, estos pretendidos ejemplares únicos, de que
‘únicos’ somos todos?
El origen de los problemas
raciales y de creencias es tan importante, o más, que su trama,
desarrollo y solución. Las pretendidas nuevas leyes contra el
terrorismo, alrededor del mundo, pueden aparentar ser inocuas para el
ciudadano de buena fe, pero encierran una bomba de relojería, cuyo punto
de activación queda en manos de los gobernantes. Bastaría que
transcurriesen unos años y que un gobierno autoritario, que siempre
surgen en tiempos de crisis, quisiera usarlas con carácter más amplio.
¿Podría calificarse de terrorismo de estado?
Aquí premiamos a los
especuladores que nos sangran y subvencionamos a los fabricantes de
tabaco y licores, que nos envenenan con sus compuestos químicos, para
aumentar su fortuna, creando seres esclavizados por sus mezclas
malévolas de laboratorio. Y lo seguimos haciendo con la excusa de no
dejar sin trabajo a quienes lo elaboran. Perfecta la excusa. Todos los
timadores, mafiosos, terroristas y asesinos del mundo, podrían ampararse
en la misma cláusula, para pedir subvenciones.
Sin embargo, los
científicos que pretenden mejorarnos la vida a todos, siguen sufriendo
situaciones laborales denigrantes, decepcionantes, con trabajos
eventuales, mal pagados, con tantas carencias, que es un milagro el que
puedan sacar su trabajo adelante.
Los monstruos del
terror no nacen por generación espontánea. Son el producto de la bilis
acumulada en decenios de amarguras e injusticias. Los extremismos
siempre se justifican a sí mismos, sopesando otros de signo contrario.
En las guerras ideológicas, todos los combatientes creen tener razón.
Ese es su peligro extremo, todos creen en su propio credo.
No se puede estar
invocando derechos divinos exclusivos, pretendiendo, al tiempo, ser
parte del mundo actual, regido por la razón y la ciencia. La Humanidad
evoluciona. La adaptación y desarrollo es esencial para pervivir. Quien
crea que ya llegó a la perfección, es el peor enemigo de sí mismo. Se
niega a evolucionar. Ahora sólo le queda extinguirse. En nombre del
antiterrorismo mundializado, está muriendo más gente de la que nunca
hubieran podido matar los terroristas reconocidos como tales. La
dinamita se fabrica con libros de texto. El mal siempre estaba fuera de
nuestras fronteras. Quien lea la historia oficial, sentirá antipatía
hacia todos los diferentes. La historia de la Humanidad es,
afortunadamente, mucho más que guerras, batallas, ambiciones y matanzas.
Esa es sólo la historia de los ambiciosos de poder. Que deberían
desaparecer de nuestros recuerdos, para poder construir una hermandad
universal. La cultura común tendría que ser una prioridad en toda
enseñanza y no las batallas habidas.
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Emilio del Barco.
emiliodelbarco@hotmil.es
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