Sus señorías y los cuernos
Clamor Republicano
LQSomos / Clamor Republicano
24 de Diciembre de 2009
Se ha
votado en el Parlament de Catalunya si la iniciativa
legislativa popular para la prohibición de las
corridas de toros debía prosperar para
convertirse más adelante, si así se decidiera, en
ley.
Vaya por delante que estoy en contra de espectáculos
de semejante índole en el que el ser humano, que ya
sabemos en que estado evolutivo se encuentra,
demuestra sus maestrías para la tortura y muerte de
un animal cuya desgracia, como la de muchos bípedos,
es la de lucir una contundente cornamenta.
Ya sabemos que en el país que le mienten a uno la
madre o el cuerno es un tanto violento y difícil de
llevar, sobre todo lo último. En un territorio
ibérico de hondas contradicciones donde el mismo
animal que ostenta sobre su testa el mal patrio, ser
cornudo, es la imagen de la potencia viril y la
testosterona, campando por casa propia y ajena, pues
no es lo mismo recibirlos que ponerlos. Mientras
tanto a los estrógenos receptores del insulto, por
el que los otros se sienten heridos, no les deja de
pitar los oídos.
Así pues, ha llegado esta iniciativa tan beneficiosa
para nuestra imagen de seres en vías de
civilización, a la sede del Parlament poniendo muy
nerviosos a los políticos, a los que lo tenían su
postura clara (por imperativo) y a los que su
partido les había dado libertad de voto. -¿Qué le
gusta más a un político que a un niño una piruleta?,
-un micro, pues hoy nadie quería manifestar el
sentido de su voto y huían del objeto de deseo como
pecadores ante el maligno.
Esta semana ha sido la del “Prohibido prohibir”,
revival del 68, todos los taurinos esgrimiendo la
frase como una bandera, que si cultura, que si
tradición, que si arte. Cultura es un buen libro,
las tradiciones evolucionan o desaparecen con el
tiempo, si no seguiríamos inmolando vírgenes a
troche y moche, arte es una pintura… Pero un señor
con taleguilla y lentejuelas manchado de la sangre
de su víctima por muy grande y astada que ésta sea
no me parece un acto muy cultural.
Fuera detractores y defensores de la fiesta
desplegaban sus pancartas y performances. Mientras
dentro del Parlament se votaba que Sí a esta
iniciativa, se felicitaban con lágrimas en los ojos
los que son tachados de frikis de la defensa de los
animales y los que viven del lamentable espectáculo
deficitario de la fiesta “nacional”, subvencionado
por todo hijo pagador de impuestos, se quejaban
amargamente, incluido un torero que se veía en el
paro, vaya, como 5.000.000 de ciudadanos de este
país a los que no se les ocurre clavarle una
banderilla a su mascota, en la plaza de su pueblo,
para que la administración le de para un bocadillo
de chopped.
Y para los susceptibles de ver en esto una postura
política decirles que también estoy en contra dels
correbous, de colgarse del cuello de una oca, aunque
ésta esté muerta o de tirar los animales al mar.
Y a todos aquellos pro-corridas que han pasado por
los medios como víctimas de los que aman la
prohibición, no respetan las minorías y no aplican
la democracia, o sea, los que defienden que dejemos
atrás la barbarie, decirles que en este país se
prohíben y vulneran los derechos de minorías y
mayorías pasándose los derechos humanos y la
democracia por el arco del triunfo sin que se
levante ningún polvo. Para muestra un botón, esta
semana tenemos el caso Egunkaria en los tribunales,
un despropósito de una democracia escuálida y
transicional.