Como es
habitual después de cada elección, gobierne quien
gobierne, llegan anuncios de tiempos peores. Ahora,
Zapatero y la vicepresidenta Elena Salgado ven las
cosas con más pesimismo que hace quince días; suben
los impuestos, empezando por el tabaco y el alcohol,
y se anuncian graves dificultades para un tiempo
superior al previsto.
En medio
de llamadas a la austeridad y la reiteración de las
entidades financieras de que el asunto del crédito
está fatal, por lo que caen empresas rentables cada
día, por falta de circulante, Florentino Pérez lanza
el mensaje contrario: para el fútbol vale cualquier
derroche aún en tiempos de crisis planetaria y de
especial incidencia nacional. Y si hay que pedir
créditos para pagar los casi doscientos millones de
euros que lleva gastados este mes en fichajes,
tranquilos porque los bancos y algunas cajas están
dispuestos a fiar.
Mal
asunto. Es cierto que hacia el fútbol los políticos,
los banqueros, la prensa y la sociedad exhiben una
tolerancia que se vuelve intransigencia para otros
sectores. A nadie se le admiten deudas con Hacienda
y la Seguridad Social como a los quebrados equipos
de fútbol. Por menos, hay empresarios que han ido a
la cárcel.
Suma y
sigue: cualquier ayuntamiento recalifica con
generosidad preocupante los terrenos de los clubes
para así sanearlos. Tanto da. El pelotazo de
Florentino Pérez con los terrenos de la Ciudad
Deportiva del Real Madrid, donde ahora se levantan
cuatro rascacielos y que cosechó el voto favorable
incluso de Izquierda Unida-Los Verdes, ya se lo han
comido los rectores de la entidad deportiva
empezando por él mismo, que fichó a Zidane y a diez
más sin atender a su cantera. El Real Madrid y el
Barcelona tiene deudas superiores a los
cuatrocientos millones de euros y no hay en España
un solo club saneado. El Deportivo debe hasta en
México.
Si esas
son las cuentas, los fichajes de Florentino en estas
semanas no andarán, según sus previsiones, por
debajo de los trescientos millones de euros.
Edificante. Alguien los tendrá que prestar y, si no
se recuperan, vuelta a recalificar.
Justo en
estas fechas, el Gobierno anuncia que todo está peor
de lo que pensábamos. PSOE y PP van a cerrar un plan
urgente para reestructurar y sanear las cajas de
ahorro que, según Miguel Ángel Fernández Ordóñez,
gobernador del Banco de España, se reducirán de
cuarenta y cinco a la mitad.
Mal
asunto, porque la ciudadanía que está soportando
estoicamente la crisis y aguanta esa cifra
escalofriante de cuatro millones de parados, quizá
algún día se rebele. No contra Florentino, que está
en su derecho de desconsiderar cualquier reflexión
ética y económica mientras se lo toleren los
deportivamente apenados socios madridistas, sino
contra el Gobierno y la silente oposición que tolera
deudas de los clubes, impagos a Hacienda y a la
Seguridad Social, recalificaciones brutales y otras
tropelías.
Y también
contra las entidades de crédito que se disponen a
financiar estos derroches mientras niegan créditos
vitales a empresarios y autónomos que se ahogan. Y
quién sabe si también contra cierta prensa -y radio-
que ha recibido a Florentino con palmones, como a
Jesús en Jerusalén, y que le perdonó que abandonara
el club hace tres años dando paso a una profunda
crisis de la que ahora se anuncia como salvador.
Esta
semana en el Congreso, el diputado de Iniciativa per
Cataluña Joan Herrera ya presenta algunas preguntas
sobre esa doble vara de medir. Es solo el comienzo.
Hay un malestar creciente con lo que está sucediendo
y no vale decir que Herrera es del Barça o cualquier
otra frivolidad.
Entretanto, prosigue la digestión de los resultados
del 7 de junio. Alfonso Guerra afirma que fue un
error meter el aborto a los dieciséis años en
campaña. Mariano Rajoy disfruta la nueva situación
sin meterse en la moción de censura que algunos
desearían y Convergencia sueña con elecciones
anticipadas en Cataluña antes de un año. A su
juicio, ni Rodríguez Zapatero aguantará en España,
ni José Montilla resistirá si Esquerra Republicana
se marcha del Gobierno. Viene un 2010 cargado de
acontecimientos políticos, económicos y quién sabe
si insurreccionales.