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“Si tu padre quiere un rey, la
baraja tiene cuatro…”
Canción popular.
Ángel Escarpa Sanz
UCR 24 de Febrero
de 2009
Por aquello de que ninguna agresión quede
sin respuesta.
Supongo que, con todas las boberías que
se han podido decir a lo largo de estos Carnavales, bien se
podría elaborar una jugosa y nueva Antología del Disparate, que
lo que es público para este tipo de libros no ha de faltar, con
tanta simpleza como se topa uno en los escaparates en estos
tiempos de “crisis económica” y de la otra.
Mi contribución a esa nueva edición sería
la aportación hecha por ese “brillante” hombre de letras,
triunfador él donde quiera que vaya, así sea la Feria del Libro
de Madrid,- donde hace unos años fue número 1 en ventas- la
televisión o los mismísimos Carnavales de esta Isla, donde, como
presentador y tras la actuación del triunfador de la Drag Queen
de este año, una vez que se apeó éste de sus plataformas, este “puntal”
del pensamiento alternativo llamado Boris Izaguirre se
refirió al actuante con las palabras revolucionario y
reivindicativo.
Bueno, yo diría que, como militante del
colectivo gay, el joven canario llevó a cabo un
excelente trabajo artístico, así como un acto de reivindicación
y afirmación de su orientación sexual; pero de ahí a afirmar que
con esa actuación había llevado a cabo un acto revolucionario…
Hasta donde llega mi ignorancia, yo diría
que un acto revolucionario fue el que llevó a cabo Espartaco,
liberando y liderando a todo aquel ejército de esclavos en poder
de Roma, y que fue magistralmente narrado por Howard Fast y casi
superado por el maestro Kubrick. Un acto revolucionario el de
las mujeres que se encerraron en una fábrica de la ciudad de
Nueva York, reivindicando mejoras salariales, y que fueron
quemadas vivas un 8 de marzo de 1908; un acto revolucionario el
de los obreros que, por los mismos motivos que aquellas, fueron
asesinados a tiros por la policía un primero de mayo de 1886 en
Manchester; un acto revolucionario el de los marinos del
AURORA, a cuya señal, los hombres y las mujeres de Lenin
tomaron el Palacio de Invierno y el Poder aquel día de 1917 para
los trabajadores. Un acto revolucionario el de aquellos dos
anarquistas –Sacco y Vanzetti- que murieron, injustamente
asesinados en EE.UU. con el grito ¡viva la anarquía! en la boca.
Un acto realmente revolucionario lo fue que los obreros, los
estudiantes los campesinos, funcionarios de Correos,
planchadoras, conductores de tranvías, bordadoras, panaderos,
modistillas de las JSU, así como poetas y gentes de los oficios
más diversos, se enfrentasen, como quién dice a pecho
descubierto, a los generales fascistas de 1936, fuera en Coruña,
en esta isla o en el Madrid de Galdós y de Valle Inclán, ni más
ni menos que como hicieran las mujeres del Madrid de 1808 con
los franceses, con Manuela Malasaña a la cabeza. Un acto
revolucionario fue el de aquella mujer negra que no quiso
abandonar su asiento (reservado para blancos) en el tranvía
cuando así le fue requerido por el empleado. Actos
revolucionarios los que protagonizaba a diario el pueblo
vietnamita durante la ocupación y bombardeo de su país por los
USA; morir empuñando una metralleta dentro de la Moneda, entre
el humo y los bombardeos de las “heroicas” fuerzas
de Pinochet, por defender un proyecto político de dignidad y de
progreso; luchar contra la OAS en la Argelia ocupada por
Francia; roturar la tierra, recoger las cosechas con el fusil
escondido entre el heno en espera de repeler las agresiones del
ejército blanco; resistir a la ocupación de los ingleses
en la India de Ghandi; tomar la bandera de Angela Davis, Malcolm
X, Mándela, Lumumba, y aquí podría prolongar esta lista
indefinidamente, con los nombres de los que combatieron por su
independencia y contra España en los últimos años del XIX, en
Filipinas o en Cuba, en el asalto al Cuartel de Moncada con
Fidel Castro, peleando con Camilo Cienfuegos y con el Che en la
Sierra, combatiendo con Camilo Torres en la guerrilla, los
innumerables Chico Mendes, Eistein, John Reed, Ho Chi Minh,
Emiliano Zapata, las innumerables <<Pasionarias>>…Pelear en
Noruega contra las tropas nazis, con una bandera republicana en
el macuto y el sueño de colgarla tal vez el día de Liberación en
el balcón del Ayuntamiento de su pueblo; resistir día tras día
en los campamentos de refugiados de Gaza y Tinduf, (me refiero a
los palestinos y a los saharauis libres, por si Vd. lo ignora,
señor Izaguirre.) Permanecer fiel al Gobierno y junto a los
pueblos en los momentos en que éstos tratan de sacudirse de
encima siglos de imperialismo y de servidumbre. Atravesar la
clandestinidad de los Pirineos para unirse a las Brigadas
Internacionales y así combatir al fascismo. Cruzar la frontera
estadounidense de una forma ilegal; atravesar las aguas del
Atlántico en una barquilla, con riesgo seguro de muerte, para
tratar de sobrevivir y que no lo atrape a uno la policía del
País donde Vds. triunfan y se embolsan millones por decir
genialidades o escribir libros banales, por mucho que se
suban Vds. a las mesas de los estudios de la televisión; el de
esas madres que se enfrentan a los cárteles de la droga
cuando ven a diario como sus hijos les son arrebatados por la
maldición de la heroína, en tanto se construyen mansiones y se
abren cuantiosas cuentas en los bancos con los beneficios que
ésta reporta, esto si que es un acto de heroísmo. El cine de
Eisenstein sí era revolucionario.
No somos entretenidos ni entretenidas,
que se decía antes de las prostitutas.
Una gala del Carnaval, como cualquier
nueva aportación a la dieta mediterránea o añadirle una cuerda
más a la guitarra jamás será un acto revolucionario, por mucho
que lo pregone Vd., el Rey del Pollo Frito o Ágata Ruiz de la
Prada, a menos que allí mismo se desplegara aquella bandera que
hoy hace 70 años cubriera los restos mortales de Don Antonio
Machado para exigir una vez más:
¡¡ESPAÑA, MAÑANA, SERÁ
REPUBLICANA!!
Ángel Escarpa Sanz . Islas
Canarias. Febrero
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