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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Salvemos la belleza del compromiso de la militancia en las ideas republicanosocialistas.

 

Ángel Escarpa Sanz

UCR 6 de Junio de 2009

 

 Mientras escribo estas líneas, psoistas y populares, en medio de esta nueva “crisis” del  capitalismo y a falta de nuevas ideas con las que reflotar su sistema, se arrojan a la cabeza prevaricaciones y escándalos (que tanto nos recuerdan a los aviones de papel que confeccionábamos en clase y nos arrojábamos cuando el maestro se iba al retrete) con los que entretienen al personal, y tratan de arrancarle de la atrofia política en la que lo mantienen entre consulta y consulta, que para otra cosa no cuenta.    

 Buen negocio éste de la política. Y sin embargo, habrá que hacer de tripas corazones e ir a votar el próximo 7J. Habrá que despojarse de toda la rabia acumulada, habrá que sacudirse  todo el hastío, toda la indolencia, todos los prejuicios, todo el agotamiento producido en los largos años tras la muerte natural de la Dictadura. Habrá que sacudirse el hedor de las flores muertas de las ilusiones de los años setentaiseis, setentaisiete, setentaiocho… hasta aquella última falla (falla valenciana) de genuino entusiasmo de los días previos al Referéndum de la OTAN, aquellos meses previos a la quiebra definitiva de la confianza en la izquierda real, que nada tenía que ver ya con la izquierda auténtica, si es que nos decidimos por salvar al PCE, que ya se había hecho el harakiri aceptando e imponiéndonos la Constitución y renunciando a sus más elementales señas de identidad. Cuántas veces se repetirá aquello de: de aquellos polvos estos lodos.

 Habrá que hacerse una pinza en la nariz para no ahogarnos con el hedor y acudir a depositar el bendito papel en la dichosa urna, aunque sea a rastras. Habrá que desempolvar una vez más las viejas ilusiones de aquel ya lejano 15J del setentaisiete, aunque ya muy poco o casi nada quepa esperar de esta caduca clase política si no es el pueblo una vez más, como en el treintaiuno, el que exige y protagoniza los cambios necesarios. Porque cuando únicamente queda una ancha autopista por donde solo circulan los pesados mastodontes del pensamiento único y de la globalización, los mercaderes de la palabra; cuando agostaron el campo de las ideas, aún habremos de vencer nuestro escepticismo para depositar nuestras ilusiones en esas urnas, aunque solo sea para demostrarles a unos y a otros que no estábamos equivocados entonces, cuando reclamábamos en las calles el regreso de las libertades, el triunfo de la  soberanía nacional y el sufragio universal. Porque así nos lo demandan los que nunca votaron porque odiosas dictaduras se lo impidieron; en nombre de los que, sin derecho al voto aún, esperan que algo cambie que les aliente en la esperanza de un mundo mejor que ahora se les niega.

 El mundo siempre estuvo dividido en dos grandes bloques: los que ante una botella a medio llenar dicen que ésta está medio vacía y los otros, los que la ven medio llena. Será la inminencia de la segura vejez pero somos muchos los que tendemos a ver ésta medio vacía. Será porque, tras trintaicuatro años de andadura seudodemocrática, se secaron los retoños de las verdes praderas de la Transición, se marchitaron las flores de nuestros años más jóvenes y en su lugar prosperaron los pardos secarrales en los que flotamos: esta espesa viscosidad que nos impide hacer pie. Habrá que hacer un supremo esfuerzo, aunque solo sea para demostrarles a los de siempre que nuestro tiempo no es peor que el suyo, que nunca cualquiera tiempo pasado fue mejor, que nada es inútil y nada está escrito.                                                                                                                     

  ¡¡Viva la República!!    

Junio 2009   Ángel Escarpa Sanz

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