Porteadoras
Rafael
Torres
OTRPress
26 de Mayo de 2009
Casi todos
los días hay heridos, heridas, en los pasos fronterizos de Ceuta y
Melilla; en ocasiones, como ayer mismo, algunas de esas mujeres que
acarrean un peso superior al suyo propio son aplastadas y pierden la
vida en las avalanchas que regularmente se producen; y siempre, cada
día, todos los días del año, las autoridades de uno y otro lado, de
Marruecos y de España, atropellan el derecho básico, esencial, del
respeto a las personas. Las infortunadas porteadoras que trasiegan
mercancías menudas de un lado a otro de la frontera no dejan, por ser
pobres y desheredadas, de ser personas, aunque sí, al parecer, para la
percepción de los gobiernos de ambos países. Dos de esas mujeres que han
de recorrer a pie grandes distancias cargadas como mulas, con las
mercancías pegadas al cuerpo, entre los refajos, y sobre sus espaldas
abrumadas, murieron ayer aplastadas en Ceuta, en uno de esos
desfiladeros de la miseria, pero todos los días sufren esas fugitivas de
ida y vuelta las sevicias no sólo de los uniformados que las achuchan,
las escarnecen y apalean, sino de los estados que con sus infames
políticas fronterizas les deparan un trato brutal, escandaloso aun si se
tratara de bestias.
Del derecho en uno de esos estados, en el que geográficamente caen las
plazas de soberanía española, poco cabe decir, pues, en puridad, derecho
hay poco, pero del derecho en el otro, en éste, en el nuestro, lo que
cabe decir es que se trata de un derecho escrito, teórico, formal, que
sólo asiste a según quienes. A esas mujeres, la mayoría de avanzada edad
y salud precaria, no les asiste el derecho a un trato humano ni, al
parecer, ningún otro, pero la muerte ayer de dos de ellas y las graves
lesiones de otras elevan a los cielos, pues la Justicia se halla más
remota, su denuncia desesperada.