En un artículo
reciente en el The New York Times (03/02/09), el Premio Nobel de
Economía, Paul Samuelson, criticaba a aquellos economistas que
durante la Gran Depresión, a principios del siglo XX, negaron la
necesidad de estimular el crecimiento económico y la producción de
empleo a través del incremento de la inversión pública. Pero la
mayor crítica de Samuelson era para los economistas de ahora, que
también se oponen al crecimiento de la inversión pública como manera
de resolver la crisis económica actual. Samuelson señalaba que sólo
la ceguera ideológica puede explicar que tales economistas ignoren
la enorme evidencia acumulada durante aquel periodo. La evidencia
empírica, que muestra como la inversión pública resolvió la crisis
de la Gran Depresión, es abundante y robusta.
Si miramos que pasó durante la Gran Depresión a principios del siglo
XX, podemos ver que el Presidente Herbert Hoover hizo lo que los
economistas liberales y el PP están pidiendo hoy en España. Hoover
bajó el gasto público para equilibrar las cuentas del Estado,
alcanzando incluso un superávit, en el año 1929-1930. El deterioro
que ello causó (la economía sufrió un gran bajón; el desempleo
alcanzó a ser el 23% de la población activa; desaparecieron ocho
millones de puestos de trabajo) hizo insostenible tal política de
mantener equilibrado el presupuesto del Estado. Ello explica que
Franklin D. Roosevelt ganara las elecciones y a partir del año 1933
se iniciaran una serie de medidas que estimularon la economía (ver
mi artículo “Como salir de la II Gran Depresión” en www.vnavarro.org,
secciones Economía política y EEUU). Entre estas medidas hubo, en el
año 1933, un aumento del gasto público (se dobló en un año) y un
crecimiento del déficit público que alcanzó el 4,3% del PIB.
Resultado del estímulo económico, la economía estadounidense aumentó
un 10% al año desde 1934 a 1936, y el desempleo bajó al 9% de la
población activa.
Esta evolución exitosa hizo creer que ya se estaba resolviendo
la crisis económica –la Gran Depresión- y que podía y debería
comenzar a reducirse el déficit del Estado. Y en 1937 se inició la
política de reducción del déficit del Estado (tal como está
aconsejando ahora el Sr. Miguel Angel Fernández Ordóñez, gobernador
del Banco de España). El impacto negativo fue casi inmediato. En
1938, el desempleo subió tres puntos, alcanzando un 12% de la
población activa. De ahí que Roosevelt, dándose cuenta de que se
había equivocado, aumentó de nuevo el gasto público, permitiendo un
aumento del déficit del estado. El desempleo bajó de nuevo, descenso
que fue facilitado por la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial,
lo cual significó un enorme incremento del gasto público. Hasta aquí
los datos.
La evidencia de que la Gran Depresión se resolvió debido al enorme
crecimiento del gasto público es, pues, definitiva, por mucho que
ideólogos liberales continúen basando sus creencias en la fe liberal
en lugar de en la evidencia científica. Uno de los autores,
apóstoles del liberalismo, que continúa cuestionando aquellos hechos
-sujeto de crítica de Samuelson- es el economista Barro, al cual
podríamos añadir un gran número de economistas españoles liberales
que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios de
información (tales como el “darling” del establishment financiero
español, el Sr. Sala i Martí) (ver “El Pánico seguirá”. La
Vanguardia. 12.03.09). Consecuencia de la gran influencia de tales
ideólogos todavía persiste un debate en España sobre si una de las
maneras más efectivas de resolver la crisis de la economía real de
nuestro país es aumentando la inversión pública. En gran parte del
mundo, este debate es anticuado. En su lugar, el debate es como
crear empleo a partir del gasto público. En España comienza ya a
generalizarse (¡por fin!) que hay que aumentar las inversiones
públicas como manera de crear empleo y a la vez modernizar el país.
Esperemos que esta propuesta vaya aumentando en su aceptación.
Ahora bien, quisiera acentuar que esta política de inversiones
en obras públicas (a las cuales se añaden también inversiones en
educación y en investigación y desarrollo), aunque necesaria, es
insuficiente. Se requieren, además, inversiones en los servicios
públicos del Estado de Bienestar. El Instituto de Economía Política
de la Universidad de Massachussets, en un estudio dirigido por el
Profesor Robert Pollin (y que influenció, en gran manera, a la
Administración Obama), ha analizado la tasa de creación de empleo
que puede alcanzarse a partir de una misma cantidad de inversión
pública. El estudio calculaba cuantos puestos de trabajo se creaban
por cada 1.000 millones de dólares de gasto público. Tal estudio
econométrico muestra que la creación de nuevos empleos mediante el
ahorro creado por la reducción de impuestos (la propuesta elegida
por los economistas liberales y conservadores) tiene un estímulo
económico muy bajo, resultado, en gran parte, de que la población,
que está profundamente endeudada, no gasta tal dinero sino que lo
utiliza para pagar sus deudas. En EEUU, sólo una tercera parte de
los fondos adquiridos a base de reducción de impuestos se gastó en
consumo. Algo más de producción de empleo tuvo el gasto militar.
Pero, donde la producción era mayor fue en los servicios públicos y
muy en especial en sanidad, escuelas de infancias, servicios
domiciliarios y servicios sociales. Era en estos servicios donde la
producción de empleo era más acentuada. Es un error que el gobierno
socialista español no esté dando mayor importancia a la inversión en
estos servicios públicos como manera de resolver la crisis, crear
empleo y modernizar el país. Esto es, por cierto, lo que está
intentando hacer la Administración Obama en EEUU. Es a través de
esta inversión pública que se moderniza el país y se crea empleo a
la vez. Un indicador de la gran influencia del pensamiento liberal
en la cultura económica de España es que hoy el debate sobre cómo
reducir el desempleo se está centrando en la desregulación de los
mercados de trabajo y no en como modernizar y crear empleo a base de
invertir y aumentar el gasto público.
Una última observación. Estamos hoy viendo una campaña liberal
con gran apoyo mediático, que intenta explicar el escaso desempeño
económico español como consecuencia de lo que se considera un
excesivo número de empleados públicos (que se definen erróneamente
como funcionarios) en las distintas administraciones públicas. Así,
El Periódico publicó el pasado lunes (15.06.09) un amplio informe de
dos páginas, y El País, edición Cataluña, un artículo (llamado
“Funcionarios”), firmado por su colaborador habitual, Enric
González, en los que se denunciaba el excesivo tamaño del sector
público como una causa del escaso desempeño económico. Como prueba
de la supuesta exuberancia del sector público, señalaban que en
España había casi tantos funcionarios como empresarios.
Lo que tales escritos definen incorrectamente, erróneamente y
(creo) maliciosamente como funcionarios, no son funcionarios.
Incluyen como tales a todas las personas empleadas en el sector
público (sea sector central, autonómico o local), trabajando en su
mayoría en los servicios del estado del bienestar, como sanidad,
educación, escuelas de infancia, servicios de dependencia, vivienda
social, servicios sociales, además de correos, transportes públicos,
servicios de seguridad pública y otros. Estos empleados tienen
distintos tipos de contratos, de los cuales, por cierto, los
funcionariales son una minoría (28%).
El segundo error en aquellos informes es que consideran que el hecho
de que en España el número de personas empleadas en el sector
público sea casi igual al número de empresarios y autónomos como
causa de alarma, mostrando esta situación como ejemplo de la
exuberancia del sector público. En realidad, en todos los países de
la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo
económico que España) el número de empleados en el sector público es
mucho mayor que en el número de empresarios y autónomos. Así,
mientras el porcentaje de personas adultas que son empresarios y
autónomos en España (10,64%) es mayor que en el promedio de la UE-15
(9,78%), el porcentaje de personas adultas trabajando en el sector
público es sólo un 9,51%, uno de los porcentajes menores en la
UE-15, cuyo promedio es un 16%. En los países escandinavos es un
29,54% en Dinamarca, un 19% en Finlandia, y un 21,34% en Suecia;
siendo éstos los países con mayor eficiencia económica en Europa
según varios informes sobre competitividad y eficiencia económica
(ver “Economic Efficiency in the OECD”. Economic Policy Institute.
Washington. 2008). En contra de lo que dicen aquellos medios, en
España el sector público está subdesarrollado, y es una de las
causas de su bajo rendimiento económico.
Tengo que admitir que me abruma y agota la constante
manipulación de los datos que algunos de los medios de mayor
difusión del país hacen para promover su ideología transformándolos
en meros instrumentos de propaganda en lugar de ser medios de
información. Y hay muy pocas voces que denuncien esta manipulación,
puesto que el poder de tales medios es enorme. Ruego al lector que,
por favor, distribuya activamente esta información que muestra tal
manipulación.