Ha sido una constante en el pensamiento liberal, que predomina
en el mundo empresarial y financiero español, que Estados Unidos
es un país más eficiente económicamente que la mayoría de los
países de la Unión Europea (incluida España). Tal pensamiento
considera que las economías de la UE están estancadas con un
excesivo gasto público por una parte, y por unas supuestas
rigideces de sus mercados de trabajo por otra. Este pensamiento
(que ha adquirido la categoría de dogma) se reproduce
constantemente en la prensa económica (muy influenciada por la
banca y la patronal), habiéndose convertido en la sabiduría
convencional del país. De tal lectura de la situación económica
se derivan las propuestas hechas por la patronal, exigiendo la
reducción del gasto público por un lado, y la desregulación de
los mercados de trabajo por el otro. Según la patronal, esta
necesidad se ha acentuado todavía más, ahora, con la crisis,
atribuyéndose el retraso en la recuperación económica de la UE
(y España) al excesivo gasto público y a la supuesta rigidez del
mercado laboral.
Tal sabiduría convencional es promovida, sin embargo, a pesar de
la acumulación de datos que muestran el error de tales tesis.
Tal como ha señalado recientemente un informe del prestigioso
Center for Economic and Policy Research de Washington (John
Schmitt “Whatever happenned to the American Jobs Machine”), EEUU
ha sido menos eficiente durante estos últimos años que la
mayoría de los países de la UE-15 (el grupo de países más
avanzados de la UE), incluida España. Veamos los datos:
Si escogemos como
indicador de eficiencia la tasa de creación de empleo podemos
ver que durante el periodo 2000-2005 dicha tasa anual fue en
promedio en EEUU sólo un 0,7%, una tasa más baja que el promedio
de la UE-15 (0,9%). España, por cierto, fue de un 4%, casi seis
veces superior a la de EEUU. Una situación semejante ocurre en
cuanto a la productividad laboral. Si consideramos la
productividad por hora trabajada en EEUU como punto de
referencia (100), vemos que varios países europeos tenían ya una
productividad mayor (el año en que se aprobó la Estrategia de
Lisboa por parte de la UE, el año 2000) que EEUU: Francia 103;
Austria 109; Bélgica 110; Holanda 106 Y Noruega 136 (que no es
de la UE). Todos estos países tienen un gasto público mayor y
unos mercados de trabajo más regulados que EEUU y, en cambio,
tienen mayor productividad que EEUU.
Lo mismo ocurrió en
cuanto al crecimiento anual de la productividad. En EEUU el
crecimiento anual promedio durante el periodo 2000-2007 fue de
un 1,4%, semejante o menor al de muchos países de la UE:
Alemania 1,2%; Gran Bretaña 2,3%; Francia 1,1%; Austria 1,8%;
Bélgica 1,7%; Dinamarca 1,4%; Finlandia 2,9%; Holanda 4,1%;
Suecia 1,9% y España 2,6%. Sí, ha leído bien, el crecimiento de
la productividad fue mayor (casi el doble) en España que en EEUU
durante aquel período.
La gran diferencia
de la UE con EEUU no estaba, pues, en su productividad o en el
crecimiento de la productividad. La diferencia fue en el número
de trabajadores, más alto en EEUU que en la UE (excepto en los
países escandinavos) y en el número de horas trabajadas. Esto
último se debe a que el número de días de vacaciones es mayor en
la UE que en EEUU, debido a que los sindicatos son mucho más
fuertes en la UE que en EEUU. En realidad, si la población
activa en la mayoría de países de la UE fuera tan elevada como
en EEUU y el número de horas trabajadas por año en la UE fuera
semejante al de EEUU, el PIB por habitante en la UE sería muy
superior al de EEUU. El problema, pues, no es tanto la
productividad, sino la participación de la fuerza laboral.
Se mire como se
mire, pues, el elevado gasto público y la regulación de los
mercados no son responsables de una inexistente ineficiencia
económica en los países de la UE. Ni tampoco el crecimiento del
gasto público. Antes al contrario, este crecimiento es la causa
de que un país se recupere más rápidamente que otro. Las
propuestas de la patronal de reducir el gasto público, ahora en
momentos de recesión, es un error mayúsculo. Estados Unidos se
recuperará más pronto que la UE porque el crecimiento del gasto
público ha sido equivalente a un 5,6% del PIB (mucho mayor que
la UE), estimulando la economía y creando empleo (invirtiendo en
los servicios públicos, como sanidad, educación, servicios del
4º pilar del bienestar –tales como escuelas de infancia y
servicios de dependencia- y en las nuevas tecnologías, como
energías renovables y biotecnología). En España esta inversión
ha sido de un 2,5% del PIB, muy insuficiente para reducir
significativamente el enorme desempleo. Es más, el estímulo
presupuestario del gobierno federal estadounidense es por un
período de tres años, en el que cada año el incremento del gasto
es sólo ligeramente inferior al del año anterior. De ahí que la
reducción del déficit público, junto con una bajada de impuestos
que propone la patronal (y las derechas en España, el PP y CIU)
sea una nota de suicidio económico.
La otra causa del
retraso en la recuperación económica es la falta de crédito,
consecuencia del excesivo poder que tiene la banca en España.
Este enorme poder de la Banca explica que el Banco de España
fuera insensible al enorme crecimiento de la burbuja
especulativa del sector inmobiliario estimulado precisamente por
la Banca. Tal insensibilidad, reflejada en las declaraciones del
Gobernador del Banco de España, Miguel Fernández Ordóñez, es
semejante a la que mostró otro ultraliberal, el gobernador del
Banco Central Estadounidense, el Federal Reserve Board, Alan
Greenspan, quien no se percató de que tal especulación era una
bomba de destrucción masiva que se generó durante su mandato. El
Sr. Greenspan reconoció que se equivocó. El Gobernador del Banco
de España no lo ha hecho todavía. Y no lo hará. Está todavía
absorbido en su dogma liberal, orgulloso de lo que llama “la
fortaleza del sistema bancario”, que no es más que la defensa de
la banca a costa de los intereses de los usuarios. España es el
país de la UE-15 donde las pequeñas empresas y los ciudadanos
tienen más dificultades para conseguir créditos. Y ahí está la
segunda causa del retraso de la recuperación económica. Otro
síntoma del excesivo poder de la banca es la enorme rigidez
empresarial reflejada en el comportamiento del complejo
banca-inmobiliaria, responsable de que los precios de la
vivienda continúen inflados, sin permitir el descenso (de un 30%
del precio de la vivienda) que permitiría la reactivación del
mercado laboral (ver mi artículo “Las rigideces del mercado
bancario-inmobiliario”, El Plural, 21.08.09).
Una última
observación. Por fin, parece que vamos a ver un cambio en la
política fiscal y (esperemos) económica del país. Aplaudo la
resistencia del gobierno Zapatero a ceder frente a la patronal y
frente a la Brunete mediática liberal. La salida de Solbes (el
guardián de la ortodoxia socioliberal en la UE y en España) ha
movilizado al mundo liberal (en su dimensión económica y
mediática) en alianza con la derecha cavernícola del país, para
eliminar a Zapatero. Su esperanza es Joaquín Almunia, el otro
guardián de la ortodoxia liberal en la Comisión Europea, que
está presionando a los países de la UE para que reduzcan sus
déficits.
Mis críticas a las
políticas fiscales y económicas del gobierno Zapatero son bien
conocidas. Pero, en este momento, no hay duda de que hay una
movilización política y mediática que quiere eliminarlo porque
están temerosos de un cambio que el país necesita. El giro a la
izquierda en políticas económicas, fiscales y sociales es
urgente y necesario (y popular). De ahí la enorme movilización
que estamos viendo hoy en España para eliminar a Zapatero.