Pan y
olimpiadas
Pilar Izquierdo Teruel y Julio Ortega Fraile
UCR
13 de Octubre de 2009
No sabemos a Ustedes, pero a nosotros nos ha resultado conmovedor ser
testigos de la unión entre buena parte de los estamentos de la política
y otros poderes de este País, apoyando de forma unánime la candidatura
madrileña en los Juegos Olímpicos de 2016, un año al que por cierto no
está claro si llegaremos todos vivos, ya que puede que la hambruna o los
bancos nos hayan matado a unos cuantos antes, la primera de un modo
mucho menos cruel que los segundos, eso sin duda.
Por Copenhague desfilaron miembros de la Casa Real, políticos de
¿izquierdas?, de derechas y unos cuantos personajillos de esos que
conforman la extensa fauna parasitológica pluricelular en España,.
Llegaron todos a la Ciudad danesa –ninguno en “Low Cost”- con su sonrisa
más mediática y ademanes deportivos, algo que suponemos no representa
ningún esfuerzo cuando a ninguno de ellos, le coincidía la fecha del
sarao con la del sellado de la cartilla de desempleo en el INEM, y no
corrían por lo tanto el riesgo de dejar de percibir los 420 euros
mensuales con lo que pagar casa, coche, comida, medicinas, ropa,
recibos, etc.
Iban todos de la manita, hermanados ante asuntos realmente
trascendentales, esos que incluyen antorchas, medallas y sudores,
entrelazados como los aros olímpicos y con un buche del mismo diámetro,
a juzgar por cómo se pusieron de cigalas y de jamón ibérico, que ya se
sabe que la crisis no es tan perversa como la pintan, pues hay estómagos
inmunes a ella.
Y nos preguntamos, ¿qué hay de esa comunión de esfuerzos ante asuntos
con menos glamour y que quedan mucho más chabacanos ante los
medios de comunicación?. Por ejemplo se nos ocurre el del paro, aún si
saber muy bien el porqué de que nos asalte esa idea, acáso sea porque la
cifra de desempleados ronda los cuatro millones de personas. Una
cuestión sin duda baladí si la enfrentamos a la posibilidad de ser sede
olímpica. Y es que entre “Pan y Olimpiadas”, puestos a escoger nos
quedamos con las segundas.
Alguno nos dirá, ¿qué tiene que ver un tema con el otro?. Muy poco en la
forma pero mucho en el fondo, porque más allá de las posibles pero
remotas coincidencias entre un desfile inaugural de unos juegos con
atletas de diferentes países y la cola del paro, está la indecencia y la
actitud insultante de los responsables políticos haciendo frente común
para cuestiones circenses, pero mordiéndose en la yugular los unos a los
otros al abordar problemas transformados en inmensas tragedias sociales.
Para la eliminación de España –afortunadamente– en la candidatura
olímpica hay lágrimas y rostros cariacontecidos; para la miseria que se
extiende como la corrupción y la desvergüenza en la clase política hay
embustes, pesca en río revuelto o simplemente silencio, según le
convenga a cada uno.
A Zapatero lo tenemos en este asunto convertido en un agricultor de pro,
sembrando el hombre muy satisfecho disculpas y promesas y viendo – sólo
él – como crecen brotes verdes en medio de este erial de desesperación y
de penurias. Rajoy aprovechando la ocasión para dejar expedito su camino
hacia la poltrona, pero haciendo valer como instrumento adecuado para
salir de esta situación lo que realmente la ha provocado, al igual que
lo ha hecho a lo largo de la historia y así seguirá ocurriendo: el
capitalismo, verdadero tumor social y cuya metástasis se traduce en
injusticia, reparto desigual y alienación de la mano de obra.
Y el Rey que... calla. Siempre se calla en lo que a las precariedades de
los ciudadanos se refiere. No podía ser de otro modo, cuando tiene un
puesto de trabajo vitalicio y con cuyo presupuesto podrían vivir muchas
familias. Valiente Embajador ese que vende la imagen de un País con
estadios olímpicos pero silencia la de los comedores sociales. Son los
riesgos de ser un mantenido, que más vale no difundir las miserias del
anfitrión.
Pero lo más triste de todo esto, es contemplar los llantos de buena
parte del Pueblo cuando nos dejaron sin el caramelito olímpico, ese del
que habrían de chupar los de siempre. De verdad que es descorazonador y
lamentable, seguir comprobando hasta qué punto somos memos y
pusilánimes, además de necios, y cómo le hacemos el caldo gordo a unos
cuantos mientras a nosotros, nos toca apurar las sobras de sus
banquetes. Tenemos la corazonada de que somos bastante ceporros y que
encima, vamos de dignos y de sobrados. Como bien decía Don Miguel de
Unamuno: ¡Qué País, qué paisaje, qué paisanaje!.
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