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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Pablo Iglesias y Batasuna

Arturo Villar

UCR   26  de Noviembre de 2009

 

   Otra fecha para la historia: en la noche del 24 de noviembre cerca de un millar de agentes del orden, entre guardias civiles y policías nacionales, fueron movilizados en Euskadi para detener a 34 jóvenes –y jóvenas, como diría una ilustre sociatonta--, acusados de pertenecer a Segi. Otra victoria contra el nacionalismo vasco, después del rechazo por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo de los recursos presentados por Herri Batasuna contra el reino de España por su ilegalización política. Los que dicen ser socialistas crearon una Ley de Partidos para exterminar a los abertzales que les disgustaban, han prohibido sus manifestaciones, sus medios de comunicación, sus reuniones, encarcelan a sus dirigentes y a sus jóvenes –y jóvenas, que diría la futura académica de su lengua de trapo--, y han prometido no parar hasta su extinción total.  

   Hay que ver las caras de satisfacción que nos han mostrado José Luis Rodríguez, el jefe del Gobierno presuntamente socialista de su majestad católica; María Teresa Fernández, su vicepresidenta y portavoz; Alfredo Pérez, su ministro del Interior, que tantísimo sabe de terrorismo, y Patxi López, secretario general del llamado Partido Socialista de Euskadi (PSE) y lehendakari gracias a su compadreo con el presunto Partido Popular (PP), después de haber desplazado a su predecesor, Nicolás Redondo, bajo la acusación de compadrear con el PP. ¡La ética debe estar por encima de todo en la  vida política!, repiten con regodeo los cuatro.

   Si Rodríguez, Fernández, Pérez y López sintieran algún interés por el socialismo que dicen representar leerían a Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de una gloriosa historia hasta que lo refundó el compañero González cuando era su primer secretario, antes de dedicarse a sus prósperos negocios, y le añadió una R a sus siglas como Real Partido Sociata de la OTAN y Europa.

   El 24 de enero de 1908 el Gobierno ultraderechista de Maura presentó en el Congreso de los Diputados una Adición a la Ley sobre Atentados por medio de Explosivos. Pretendía añadir un artículo 15 a la Ley de 1894, para actuar  violentamente contra los acusados de provocar atentados con bombas, frecuentes en Barcelona. Se opuso al proyecto Pablo Iglesias, aquel hombre bondadoso al que todos llamaban cariñosamente El Abuelo, con unos argumentos de los que entresacamos estas palabras: “Si ahora nos cerráis ese camino [político], ni nos amilanaremos ni nos cruzaremos de brazos; iremos por el otro: seremos terroristas.”

   Después, cuando en julio de 1910 se discutían en el Congreso los acontecimientos de la Semana Roja de Barcelona y el proceso contra Ferrer, El Abuelo pronunció estas palabras  contra Maura: “Tal ha sido la indignación producida por la política del Gobierno presidido por el señor Maura en los elementos proletarios, que nosotros, de quienes se dice que no estimamos a nuestra nación, que no estimamos los intereses de nuestro país, amándolo de veras, sintiendo las desdichas de todos, hemos llegado al extremo de considerar que antes que su señoría suba al Poder debemos llegar hasta el atentado personal.”

   Les convendría meditar a los compañeros Rodríguez, Fernández,  Pérez y López, e incluso González, sobre la opinión de Pablo Iglesias. Prohibir la actividad política a un partido es obligarle a seguir otro camino para ponerla en práctica. Hace un siglo como ahora mismo.

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Arturo Villar  es Presidente del Colectivo Republicano III Milenio

 

 

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