Nueva Tribuna
30 de
Octubre de 2009
De
Valencia a Madrid, de Andalucía a Cataluña o
Galicia, la metástasis de la corrupción se extiende
por diversas instancias institucionales de este
país, demostrando tan sólo que el cáncer existe y
hay que combatirlo. En esa geografía del pufo y la
trincalina...
...ha caído el regidor de uno de los municipios
protagonistas del llamado milagro de Almería: El
Ejido viene siendo el mascarón de proa de la pujanza
de los invernaderos del Poniente almeriense.
Mucho se ha discutido en torno a la
sobreexplotación de la tierra y de los seres humanos
que conlleva ese sistema de producción. Los sucesos
de enero de 2000, con una espiral de linchamientos
contra la comunidad inmigrante puso en cuestión
aquel laboratorio de la convivencia del que hablaría
Mikel Azurmendi en su libro “Estampas sobre el
Ejido”: era obvio que la presencia de más de cien
nacionalidades diferentes en esa estrecha franja de
terreno podría provocar roces. Pero aquello se pasó
de castaño oscuro y reveló que se estaba creando un
tigre de papel, un castillo en el aire, porque la
avaricia y la ignorancia suelen constituir una
mezcla explosiva.
El dinero era fácil y todo era posible. Ocurrió
en Almería pero también en otros lugares de la
geografía española donde existía un ejército de mano
de obra barata, la inmigración sin papeles, al que
semi-esclavizar. Más allá de los remedos de
Ku-Klux-Klan a la española, aquel universo incluiría
timbas clandestinas donde se jugaban BMWs y
proposiciones indecentes, acosos sexuales y
chantajes en video, selecciones étnicas y parejas
dinamitadas en una secuencia de divorcios que en
dicho municipio alcanzaron dimensión de hito y de
récord olímpico.
En Almería y en la patria chica de Manolo
Escobar, también hubo mucha luz, desde el ejemplo de
numerosos profesores echándoles horas sin sueldo a
la integración escolar de alumnos que no hablaban
una palabra de español a la de los profesionales del
hospital del Poniente, abiertos a atender a quien
quiera que lo demandase, sin pedir visado ni pureza
de sangre. O los propios trabajadores y muchos jefes
del sector, que trataron de igual a igual a sus
compañeros llegados de otros mundos. O las ONGs que
combatieron los insólitos derechos de admisión que
vetaban la entrada en locales públicos a colores y
acentos distintos al español.
Esas otras estampas de El Ejido
merecerían una reflexión en voz alta y no sólo por
parte de los ejidenses. En cualquier caso, la
detención de su alcalde Juan Enciso por un supuesto
de blanqueo de capitales, malversación de caudales
públicos, falsedad en documento mercantil, cohecho y
tráfico de influencias, supone un cierto ejemplo de
justicia poética. Y es que quizá hubiera debido ser
detenido antes por crímenes sociales: en gran
medida, su retórica demagógica aventó tempestades
xenófobas pero recabó votos a barullo, tanto desde
las filas del Partido Popular como desde el Partido
por Almería (PAL), que ahora lidera y que respaldó
al PSOE para que mantuviera la presidencia de la
Diputación.
Populares y socialistas quieren quitarse
con la boca chica a ese muerto de encima, mientras
la jueza encargada de la investigación de la
Operación Poniente contra la
corrupción municipal en El Ejido, Montserrat Peña,
prosigue diligencias en relación con la supuesta
malversación de 150 millones de euros de las arcas
municipales por medio de una trama de empresas
subcontratadas por la empresa mixta de servicios
Elsur. El caso implica también, entre otros, al
interventor accidental de El Ejido, José Alemán, y
Ambrosio Cuevas, socio de Enciso en la sociedad
Gestora Ejidense, que podría ser la madre de todas
las corruptelas locales.
Si eso puede llamar a
escándalo, ¿qué decir cuando después de tres días de
arrasar viviendas y locales de extranjeros, tomó la
palabra en público para insistir en la peligrosidad
del periodismo? Tras aquella oleada de agresividad
colectiva e irracional, él se limitó a para “dar las
gracias a un pueblo donde nunca se ha pedido el
carné de identidad a nadie y que rechaza la imagen
que algunos con la alcachofa en la mano quieren
mancharnos”. Lejos de la autocrítica, el cinismo del
alcalde ejidense Juan Enciso, que siguió contando
con un amplio respaldo local dentro y fuera del PP,
llegó al extremo de responsabilizar a las
asociaciones solidarias por el brote de violencia:
“Creo que gran responsabilidad de lo que ha pasado
es de las organizaciones no gubernamentales que, en
lugar de colaborar, muchas veces violentan a los
inmigrantes con mensajes únicamente sobre sus
derechos y haciendo dejaciones de sus obligaciones.
Las ONG deben buscar soluciones prácticas como crear
alojamientos, y no arremeter contra la
Administración llamándola racista y xenófoba”.
Aquel asunto se enmarcaba
en una situación generalizada de exclusión que
pasaba por la infravivienda pero también por la
ausencia de espacios donde la sociedad de acogida
conviviera abiertamente con los trabajadores
extranjeros: “Hasta las ocho de la tarde, todos los
inmigrantes son pocos. Después de las ocho, son
demasiados”, llegó a proclamar Juan Enciso, alcalde
de El Ejido y rara vez desautorizado por su partido
de origen.
Los conservadores jugaron a dos
barajas. Transcurría la precampaña electoral y los
representantes del partido en el Gobierno corrieron
a hacerse una fotografía con el bombero pirómano, el
alcalde Juan Enciso. Resultado: subida de votos del
PP en la circunscripción electoral de Almería,
durante los comicios del 12 de marzo, apenas un mes
más tarde de aquella nueva edición de “Arde
Mississippi”. En Almería alcanzó cerca de un 50%,
diez puntos más que en las anteriores elecciones de
1996. En El Ejido, el PP arrasó; obtuvo 4.415 votos
más que en los anteriores comicios, con un 64,12% de
los votos totales”.
A pesar de que la vivienda aparecía
como una de las principales causas de aquellas
fricciones entre propios y extraños, tras los
disturbios, el Ayuntamiento de El Ejido se negó
expresamente a ceder terrenos, incluso, la para la
instalación de cuatro campamentos provisionales que
debían acoger a más de 1.500 inmigrantes obligados a
dormir en la calle tras los destrozos sufridos por
sus viviendas, de mayor o menor porte, situadas en
ese mismo término municipal. Se trataba, según el
polémico Ayuntamiento, de “evitar así la creación de
ghettos” y avalaba su postura en un pliego de 8.539
firmas. Insistía en la reconversión subvencionada de
los barracones de los invernaderos, a fin de
revalorizarlos y evitar que los jornaleros venidos
de fuera pudieran a llegar a ser, alguna vez,
usuarios de pleno derecho o propietarios del techo
donde duermen: “La solución –se indicaba en el
pliego de los firmantes—pasa por subvencionar o
ayudar económicamente a los agricultores para que
acondicionen los cortijos de sus fincas o cedan las
viviendas a sus trabajadores mientras dure su
contrato y puedan vivir en condiciones dignas”.
Incluso se utilizaron fondos para luchar contra la
infravivienda, para mejorar las infraestructuras de
los invernaderos.
Claro que su actitud fue tan contagiosa que
prendió en los municipios limítrofes de La Mojonera
y Vícar, cuyos alcaldes estimaban que allí no se
habían destruido casas de trabajadores extranjeros,
por lo que no eran los lugares idóneos para instalar
los campamentos de acogida. La Corporación que
preside Enciso pretendía sacar un supuesto provecho
del río revuelto y quitarse de encima a 1.500
habitantes gratos tan sólo para las duras faenas
agrícolas, pero no para residir en sus lindes
municipales.
Cuando la convivencia con el PP se hizo inviable, en
2005 creó el Partido de Almería (PAL), de vocación
municipalista y bajo el explícito tema de "Tu pueblo
en buenas manos". Lo curioso es que cuatro años
después, su antiguo partido no quiera hacer leña de
su árbol caído. Ni siquiera le exige la dimisión
como alcalde. El secretario general del PP de
Almería, Javier Aureliano García, junto con el de El
Ejido, Ángel Escobar, compareció en rueda de prensa
para asegurar que no iban a entrar "en juicios
paralelos o declaraciones sensacionalistas" en torno
a la presunta trama de corrupción empresarial ante
la "gravedad" de las imputaciones. Tampoco quieren
sacar ventaja a dicha situación para presentar una
moción de censura contra el presidente de la
Diputación almeriense, el socialista Juan Carlos
Usero, que asumió dicho cargo con los votos del PAL.
Los socialistas, mientras tanto, parecen mirar a
otro lado como si este escándalo tampoco les
incumbiera. Unos y otros ya imitaron a don Tancredo,
en gran medida, cuando los sucesos de 2000.
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Juan José Téllez es escritor y periodista,
colaborador en distintos medios de comunicación
(prensa, radio y televisión). Fundador de varias
revistas y colectivos contraculturales, ha recibido
distintos premios periodísticos y literarios. Fue
director del diario Europa Sur y en la actualidad
ejerce como periodista independiente para varios
medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria
como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha
firmado los libretos de varios espectáculos
musicales relacionados en mayor o menor medida con
el flamenco y la música étnica. También ha firmado
guiones para numerosos documentales.