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No se puede
apagar un volcán echándole más candela
J. M.
Álvarez
UCR
21 de Marzo de 2009
Pocos días después de
que el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman anunciase que la
crisis va a provocar que España pase por una situación
“dolorosa” durante cinco o siete años (ni él mismo lo sabe, su
concepto burgués de la economía lo limita), y de que Felipe
González apostara por “mejorar” la formación del capital humano
(dicho de otra forma: seamos sumisos para que el sistema que
regala a ambos una vida cómoda, prolongue su agonía), el
presidente del Consejo General del Poder Judicial advierte que
la crisis puede ocasionar un aumento de la tasa de criminalidad.
Nuevo mensaje sibilino: más represión a la vista.
Es evidente que la
estrategia, que denominamos (antes de que surgiera la crisis)
“contrarrevolución preventiva”, está que echa humo, como lo
demuestra la brutal actuación policial en Barcelona contra
estudiantes, fotógrafos, niños y todo bicho viviente que pasara
por allí. El Gobierno reconoce que los jóvenes con escasa
formación (y con mucha, añado yo, porque aquí sólo se salva el
hijo del millonario) van a ser excluidos de la sociedad, y una
cantidad enorme no conseguirán trabajo. Sucederá entonces que,
mientras unos irán a parar al lumpen, otros se unirán, en
principio por cuestiones subjetivas, a las filas de los grupos
anticapitalistas y eso sí será un problema. En consecuencia el
régimen toca a arrebato y presenta una oferta de Empleo Público
donde policías, jueces y carceleros, se llevan la parte del
león.
Hace pocos meses, un
editorial de El País mostraba su preocupación ante los
disturbios de Grecia y clamaba por un reforzamiento policial,
que justificaba con la defensa de la democracia (eludió decir
“su” democracia). Pero el hambre y las necesidades no entienden
de democracias, y mucho menos si éstas son exclusivas para
millonarios; si una vanguardia por pequeña que sea (lo
importante no es el número), es capaz de canalizar el
descontento social, el plato estará servido. Por eso, Premios
Nobel, ex presidentes de guerras sucias, medios de información y
jueces, todos servidores de la burguesía, no cesan de enviarnos
advertencias y mensajes oscuros.
Evidentemente esas
amenazas (que no son otra cosa), ocultan su temor a un cambio
total de sistema. La estrategia represiva, aderezada con
términos eruditos para engañar a la gente, carece de futuro. No
se puede apagar un volcán, echándole más candela; por tanto les
recomiendo que se resignen. La sociedad que viene no volverá a
ser como la de antes.
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