El niño abusón
Rafael Torres
Diarios del Siglo XXI
6 de Febrero de 2009
Dar
dinero a los bancos es como dar chocolatinas a los niños. Les
gustan tanto (el dinero y las chocolatinas, respectivamente) que
no puede esperarse otra cosa, en puridad, que un uso desaforado,
acaparador y egoista si no media en su entrega un mucho de
cautela y de control. Así pues, las palabras del ministro
Sebastián, "estamos perdiendo la paciencia con los bancos"
porque no facilitan a la gente el dinero que el Gobierno les da
para que lo faciliten, son absurdas: ¿Puede impacientar que un
niño no entregue a otros la chocolatina maravillosa que le hemos
dado a él? Otra cosa, ciertamente, es que nunca se debería haber
dado la chocolatina a ese niño.
Si quien necesita el dinero son los ciudadanos, ¿para qué
demonios se le da el dinero, en vez de a ellos, a los bancos,
que, como todo el mundo sabe, están invariablemente forrados?
Parece disparatado, y lo es, pero no en la lógica capitalista,
que es de la que este gobierno, en teoría socialista, bebe hasta
hartarse: la economía nacional no la define ni la rige el poder
político, el emanado de las urnas, el gobierno, sino los bancos.
Ellos son la economía, de ellos es todo, las eléctricas, las
azucareras, las personas, sus empleos, sus hogares, todo. De
modo que, si hay crisis, esto es, poca alegría dineraria, hay
que entregar dinero, retraido del Erario, de las arcas
comunales, a los bancos, precisamente para que la alegría, su
alegría, no decaiga. Hay que tenerles contentos, a salvo de la
crisis y garantizados sus brutales beneficios. De haber
pretendido el gobierno otra cosa, de haber querido de veras
ayudar a las personas y a las empresas pequeñas mediante líneas
de crédito, podría haberlo hecho directamente valiéndose de su
propio aparato administrativo, bancario y financiero. Si se
querían repartir chocolatinas a los niños, ¿por qué se las han
dado todas a uno sólo, al ansioso y abusón que, desde que el
mundo es mundo, se las apalanca todas?
De nada vale que el Gobierno pierda la paciencia cuando ha
contribuido tanto a que los ciudadanos pierdan casi todo lo
demás.