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Cazando suelen
establecerse
contactos,
estrecharse
relaciones o
cerrarse negocios
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A falta de
heráldica, muchos
poderosos se
lanzaron al monte "a
completar su
carrera"
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La caza es el
segundo deporte con
más personas
federadas en España
después del fútbol
La
cacería de Bermejo y Garzón
ha destapado la caja de los
truenos en un hobby que
practican un millón de
españoles, pero que lleva
años convertido en el
escenario principal de un
grupo de empresarios y
aristócratas nacionales.
Para ellos, este deporte,
además de una afición, es un
ejercicio social, donde se
establecen contactos, se
estrechan relaciones, se
cierran negocios, e incluso
se encuentra pareja. Si en
los años noventa Mario Conde
se convirtió en el icono de
los arribistas que
pretendían entrar en este
selecto club, el boom del
ladrillo hizo lo propio con
otros nuevos ricos hoy
venidos a menos.
Empresarios como los
Albertos —Cortina y
Alcocer—, Juan
Abelló —íntimo
amigo del Rey—, o
Isidoro Álvarez,
presidente de El Corte
Inglés ; políticos como
Manuel Fraga
o Francisco
Álvarez-Cascos; o
nobles como Carlos
de Borbón Dos-Sicilias,
Duque de Calabria, o el
mismísimo Rey de
España, llenan de
pedigrí las monterías
nacionales.
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Pero a falta
de
heráldica,
muchos
poderosos se
lanzaron al
monte "a
completar su
carrera", en
palabras de
Miguel
Delibes
—otro gran
aficionado a
la caza—, a
golpe de
talonario.
Es el caso
de
Mario Conde,
que se hizo
con la finca
La Salceda
(montes de
Toledo). O
de
empresarios
hoy venidos
a menos,
como
Luis
Portillo
(ex
presidente
de Colonial)
o Manuel
Manrique
(consejero
delegado del
grupo Sacyr
Vallehermoso),
que se
sumaron a
este selecto
club en los
tiempos de
gloria del
ladrillo
español. |

Foto Efe |
Portillo compró tres fincas
en el parque natural de la
Sierra de Hornachuelos
(Córdoba) que sumaban más de
4.000 hectáreas: Alta Baja,
El Gitano, y Las Lomas. Unos
cotos ricos en caza mayor,
abundantes en venado y
muflón, y lindantes con una
finca de Alicia Koplowitz.
Por esos campos cordobeses
se han ido de montería desde
las Koplowitz
hasta los Botín, pero hoy
están
en
manos de la banca acreedora,
por los problemas de
solvencia de Colonial.
Manuel Manrique
también atraviesa por
dificultades económicas, lo
que le ha llevado a
poner
en venta su finca El Santo,
alrededor de mil hectáreas
al oeste de la Comunidad de
Madrid, que había comprado
en 2007 por unos 48 millones
de euros. Los terrenos, que
incluyen un palacete, fueron
la herencia que el general
Martínez Campos dejó a sus
hijos. La última propietaria
fue su nieta, Dolores
Martínez Campos, marquesa de
Viesca de la Sierra, que
estuvo casada con Juan
Herrera Fernández (Banesto,
Petromed). Una finca, pues,
con historia y tronío, razón
que quizás explica por qué
Manrique estuvo dispuesto a
pagar lo que fuera por ella.
Fincas de rica alcurnia
Los
principales cotos de caza
españoles están en Andalucía
y Castilla-La Mancha, según
la Real Federación Española
de Caza. Pero para saber
dónde 'pegan tiros' hoy los
'grandes' y ricos de nuestro
país hay que mirar tras las
alambradas de fincas como El
Palomar (Albacete), del
ganadero
Samuel
Flores;
El Avellanar (Ciudad Real),
de Alberto Alcocer; Las
Cuevas (Ciudad Real), de
Alberto Cortina; El
Molinillo (Ciudad Real), del
empresario Juan Lao;
La Alameda (Jaén), de
Juan Monjardín,
un acaudalado agente de
Cambio y Bolsa; El
Roblecillo, de Pablo
Garnica jr, hijo
del ex presidente de
Banesto;
Las
Navas
(Cáceres), la joya
cinegética de Abelló; o
Altalejos, la finca de
Carlos March
al sur de la provincia de
Badajoz.
En el ranking de
los diez
cazadores con
trofeo record en
España se
encuentran el
Rey, Juan
Abelló, Manuel
Fraga, Adolfo
Suárez Illana,
Miguel Corsini y
los Albertos
Los
amantes de la caza pueden
llegar a pasar entre
50 y 60 días al año
practicando este deporte,
compartiendo muchas horas en
un ambiente distendido y de
gran camaradería, pero
también muy competitivo. Y
tras hartarse de pegar
tiros, llegan las cenas,
seguidas de larguísimas
tertulias. A menudo, tras
cazar en un coto el sábado,
pasan a otro el domingo. Y
es que la proximidad de los
terrenos posibilita tales
permutas.
En el
ranking de los diez
cazadores con trofeo record
en España se encuentran el
Rey, Juan Abelló, Manuel
Fraga, Adolfo Suárez Illana,
Miguel Corsini
y los Albertos. Precisamente
algunas de estas primeras
escopetas nacionales suelen
cazar juntos a menudo,
llegando a formar un
selecto club al que
sólo se puede acceder previa
invitación, y en el que de
vez en cuando se dejan caer
personajes como Luis del
Rivero, presidente de Sacyr.
El Rey suele cazar
con los Albertos y Abelló.
De hecho, existe un 'pique'
entre el monarca y el
financiero porque en agosto
de 2007, Abelló arrebató al
monarca el primer puesto en
el ranking de caza mayor, al
abatir a un ciervo de 228
puntos, en la finca El
Palomar.
Dicen
que este coto es "un espacio
cinegético de lujo", donde
un cazador puede llegar a
pagar 30.000 euros por
abatir un ciervo. Y que
quienes lo alquilan pueden
disfrutar de otras
actividades, como paseos a
caballo, paddle o pesca. A
esta finca, también suelen
acudir los toreros
Enrique Ponce y
Vicente Barrera,
Emilio Botín y el hijísimo
Adolfo Suárez Illana.
De safari
No
obstante, los hay que
prefieren cazar más allá de
nuestras fronteras. Es el
caso de la familia
Serratosa (Nefinsa),
que tiene una finca
en Namibia, donde
se organizan safaris en los
que han participado, por
ejemplo, los hermanos José
Antonio y Fidel García
Guzmán, muy aficionados a
este deporte. Y de todos es
conocido el caso de nuestro
monarca, cuyas andanzas con
los osos rumanos
levantaron muchas ampollas.
Precisamente a este país, a
Rumanía, también han ido en
busca de trofeos algunos
famosos de talla
internacional, como el actor
Alain Delon,
o el diseñador Hugo
Boss, así como el
ex ministro español
Francisco Álvarez-Cascos,
aficionado a la caza del
urogallo.
Entre
los internacionales que
optan por tierras hispanas
para practicar este deporte
se encuentran
Maximiliano de Baviera,
el gran duque Juan de
Luxemburgo y el
duque Karl Wutemberg,
que suelen acudir al coto
que Carlos de Borbón
Dos-Sicilias, Duque
de Calabria, tiene en Ciudad
Real, conocido como La
Toledana.
A Carolina de Mónaco
también le gusta ceñirse la
canana, una afición
que le viene
por
vía paterna
y que suele practicar cada
año en tierras extremeñas.
Desde que era niña, solía
acompañar a su padre, el
Príncipe Rainiero, en busca
de perdices rojas por la
finca La Golondrina,
propiedad de Fernando
Bustamante y Rocío Falcó. Y
ahora dispara en el coto Los
Llanos, propiedad del
Marquesado de Larios, que
también ha recibido la
visita de George
Bush padre en
alguna ocasión.
Otros
monarcas aficionados a este
deporte son el rey Harald de
Noruega, que dice
abiertamente que la caza de
alces está entre sus hobbies
favoritos; o la familia real
británica, con el príncipe
Carlos a la cabeza.
Sin color político.
Las
críticas surgidas contra la
caza tras la ya famosa
cacería de Bermejo y Garzón
ha obligado incluso a la
propia Real Federación
Española de Caza a
lanzar
un comunicado
para defender "una actividad
social que mueve en España
alrededor de un millón de
aficionados" y una
"actividad netamente
sostenible". Para estos
cazadores, la escopeta no es
sólo un hobby de ricos y
aristócratas. Ni siquiera
está reñido o aliado con uno
u otro color político. Es el
segundo deporte con más
personas federadas en España
después del fútbol —superan
los 400.000, según la
Federación—, aunque existen
más de un millón de
licencias expedidas. Y en su
día el dirigente de IU
Antonio Romero,
aficionado a los galgos, ya
sentenció que "la caza no es
de derechas".
Además, de los miles de
millones que mueve al año la
caza en España, un pico son
divisas de los más
de 5.000 turistas
que llegan de manos de la
Asociación de Empresas
Turístico-Cinegéticas.
Buscan la famosa perdiz roja
nacional, el zorzal y la
caza mayor, más elitista y
costosa. Según Antonio Pérez
Henares, portavoz de la
federación, por 2.000 euros
al año es posible practicar
caza menor en nuestro país,
eso sí, en los cotos
públicos, a los privados hay
que acudir con invitación. Y
precisamente en estas
monterías selectas es donde
se pueden llegar a pagar
entre 3.000 y 6.000 euros
por pieza.
Para
poder practicar la caza es
necesario tener un permiso
de armas —de escopeta para
caza menor (perdices,
conejo, tórtolas...), y de
rifle para caza mayor
(jabalí, venado,
ciervo...)—, además de pasar
unos exámenes y obtener una
licencia de caza, nos
explica Pérez Henares. Y
apunta que cada comunidad
autónoma expide su propia
licencia, y sin ella no se
puede cazar en ese
territorio.
En
breve, el millón largo de
escopetas que hace tronar
España dejará de sonar, pues
a finales de este
mes termina la temporada de
caza. Bermejo y
Garzón no han querido
quedarse sin sus trofeos,
aunque esto les haya
colocado en la picota.
Los propietarios de las
fincas se refugian en sus
palacetes y cuidan de
terrenos, hasta que en
verano se abra la veda de la
codorniz, la tórtola y la
paloma torcaz. Entonces los
grandes volverán a compartir
veladas y confidencias junto
a sus rifles y escopetas.