Los muertos que no se registran
Público 30 de Enero de 2009

En cualquier país del mundo hay personas que se mueren como consecuencia de enfermedades de origen laboral, es decir, que adquieren su enfermedad como resultado de las condiciones existentes en su lugar de trabajo. No así en España. Según las cifras oficiales de enfermedades profesionales que publica el Estado español, en España nadie muere como consecuencia de una enfermedad laboral. Según tales estadísticas, ninguna persona murió por este motivo en 2000, en 2001, en 2002, en 2003, en 2004, y fue sólo en 2005 cuando sólo tres personas murieron debido a enfermedades adquiridas en su trabajo. ¡Algo realmente sorprendente!
Las causas de este hecho extraordinario
pueden ser dos. Una es que aquí, en España,
las condiciones de trabajo son tan
excelentes que nadie muere debido a una
enfermedad laboral. La otra razón es que
haya un subregistro enorme de este tipo de
mortalidad. Y esto es lo que ocurre. Los
expertos del Observatorio Laboral de la
Universidad Pompeu Fabra (UPF), uno de los
centros científicos en Salud Laboral más
creíbles en el país, han estimado que
atendiendo a la estructura laboral de España
fallecen nada menos que alrededor de 14.000
hombres y más de 2.000 mujeres por
enfermedades contraídas en su lugar de
trabajo. Estas cifras son fáciles de
calcular, pues hay un conocimiento
científico muy avanzado sobre la incidencia,
prevalencia y tasas de mortalidad de las
distintas enfermedades laborales que
esperaríamos encontrar entre los
trabajadores según su tipo de trabajo y
según sus condiciones laborales. De esta
manera el Observatorio Laboral ha calculado
que hay 9.400 muertes de cáncer al año de
origen laboral, más 3.600 muertes de
enfermedades cardiovasculares también de
origen laboral, y algo más de 1.700 muertes
de enfermedades respiratorias también de
causa laboral. Pues bien, ninguna de ellas
aparece en aquel registro oficial de muertes
por causa laboral.
Este subregistro ocurre también en el
registro de enfermedades laborales,
incluyendo las muy graves; subregistro que
ha ido aumentando en los últimos años.
Mientras que la población laboral ha
aumentado de 15 a 17 millones en los últimos
seis años, el número de casos graves de
enfermedad profesional se ha reducido, según
tal registro, de 191 en el año 2000 a 120 en
2005, lo cual es imposible que se deba a una
disminución de las enfermedades laborales o
al descenso de su gravedad. La causa de esta
situación es también un escandaloso
subregistro. Según las estimaciones
publicadas del mismo Observatorio Laboral de
la UPF, el subregistro alcanza un 64% de
todas las enfermedades laborales, porcentaje
que alcanza un 100% en las enfermedades más
graves, como es el cáncer de origen
ocupacional. En realidad las cifras
oficiales reconocen sólo 30.000 casos
anuales de enfermedades profesionales, la
inmensa mayoría de ellas leves y sin baja.
Las cifras reales, sin embargo, son mucho
mayores. Se estima que un 9% de trabajadores
y un 13% de trabajadoras (un total de 2
millones de personas) padecen alguna
enfermedad o dolencia resultado de su
trabajo.
Después de leer estos datos, el lector se
preguntará: ¿por qué ocurre esto? ¿Cómo
puede ser que en España haya trabajadores
que mueren y se enferman constantemente y
diariamente sin que se registren las causas
de sus muertes?
Para responder a aquellas preguntas, tenemos
que mirar
quién se beneficia y quién sufre de esta situación. Comencemos con los que se benefician. Y muy en primer lugar, aparecen las Mutuas Patronales de Accidentes y Enfermedades Laborales, que hacen todo lo posible e imposible para que tales enfermedades y causas de muerte no se reconozcan y se registren, evitándose así pagar a los familiares, en caso de muerte, la pensión que les correspondería por ley, o abonar los costes de atender a tales enfermos a las instituciones sanitarias que cuidan a los pacientes que tienen enfermedades laborales. Tales Mutuas llegan a enormes extremos con toda la batería de abogados, profesionales llamados expertos, políticos próximos a ellos (la mayoría de derechas, pero también algunos de izquierdas) para que la verdad no se conozca y se haga algo sobre ello. El análisis de cómo actúan debería ser materia de más de una película o documental televisivo. Ninguno se ha hecho. Hoy tales Mutuas están entre los fondos de dinero privado más importantes existentes en España. Su poder económico y político es enorme.
¿Quiénes pierden? Ahí la lista es larga. En
primer lugar los trabajadores y sus
familiares. Las Mutuas no pagan la pensión
laboral (que es mayor que la pensión normal
de la Seguridad Social) a los familiares,
viudas o viudos o dependientes del
trabajador muerto y que les corresponde por
ley. El hecho de que haya tal subregistro
significa un enorme ahorro a las Mutuas
Patronales. Tal ahorro es el origen de sus
enormes beneficios, que se basan en el
sacrificio de los familiares de los muertos.
Pero otra víctima del subregistro es el
Servicio Nacional de Salud y las CCAA que
pagan por los servicios sanitarios de tales
enfermos cuando, por ley, tales servicios
sanitarios debieran ser pagados por las
Mutuas laborales. El coste para las CCAA es
enorme, alcanzando casi el 14% del coste
total del servicio público sanitario.
¿Por qué no hace algo el Gobierno central,
que es el que puede hacer algo? La respuesta
es la misma que la respuesta a la pregunta
de ¿por qué el Estado no hace algo sobre el
fraude fiscal que alcanza a ser 82.000
millones de euros al año? La respuesta es la
enorme influencia económica y política de
tales grandes grupos económicos y de las
clases más pudientes de nuestra Sociedad. Es
lo que solía llamarse “poder de clase”, del
que nadie habla en nuestro país. Pero les
aseguro que continúa existiendo.
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Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
