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El monstruo de Leganés
Jose Luis
Losa
Xornal 11 de
Junio de 2009
Veo la
foto de Manuel Lamela saliendo de los juzgados de Plaza Castilla. Acude
querellado por acusar en 2002 al doctor Luis Montes y a su equipo del
Severo Ochoa de “400 asesinatos” (sic) en el hospital madrileño. Un
hombre de nuestro tiempo. Como Federico Trillo. Como Camps y Fabra, ese
lúbrico dúo poco menos que acosados sexualmente a piropos por Rajoy en
su triunfal campaña de mediterráneo y pornografía ética. Seguro que
Esperanza Aguirre –quien jaleó al que entonces era su consejero de
Sanidad en aquella aplicación de la ley de Lynch al doctor Montes–
declarará ahora que Manuel Lamela es “el más honorable de todos los
españoles”. Como El Curita. Puedo llegar a cuantificar el daño humano
que causaron las decisiones que el ministerio de Trillo tomó con los
cuerpos del Yak 42. Lo que más me perturba cuando miro, ahora mismo, el
rostro de Lamela es que nunca sabremos evaluar el dolor que, en aquella
caza de brujas (eso sí es Inquisición), evitó este Lamela que se les
ahorrase en aquel tiempo de histeria macarthysta a muchos miles de
pacientes con cuidados paliativos no sólo en el Severo Ochoa, sino en
toda España. Ah, hoy mismo, el gobierno andaluz acaba de aprobar una
necesaria Ley sobre la Muerte Digna. Imagino que a esto es a lo que se
refería Rajoy el domingo en los balcones de Génova cuando escenificaba
la panoplia del “nuevo ciclo político”. No tan nuevo: son las ideas de
muerte digna de Trillo, o la de los 400 asesinatos denunciados por
Lamela y Esperanza Aguirre, métodos ya condenados en los tribunales o en
proceso de serlo, frente a la iniciativa de respeto a la buena vida y al
“bel morir” del Parlamento andaluz, que para Rajoy debe de ser una
“antigualla progresista”. El nuevo ciclo: la noche, la niebla.
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