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Una modesta proposición para pedir la
dimisión del gobernador
del Banco de España
Albert Recio
Mientrastanto
2
de Diciembre de 2009
Hace
meses que estamos en crisis. Se han destruido cientos de
miles de empleos. Crece la pobreza y la inseguridad
económica. Los servicios de empleo, los gestores de
ayudas públicas y las instituciones que atienden a las
personas que no tienen acceso a subsidios públicos (o a
aquellas para las que éstos resultan insuficientes para
cubrir necesidades básicas) tienen la sensación de
colapso. La misma que se obtiene cuando el interlocutor
es un pequeño empresario, aunque en este caso surgen
otras cuestiones, especialmente el ahogamiento
financiero por falta de crédito. Hay bastante acuerdo en
que ni podemos seguir así ni es posible volver al
enloquecido mundo de la burbuja inmobiliaria. Los
cientos de miles de pisos vacíos son un monumento a la
ineficiencia económica y una vergüenza social, pues a
pesar de la sobreproducción siguen habiendo muchas
personas con necesidad de una vivienda digna. Es por
tanto tiempo de reformas, que seguramente deben abordar
muchos aspectos de la vida social.
Mi
modesta
proposición no obedece a una reacción airada a la
enésima manifestación del Señor Ordóñez a favor de una
reforma laboral, sino a que uno tiene la sospecha de que
además de expresar un punto de vista discutible y
sesgado, es sobre todo una cortina de humo para desviar
la atención sobre su propia incapacidad. Y creo que es
esta inutilidad en servir a la función que le da derecho
a un cargo socialmente importante y bien retribuido la
que justifica la petición.
Cuando
estalló la crisis, se interpretó como una crisis
financiera, y se detectaron muchos de los mecanismos
perversos por los cuales el sistema financiero había
estado creando burbujas. Se planteó tanto la
necesidad de una nueva regulación de la actividad
financiera como una política a corto plazo de salvamento
de la banca. Esta última medida se justificó con el
argumento de que salvando a la banca se evitaba el
colapso financiero del conjunto del sistema económico.
En una economía capitalista de mercado el crédito juega
un papel esencial en el funcionamiento cotidiano del
sistema económico: si se hunde el crédito se bloquea el
flujo circular de la economía. En consecuencia, se han
articulado diversos mecanismos de apoyo al sector
financiero, desde préstamos masivos por parte del Banco
Central Europeo al nuevo Fondo de Reestructuración y
Ordenación Bancaria, pasando por avales públicos a las
emisiones de deuda de los bancos y compra de activos a
los mismos. Y a pesar de toda esta batería de ayudas
gran parte de las empresas se quejan de que el crédito
sigue sin fluir y con ello se compromete tanto la
actividad corriente como las inversiones que pudieran
favorecer un cambio de orientación productiva. Uno
esperaría que ante tamaño volumen de ayudas y ante tanto
clamor la primera preocupación de la autoridad monetaria
debería orientarse a analizar y explicar qué ha fallado
en esta nueva versión de las políticas de “ayuda a los
de arriba para que llegue a los de abajo”. Sobre todo
para ayudar a adoptar nuevas medidas más eficaces, para
desatascar un sistema financiero que sigue generando
incertidumbres y malestar económico.
Este
es un análisis necesario cuando existe la sospecha
generalizada de que, lejos de completar el circuito, los
bancos han usado sus fondos para sanear sus cuentas y
reeditar actuaciones especulativas que dan mayores
beneficios a corto. El fuerte incremento de las
cotizaciones bursátiles es, al respecto, contradictoria
con la situación económica del país y lleva a pensar si
no es un fenómeno generado por la afluencia de nuevos
fondos sedientos de negocios especulativos a corto.
Puede que la cosa sea más simple y la falta de crédito
se deba a un exceso de aversión al riesgo de los
directivos bancarios. En todo caso ello indicaría que,
al menos en situaciones comprometidas, es malo dejar en
manos de banqueros privados decisiones que afectan al
conjunto de la ciudadanía. Sobre estas cuestiones el Sr.
Gobernador no resulta ni muy hablador ni muy creativo
en la propuesta de reformas. Cualquier ciudadano
corriente percibe que tanto en el plano de la política
como en el tratamiento judicial los banqueros son
siempre tratados con guantes de seda. Aunque se les
imputen graves delitos fiscales o, cómo ahora, sean
responsables de un importante cataclismo económico.
Quizás
uno peque de ingenuo, o se perdiera alguna clase de
Economía monetaria o de macro. Pero en su ingenuidad uno
pensaría que en la situación actual todo el tiempo de
trabajo de un regulador del sistema financiero debería
dedicarse a analizar, proponer, explicar, dar cuentas
sobre las insuficiencias, limitaciones, resistencias del
sistema financiero. Al fin y al cabo si el paradigma que
rige su ideología económica es el de la flexibilidad de
los mercados, el fallo en el sistema crediticio podría
interpretarse como una rigidez del sistema financiero y
sería bueno que nos explicaran las razones del mismo y
las formas de resolverlo. A lo mejor es que al señor
Fernández Ordóñez la economía monetaria le resulta tan
aburrida e incomprensible como a gran número de
economistas y en cambio se encuentra más capacitado para
estudiar el mercado laboral. También por esto su cese
como Gobernador del Banco de España sería adecuado y
hasta él mismo lo agradecería. Hay argumentos económicos
de todo tipo para justificar medidas económicas en las
que todo el mundo mejora. Sugerimos, si lo argumentado
hasta aquí está justificado, que el cese del Gobernador
beneficiaría tanto al país como a él mismo. Y por tanto
se trata de una mejora neta que no podemos dejar
escapar.
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