Juan Torres López
Fundación Sistema
19 de Octubre
de 2009
El Secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, ha vuelto a
declarar que lo que necesita
la economía española es que
se moderen los salarios. No
me extraña que haya dicho
una cosa así. Es bien
conocido que se trata de un
prestigioso economista
liberal que no disimula sus
posiciones ideológicas. En
otras ocasiones ha defendido
abaratar el despido o que
las cajas de ahorro se
conviertan en sociedades
anónimas.
Los liberales piensan que los problemas relativos al empleo o
desempleo son solo asuntos
del mercado laboral y que,
por tanto, se resuelven
mediante el juego de los
precios que determinan los
movimientos de la oferta y
la demanda de trabajo. Por
eso afirman que para generar
empleo (es decir, para
disminuir la oferta sobrante
de trabajo) lo que hay que
hacer es reducir el precio
del trabajo, los salarios,
bien directos o indirectos.
Y en consecuencia lo que
proponen, como los sabios
académicos que firmaron el
documento de los 100, no es,
en definitiva, sino que se
establezcan condiciones más
favorables para que los
empleadores reduzcan sus
costes laborales.
Hace muchos años que sabemos que eso es una falacia. Algo tan
irreal como la creencia en
los automatismos y en la
autosuficiencia de los
mercados que defienden esos
economistas y que ha llevado
a generar una crisis
financiera global como la
que se ha producido en los
últimos tiempos.
Es evidente que las condiciones en que se desenvuelva el
mercado de trabajo han de
influir de algún modo en el
volumen del empleo que
genera la economía. Pero de
ahí a despreciar todo lo
demás y a considerar que
solo reduciendo el precio
del trabajo se va a crear
mas empleo hay una distancia
que solo se puede salvar si
detrás de esa proposición
hay algo más que es fácil de
adivinar: una política que
beneficia a los grandes
empresarios y que termina
aumentando las rentas del
capital a costa de no crear
más empleo o de crearlo en
condiciones cada vez más
miserables.
La creación o destrucción de empleo no depende solo de lo que
ocurra en el mercado de
trabajo, como quieren
hacernos creer los
economistas liberales como
Campa, sino también en el
mercado de bienes y
servicios e incluso en la
situación general de la
economía. Aunque estos
economistas se lo callan, lo
cierto es que, si no hay
suficiente demanda efectiva,
por muy bajos que sean los
salarios no se va a crear
empleo porque las empresas
contratan a más trabajadores
no porque sus salarios sean
más bajos sino porque van a
obtener más beneficios.
Imponiendo un régimen de salarios bajos lo que se produce es
una situación en la que la
demanda efectiva está
constantemente restringida.
Es una estrategia que lo que
crea es escasez y que limita
el crecimiento potencial de
la economía, que es lo que
ha ocurrido en los últimos
decenios y justo lo
contrario de lo que ahora
habría que procurar. Y, al
mismo tiempo, proponer, como
hacen Campa y los
economistas liberales, que
los salarios bajen para que
nuestra economía sea más
competitiva es sencillamente
condenarla al
empobrecimiento y la
insostenibilidad.
¿De verdad que lo que necesita la economía española, cuando el
presidente del gobierno
habla de cambio del modelo
productivo, es
especializarnos en
actividades que solo
necesitan oferta de trabajo
barata? ¿Ahora resulta que
la apuesta es competir como
hacen los países más
atrasados, ofreciendo
salarios reducidos y no
mejorando nuestro tejido
productivo mediante la
calidad, la innovación y la
producción de bienes y
servicios de vanguardia?
Pero, como digo, no me extraña que un economista de la derecha
liberal haga estos
planteamientos. Lo que me
produce sorpresa,
frustración y pena es que
una persona que tiene esa
ideología sea el segundo
máximo responsable de la
política económica de un
gobierno socialista en el
que tantos millones de
personas han confiado para
mejorar sus condiciones de
vida.
¿A qué estamos jugando? ¿Cómo es posible que un gobierno socialista
pida más contención salarial
en un país en donde el 63%
de los trabajadores gana
menos de 1.100 euros
mensuales y en donde el
número de mileuristas ha
aumentado en siete millones
en los tres últimos años? Y
que lo haga sin más
fundamento que el que
proporciona un liberalismo
que, por muy útil que sea a
la gran patronal, es una
ideología trasnochada que ya
fue puesta en solfa
científicamente hace un
siglo.
Y no es sólo una cuestión de
sensibilidad social, de
estar preferentemente
tratando de favorecer a
quienes tienen rentas mas
bajas, que ya es importante.
Y, por supuesto, lo que se
supone que esperan de un
gobierno socialista sus
votantes y simpatizantes. Es
que además, como he
comentado más arriba,
proponer bajar aún más los
salarios es insistir en un
modelo que ha llevado a que
nuestra economía sea más
débil e inestable que las de
nuestro entorno. Y que ahora
nos llevaría a salir más
tarde y con más limitaciones
de la crisis.
Los informes de la OCDE
pusieron de relieve que
España ha sido el único país
de los que pertenecen a ese
organismo en el que los
salarios han bajado en el
periodo 1995-2005: ¿acaso
vamos a ser tan ingenuos
como para no entender que
eso no ha tenido nada que
ver con la gran pérdida de
empleo que ahora padecemos y
que muy posiblemente se
consolide durante bastante
tiempo?
Proponer, como hace el
Secretario de Estado de
Economía, el empobrecimiento
de los trabajadores como
política de salida de la
crisis (en realidad, lo
proponen siempre, pues
conducen con piñón fijo en
la expansión y la recesión,
en el auge y en la crisis:
siempre bajar los salarios)
no es solamente una
aberración desde el punto de
vista social. Lo es
igualmente como estrategia
económica. Lo que nuestra
economía necesita es más
demanda efectiva, más
capital social, más
innovación, más conocimiento
básico y aplicado y más
igualdad. Es decir, más
riqueza y mejor repartida y
no más trabajadores pobres y
más diferencias sociales,
como proponen los
ideologizados economistas de
derechas como el Secretario
de Estado de Economía.
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Juan Torres es
catedrático de Economía de
la Universidad de Sevilla.
Articulista y autor de
libros como "Toma el dinero
y corre. La globalización
neoliberal del dinero y las
finanzas", "España va bien y
el mundo tampoco" y
"Desigualdad y crisis
económica. El reparto de la
tarta", acaba de publicar
"La crisis financiera. Guía
para entenderla y
explicarla".