Modélico empresario
Rafael Torres
Diarios del Siglo XXI 25 de Diciembre de 2009
Se autocalifica Dían Ferrán con sus
propias obras de una manera tan
perfecta, tan cabal, que sería
innecesario añadir más nada. Éste
Gerardo Díaz Ferrán al que casi todo
el mundo debe llamar reverentemente
Don Gerardo, es ese empresario
modélico que, por serlo, representa
desde la cúpula de la CEOE a todos
los demás empresarios modélicos, y
los representa tan bien, tan a
entera satisfacción de sus pares,
que cuando hace unas semanas comenzó
a revelarse en todo su espesor su
inepcia como empresario y sus
pufetes, le rogaron encarecidamente
que no dimitiera, que qué tontería.
No cabe duda, por lo demás, de que éste
Díaz Ferrán es un empresario
emblemático y altamente
representativo de los colegas, tan
abundantes en España, cuyo norte no
parece ser el de crear riqueza,
reservándose la crecida parte que
les correspondería por ello, sino el
de hacerse ricos, inmensamente
ricos, de forma inversamente
proporcional al empobrecimiento de
sus trabajadores. Ocho meses sin
cobrar la nómina, cual les sucede a
muchos de sus empleados en Air Comet,
la aerolínea a la que un juez
británico ha retirado la licencia
operativa por no pagar a los
acreedores, hablan, en efecto, de un
empobrecimiento brutal.
Pero incluso dejando a un lado sus
historias con Cajamadrid (a la que
debe un dineral, siendo encima,
según creo, consejero de ella) y sus
otras historias para no dormir, la
defunción de Air Comet tiene éstos
días un epílogo terrible: la mayoría
de los pasajeros que pagaron sus
vuelos a Díaz Ferrán, y que en
vísperas de Navidad se encontraron
tirados y sin avión en el aeropuerto
de Barajas, son inmigrantes
sudamericanos que con muchas fatigas
han ido reuniendo el precio del
pasaje para pasar éstos días en
casa, con los suyos, tras años de
obligada ausencia. Éste Díaz Ferrán
que se presentó hace poco en el
programa "Tengo una pregunta para
usted" como redentor casi de la
clase trabajadora y, desde luego,
como un tío que sabe la fórmula para
salir de la crisis, deja tras sí una
estela, a lo que se ve, devastadora.
Habrá quién le llame Don Gerardo,
pero algún
juez de lo social debería, tal vez,
llamarle otra cosa.
