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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

La metamorfosis ¿Una historia de ficción?

Enrique Salvador Cardesin

Cartelera Turia 30 de Junio de 2009

           Voy a haceros una terrible confesión. Me he convertido en un bicho raro. Sí. Como Gregorio Samsa, la criatura literaria del eximio escritor checo Franz Kafka. Me di cuenta a la mañana siguiente de las elecciones europeas. Al despertarme, ese lunes lunero cascabelero y pepero, advertí horrorizado que mi cuerpo había sufrido una extraña transformación. Una especie de parálisis me impedía levantarme de la cama. Tampoco conseguía abrir los ojos. De modo que me palpé todo el cuerpo. Ahí estaban mis dos piernas, y no dos asquerosas filas de patas. Uf, menos mal, no soy ningún monstruoso insecto —me dije, lleno de alivio, aunque mi estado de ánimo en seguida mutó en inquietud, por el sonido tan inaudito de mi voz, no diría que animal pero sí bastante descomunal y salvaje. Yo deseaba creer, entonces, que era presa de una pesadilla dantesca. Me corroboraba esta hipótesis el hecho extraordinario de que, en la parte interna de mis párpados, cual si fuera una pantalla de cine, se proyectaban sucesivas imágenes, sin tregua ni cuartel, de los descabellados eventos llevados a cabo en nuestra maltratada tierra por el perpetuo régimen de la gaviota. De igual manera que le sucedía a Alex (encarnado por el actor Malcolm McDowell) en el filme La naranja mecánica, de Stanley Kubrick. Sólo que a él le infligían esa tortura con otro objeto bien distinto. Así que se asomaban a la pantalla de mis párpados, sin solución de continuidad, escenas auténticamente surrealistas: regatistas virando a babor en los estanques de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, bólidos derrapando en las crestas de las olas, jinetes a lomos de su montura saltando las gradas de un circuito urbano. ¡A mayor gloria del despilfarro, del puro y duro dispendio, del bajonazo cruel y casi letal a las arcas públicas! Y luego, por si no hubiera sido suficente tan refinado suplicio, comenzaba un interminable desfile a cargo de los cargos políticos más significados de nuestra Comunidad: el imputado Francisco Camps o más conocido ahora como el amigo del alma de «El Bigotes»; la mujer de rojo o Enderrocaments Rita; Fabra, el baranda de Castelló, con sus sempiternas gafas opacas, que no dejaban traspasar nunca la acción de la justicia; Cotino, el de la Obra en permanente construcción hacia lo divino, y tal, y tal, y tal.

    Me he convertido en un bicho raro. Es verdad. Porque soy diferente a la fauna que jalea y vitorea a un presidente autonómico que está imputado por un tribunal de justicia, investigado por un supuesto delito de cohecho. Porque soy diferente a la fauna adocenada y ayuna de criterio propio, que no exige a los responsables políticos su dimisión cuando se ciernen evidentes sombras de sospecha sobre ellos. Porque soy, en definitiva, ajeno a la fauna que se muestra indiferente y pasiva ante una gestión tan cicatera en políticas sociales y culturales por parte de este gobierno de derechas que años ha que padecemos. Una derecha rancia, clerical y trasnochada.

    Pues eso. Soy otro bicho raro. Que reconocerá muy pronto a los de su especie en la localidad de Burjassot. A más ver

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Enrique Salvador Cardesin (Torrent)

 

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