Cuando éste intenta huir desesperadamente, los dos autores de
los disparos entran armados en la habitación lo agarran, le
apuntan con la pistola en la cabeza y se disponen disparar.
Preso del horror, le descubren entonces que se trata de una
broma con cámara oculta. Mientras todo ello sucede los
espectadores no cesan de reír.
Todos sabemos que las simulaciones de fusilamiento o de disparo
en la cabeza ha sido una de las formas de tortura más crueles
por parte de regímenes militares contra sus opositores para
lograr una confesión o información en un interrogatorio. Se
trata de una figura de atentado a los derechos humanos
calificada así por las organizaciones humanitarias. Ahora un
medio de comunicación recurre a este sistema para lograr éxito y
audiencias, y al parecer lo logra vista la alegría del público y
la repercusión y eco mediático alcanzado. Aunque quizás si al
protagonista involuntario le hubiera dado un infarto ante las
cámaras el triunfo televisivo hubiera sido mayor.
En ocasiones hemos señalado que los medios de comunicación
estaban cumpliendo hoy, pero con impunidad, el mismo papel que
en otros tiempos realizaban las dictaduras: silenciar a los
grupos sociales díscolos y a los intelectuales y líderes
críticos. Ahora vemos que también, todo sea por la audiencia,
han copiado los sistemas de tortura. Y también con impunidad.