La
lengua inútil
Maanuel
Rivas
El País
20 de Noviembre de 2009
Se equivoca usted, señor titular del juzgado número 6 de Alcorcón, al proclamar
la carencia de "utilidad pública" del idioma gallego. En una caricatura de
Castelao, un campesino dice: "Deus nos libre da Xustiza!". Quizás estaba
pensando en usted, señor juez. Fíjese que útiles y previsoras son las lenguas
"subalternas".
Fíjese si son previsoras que en los cuentos gallegos de Álvaro Cunqueiro hay
personajes que como último deseo piden que en el ataúd, además de la Biblia, le
metan el Código Civil por si tienen que pleitear en la otra vida. A la vista de
como reculan los tiempos, me adelanto a pedir para el postrer viaje un ejemplar
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, además de la Constitución
española (subrayado el artículo 3º, apartado 2) por si el barquero Caronte se
pone pesado, dispensando, y me niega la "utilidad pública del gallego" en el Más
Allá, siguiendo la doctrina de su señoría.
Ya que estamos con la verdad narrativa de los cuentos y las últimas voluntades,
permítame una breve historia. Un anciano campesino manda llamar al notario para
hacer el testamento definitivo. Dice: "De la tierra, dejo un tercio para Ramón,
un tercio para María, un tercio para Concha, un tercio para Manuel, otro tercio
para Andrés..." El notario le interrumpe: "Pero, ¿no serán muchos tercios?" Y el
campesino responde: "¡No sabe usted lo grande que es la tierra!" Pues con las
lenguas ocurre algo parecido. Que hay sitio para todas. Que no pesan en la
cabeza. Que no hay lengua inútil.
Inútiles, inútiles no le somos, señor juez. Hay muchas personas que nos
comunicamos normalmente en gallego y no nos consideramos del todo inútiles. Como
ocurre incluso en la judicatura, unos somos menos útiles que otros, hacemos lo
que podemos, pero respetamos. Eso si, tenemos una educación mínima del respeto.
Nuestros padres nos acunaron, nos criaron y nos contaron cuentos en gallego para
espantar el miedo. Y no eran unos inútiles, créame. Gracias a ellos, no le tengo
miedo, señor juez.
En su Tesis sobre el concepto de la Historia, dice Walter Benjamin: "No hay
ningún documento de la civilización que no sea al mismo tiempo un documento de
barbarie". Yo antes no entendía muy bien esta frase, se lo juro, pero se me han
aclarado de repente las ideas, como por un rayo, después de leer su fundamento
"lingüístico" para negar el traslado escolar a Vigo de unas niñas en el auto
tramitado en un caso de divorcio. En ese aspecto, el documento no resiste el
principio de realidad. En Galicia, las niñas no sólo aprenderían gallego, sino
que podrían enriquecer su castellano con las "maravillosas curvas" que Unamuno
admiraba en Valle-Inclán.
No voy a hablarle ahora de Alfonso X el Sabio, ni de Rosalía de Castro, ni del
tronco común galaico-portugués, patrimonio lingüístico que nos permite
comunicarnos con millones de personas en el mundo, desde Brasil al Timor
Oriental. Como además tenemos la suerte de compartir el castellano, vea usted,
señor juez, que no vamos tan mal pertrechados, siempre, claro, que a los niños
no les amputen la lengua "inútil". Creo que lo que procede en este momento es ir
al argumento protoecológico enunciado por Julio Camba. Según demostró en un
irónico artículo, el gallego es un idioma muy apto para hablar no sólo entre las
personas sino también con todo tipo de animales. ¡Fíjese usted si será útil!
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