La
nueva dirección de Izquierda Unida (IU) de
España, coordinada por Cayo Lara, supone un
avance de las posiciones del Partido Comunista
(PC) y, consecuentemente, el debilitamiento de
las posiciones mantenidas hasta ahora por Gaspar
Llamazares y la dirección de Izquierda Xunida de
Asturias (IX, en adelante), reprobadas por la
reciente asamblea federal.
Sintéticamente, puede decirse que el PC defiende
que IU tenga su propia política, en clave
anticapitalista republicana y federal, y que no
esté, como hizo Llamazares, definiéndose en
función del PSOE. Otro objetivo básico de la
nueva dirección es la superación democrática de
los duros enfrentamientos internos. Asturias
puede ser uno de los escenarios en donde resulte
más complejo lograr tan importantes objetivos.
Nos encontramos en una situación en la que los
ciudadanos más pobres y los trabajadores en
general van a sufrir especial e injustamente el
desvío de los dineros que aportan como
contribuyentes, canalizados por el Gobierno del
Estado y el de Asturias (en el que participa IX)
en forma de subvenciones públicas hacia la banca
y para la compra de pisos excedentes a los
constructores. En Asturias, la compra de pisos
con dinero público, una medida netamente de
derechas y una auténtica estafa institucional,
decidida por el PSOE antes del pacto de
gobierno, va a ser «gestionada» ahora por una de
las consejerías de IU.
Sin duda, la ejecución de medidas de este tipo y
la ausencia, en cambio, de otras medidas
redistributivas necesarias agravan la situación
de los más débiles del sistema, aumentando con
ello la contestación social, la cual no podrá
ser secundada ni, mucho menos, liderada desde un
pacto de gobierno con quien ejecuta dichas
políticas beneficiosas para los ricos y los
especuladores. En consecuencia, asistiremos a
una derechización del PSOE, disfrazada con
medidas «progresistas» baratas, que no afecten a
lo económico-social y al desconcierto
generalizado de IU.
Pieza esencial de dicho desconcierto será la
política de IX en Asturias, porque la nueva
mayoría de IU, forjada en torno al documento
político que auspició el PCE, se ha posicionado
claramente contra la estrategia del PSOE,
mientras IX de Asturias ha preferido compartir
Gobierno autonómico con él. Esta doble faz
dañaría la credibilidad del nuevo proyecto
político para el que sería más coherente que en
Asturias no hubiera pacto alguno.
Así pues, la nueva política acordada en la
asamblea federal acrecienta las contradicciones
de los gasparistas asturianos, que han
construido una línea de defensa clara pero
débil; en lo interno: las expulsiones se
«justifican» por la supuesta participación de
los expulsados en otro proyecto que confrontó
contra IX en algún municipio y, de otro lado, en
la política a mantener, es preciso respetar la
autonomía de las organizaciones. La debilidad
defensiva estriba en que lo primero es mentira y
lo segundo fue precisamente lo que se saltaron
cuando disolvieron de facto a la organización de
IU de Oviedo.
IU de Oviedo fue disuelta unilateralmente por la
cúpula de IX en revancha por la pérdida del
poder en el PCA, para castigar a quienes no
cedieron al chantaje para no celebrar su
congreso, justo el mismo día que éste
efectivamente se celebró (24 de marzo de 2007).
Dicha actuación provocó que IU se convirtiera en
fuerza extraparlamentaria en el Ayuntamiento de
Oviedo al no recibir el apoyo necesario de los
ciudadanos que, sin embargo, sí respaldaron a
Roberto Sánchez Ramos, que había sido elegido
democráticamente por la asamblea de IU de Oviedo
el 11 de enero de 2007 como cabeza de lista y
que hubo de presentarse a las elecciones
municipales bajo otras siglas.
Así pues, se participó electoralmente bajo otras
siglas (mayo de 2007) después y no antes de
haber sido disuelta de facto IU de Oviedo (marzo
de 2007) y mienten cuando dicen lo contrario. Y,
además, se saltaron el respeto a la autonomía y
a la democracia de la organización local de
Oviedo para elegir a nuestros representantes en
las listas municipales. ¿Qué pretendía la
dirección de IX? ¿Acaso que fuera anulada
nuestra lista, la elegida por toda la
organización de Oviedo, y que además nos
quedáramos calladitos e impasibles mientras sus
amigos, impuestos a dedo, ocupaban los sillones
de concejales gracias al trabajo de Rivi, Celso
Miranda y otros compañeros? Y si hubiéramos
hecho eso, si hubiéramos sido obedientes y
disciplinados, ¿ahora seríamos readmitidos sin
más problemas?
Por otro lado, sólo se dieron candidaturas
alternativas en cuatro municipios con la
participación de apenas cuatro decenas de
afiliados a IU. ¿Cuál es la «culpa» entonces de
los centenares de militantes «desaparecidos» de
toda IU de Asturias? La argumentación de
Iglesias es sencillamente falsa. Fuimos
expulsados por llevar adelante la política del
PCE y por haber ejercido durante años una línea
crítica con su política de conchabeo con Areces
lo cual, entonces y ahora, resulta muy molesto
al poner en evidencia su sumisión al poder con
tal de estar en él.
Ahora, cuando conspicuos representantes de IX
reclaman a IU de España respeto a las decisiones
adoptadas en Asturias, nosotros, desde la
legítima, aunque no reconocida dirección local
de IU de Oviedo, preguntamos: ¿la dirección
regional no debe respetar la autonomía de las
localidades en cuestiones municipales del mismo
modo que se reclama respeto a la autonomía de
las federaciones regionales?