Iniciativas
y reprobaciones
Arturo del Villar
UCR
25 de Mayo de 2009
LOS dos partidos que se
alternan en el poder, los que dicen ser Socialista y Popular, sin
demostrar que lo son, han coincidido también en decir que acatan, pero
no comparten, el fallo del Tribunal Constitucional, por el que se
permite a Iniciativa Internacionalista concurrir a las elecciones al
Parlamento Europeo. Preferían el fallo del Tribunal Supremo, siempre
dócil al Gobierno de turno, que anuló la candidatura.
Al conocer el fallo del
Supremo dijo el ministro socialista del Interior, Alfredo Pérez, que le
alegraba porque así hablarían las urnas en vez de las bombas. ¿Qué
urnas, si se prohíbe a los partidos políticos concurrir a las
elecciones? ¿Y qué bombas ha colocado Iniciativa Internacionalista?
Ahora el ministro está muy triste, tanto como cuando se descubrió la
trama gubernativa de los GAL.
Esos dos partidos que se
turnan en el poder, a semejanza de lo sucedido durante la primera
restauración borbónica por la traición de un general rebelde, y que
pueden hacerlo cómodamente porque sus ideales y actuaciones son
semejantes, acordaron el Pacto por las Libertades y Contra el
Terrorismo, tal como ellos dos entienden esos conceptos, y la Ley de
Partidos, que es contraria a la legislación europea. Claro que no se
trata de la única arbitrariedad legal del reino de España con respecto a
la Unión Europea; por ejemplo, se han denunciado reiteradamente los
acuerdos con el presunto Estado Vaticano, por los que se concede un
trato de favor a la Iglesia catolicorromana frente a las demás
confesiones.
Esos dos partidos unidos
para conceder credenciales de democracia a los demás, aceptan
tranquilamente a los de extrema derecha, como Falange Española, el
partido que preparó la sublevación militar de 1936 con sus atentados
criminales, y que se dedicó a eliminar físicamente a sus adversarios
durante la guerra y la interminable posguerra, convertido en partido
único de la dictadura. Se comprende en el caso del partido llamado
Popular, puesto que su presidente fundador lució la camisa azul de
Falange con tanto garbo como los bañadores antilujuria en sus baños
públicos.
Requiere una explicación el
caso del partido autoproclamado Socialista, ya que los falangistas
asesinaron a muchos de sus militantes. Es que militaban en el partido
fundado por Pablo Iglesias, no en el refundado por Felipe González. Este
nuevo partido ya no es marxista, ni de izquierdas. Es el Real Partido
Sociata de la OTAN y Europa (RPSOE), liderado ahora por José Luis
Rodríguez, dispuesto a todo para mantenerse en el poder, incluso a
prohibir los partidos díscolos.
Una prueba de la firmeza de
los ideales socialistas acaba de darla Patxi López, secretario general
del llamado Partido Socialista de Euskadi (PSE), convertido en
lehendakari gracias al pacto con el partido conocido como Popular. Es
muy instructivo leer lo que López afirma en el libro recopilado por
María Antonia Iglesias y editado por Aguilar en el mes de febrero
pasado, con el título de Memoria de Euskadi. Explica su oposición
a Nicolás Redondo cuando fue secretario del PSE a comienzos de este
siglo, por mantener una buena sintonía con el partido que dice ser
Popular, lo que le llevó a enfrentarse con él hasta conseguir
desplazarle de su cargo. Asegura López en la página 838: “No he
entendido nunca esas cercanías con el PP”, y en la 843 afirma: “la gente
no entendía lo que habíamos estado haciendo hasta ese momento, la
connivencia con el PP en el seno del partido”. ¿Y a él quién le
entiende?
Lo único que se
entiende es que para los socialistas el fin justifica los medios.
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Arturo del Villar
es
Presidente del Colectivo Republicano