¿A quién creerías antes, a un ciudadano que denuncia torturas, o
a un policía que las niega? Es una pregunta complicada, pero
ante la que no suelen tener dudas los jueces: el viejo in dubio
pro reo se convierte en esos casos en un sistemático in dubio
pro policía.
Año tras año Amnistía Internacional publica el mismo informe,
tan sólo ampliado en cuanto a los nuevos casos aportados. En él
denuncian que la persecución de los malos tratos y torturas
policiales es un «agujero negro» en España, que favorece la
impunidad.
Y cada año, apenas hecho público el informe, los sindicatos
policiales y los responsables de Interior corren a negarlo. Su
lógica es aplastante: en España no hay condenas porque no hay
casos, son todo denuncias falsas. Y quién lo va a saber mejor
que ellos, que son precisamente los encargados de investigarlas.
Y es que ése es uno de los mayores agujeros denunciados por
Amnistía: que sean los compañeros del acusado quienes
investiguen lo sucedido. Ya saben cómo funciona el espíritu de
cuerpo: nadie ve nada, y el caso se archiva (...).
Como Amnistía Internacional y otros colectivos sociales piensan
seguir insistiendo en el tema, aconsejo a los sindicatos y
mandos policiales que los denuncien por agresión. Es lo que
suelen hacer los agentes cuando son denunciados: contradenuncian,
y el agredido se convierte en agresor. Es la mejor manera de
que, si un día te llevas una hostia en una mani o en comisaría,
te lo pienses antes de denunciar, no sea que acabes condenado
por causarle una luxación en el hombro al de la porra. No