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Una huelga contra todos
Rafael
Torres
Diarios
del Siglo XXI 15 de Enero de 2009
La Justicia
española es una de las peores de Europa, y, desde luego,
la peor para los españoles, que son los que la padecen,
pero los jueces nunca han parecido sentirse demasiado
concernidos por esa atroz circunstancia, como si de
ellos no dependiera, ni poco ni mucho, que la justicia
que administraban fuera mejor o peor. Los justiciables
en potencia, la ciudadanía, se quejaba amargamente de
sus dislates, la realidad hablaba de sentencías absurdas
y hasta ofensivas a la razón, la lentitud de su
maquinaria devoraba el derecho de las víctimas, la
severidad de los castigos a los pobres contrastaba
dolorosamente con la benevolencia usada con los ricos,
y, para colmar la aflicción general, de vez en cuando se
descubría la connivencia de algún juez con algún
facineroso. Sin embargo, los jueces nunca fueron a la
huelga, nunca alzaron la voz colectivamente, para
expresar su repulsa contra semejante sindiós.
Cuando hace un año la niña Mari Luz fue asesinada por un
tipo que pudo cruzarse con ella, y matarla, por el
pésimo funcionamiento de la Justicia, particularmente
por el del juez Tirado, la gente se rebeló y entregó en
masa sus firmas reprobatorias al padre de la niña (un
hombre tan templado, por cierto, como enemigo de la
resignación), pero los jueces, lejos de deplorar también
en masa la conducta de los que en tan mal lugar habían
dejado a la Justicia, lejos de movilizarse y capitanear
la reforma profunda de su administración, se descolgaron
imponiendo al juez responsable, irresponsable más bien,
una multa menor que algunas de Tráfico, mil quinientos
euros. Y ahora, un año después, acaso conscientes del
papelón que han venido haciendo y de la retirada de la
confianza que en ellos tenía depositada, necesariamente,
la sociedad, pero indignados y ensoberbecidos por el
alineamiento del gobierno con ella, pretenden una huelga
corporativa contra todos que algunos comparan
equivocadamente con la de los pilotos, pues la de éstos,
angelitos, afecta a los que vuelan nada más. |