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El honor de Samaranch
Uno de los
españoles más conocidos actualmente en el mundo, Juan
Antonio Samaranch, ha sabido aplicar a su vida el lema
olímpico de ir siempre más alto, más fuerte y más lejos.
Pasó de ser delegado nacional de Deportes de la dictadura
española a presidente del Comité Olímpico Internacional, y
al jubilarse le nombraron sus compañeros presidente de
honor.
Desde luego, es
un hombre de ideas claras y contundentes, a las que ha sido
fiel toda su vida, sin cambiarlas jamás en ninguna
circunstancia. Lo hemos comprobado una vez más al leer unas
declaraciones que hizo cuarenta años atrás, en las que
expuso su pensamiento político. Aparecieron publicadas en el
diario barcelonés La Vanguardia Española el 24 de
julio de 1969, recuadradas en la página 9, con este título:
“Por qué votó ``sí´´ don Juan Antonio Samaranch.”
Se refiere a
una votación en las llamadas Cortes de la dictadura, en las
que Samaranch era lo que llamaban procurador por el tercio
de cabezas de familias de Barcelona. Se votaba la propuesta
hecha por el dictadorísimo de designar sucesor suyo a Juan
Carlos de Borbón con el título de rey, para que perpetuase
su régimen tiránico. El procurador Samaranch expuso en el
diario ocho razones para aceptar la propuesta, entre las que
merece la pena recordar estas tres:
2) Yo creo
en los hechos. Francisco Franco nos ha ofrecido treinta años
de paz y de orden cívico, basamento principal del alto nivel
de vida y prosperidad que empieza a notarse por doquier en
nuestra patria y, muy concretamente, en nuestra región.
3) Franco,
que ha demostrado reiterada y prolongadamente una portentosa
clarividencia política –recordemos como ejemplo el haber
librado a España de verse envuelta en la segunda guerra
mundial --, ahora nos ha propuesto una fórmula de futuro
político para nuestra patria, cargada de aperturas y buenos
presagios: el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón,
futuro Rey de todos los españoles.
4) Como
representante público del pueblo acato todas las leyes. Esta
instauración del régimen monárquico fue ya votada por
abrumadora mayoría en 1947 y ratificada en el referéndum de
noviembre 1966. A esta ley fundamental juramos acatamiento
los procuradores cuando aceptamos el cargo.
No tenía en
cuenta el señor Samaranch que los “treinta años de paz”
habían sucedido a una guerra organizada por un grupo de
militares sublevados contra el orden constitucional, entre
los que se hallaba el futuro dictadorísimo. Ni que “el alto
nivel de vida” que empezaba a notarse en 1969 estaba por
debajo del alcanzado en 1936, antes de producirse la
rebelión militar, de modo que significaba un retroceso
social y económico, y no digamos político bajo la dictadura
que anuló todas las libertades. Ni que “la portentosa
clarividencia política” del dictadorísimo para no entrar en
la guerra mundial fue otra traición a sus cómplices
nazifascistas, que le habían proporcionado los medios para
triunfar en su rebelión contra la legalidad constitucional
aceptada por el pueblo en 1931. Ni tampoco que él no era
“representante público del pueblo”, sino de los organismo
creados por la dictadura.
El Comité
Olímpico Internacional vela por la limpieza en el deporte,
para evitar que los atletas consuman drogas. Pero no vela
por su honor, depositado en un fascista.
Madrid, 1 de
agosto de 2009.
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