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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Harakiri fiscal

Hugo Martínez Abarca

Quien mucho abarca 13  de septiembre de 2009

No está escrito en ningún sitio que toda subida fiscal haga caer electoralmente a un gobierno. Zapatero tenía ahora una ocasión de oro para subir los impuestos sin perder un ápice de popularidad (la única variable que suele determinar sus decisiones). Podría haber recuperado tipos más elevados para las rentas más altas (incluso las del trabajo, ¿por qué no?), haber elevado los tipos fiscales a operaciones especulativas, podría haber incrementado la plantilla de inspectores de hacienda para que busquen debajo de las piedras por qué sólo un 3% de españoles declara ganar más de 60.000 euros al año y modificar la ley para que quien gane esa cantidad tenga que declararlo.

Podría haber recuperado la democrática costumbre de hacer público cuántos impuestos paga cada español, para que hubiera una presión social al ver que las grandes fortunas españolas no son las de los mayores contribuyentes, haber devuelto a la inspección de hacienda el control de las SICAV y subir un tanto el  tipo que se le aplica, hacer progresivo el impuesto de sociedades para que no pague lo mismo El Corte Inglés que un pequeño negocio familiar…

No hay ninguna razón para pensar que estas medidas son impopulares. Además no serían percibidas como una improvisación, sino como una reforma fiscal fruto de convicciones políticas: podría vender el gobierno la idea de que los que más tienen pagan más para que todos conservemos e incluso veamos aumentados nuestros derechos sociales: parecería que tienen un proyecto político en la cabeza. Quedaría en evidencia el PP al negarse a que los impuestos sean más justos (y de un volumen más cercano al del resto de países de Europa) y proponer que se reduzca gasto público (¿cuál? No hemos escuchado al PP denunciar el gasto que supone enviar más tropas a Afganistán, así que debe de ser otro tipo de gasto el que quieren recortar). Además, tendría amordazada a la izquierda parlamentaria, que no podría negarse a apoyar una profunda reforma fiscal más justa y social.

Frente a esta opción el gobierno parece que hará lo que habría hecho cualquier gobierno social-liberal: subir los impuestos indirectos (los más injustos) y hacer que pague la subida fiscal “una parte importante de la ciudadanía” (eliminando la paga del 18 de julio, que fueron los 400 euros). Es decir, tras varios lustros de regresión fiscal vía bajada de impuestos directos (algo injusto pero vendible demagógicamente), Zapatero se acerca a una subida de impuestos regresiva, que no hay quien se vaya a tragar. Además anuncia que es temporal para que tengamos claro que él mismo piensa que es injusto y que sigue creyendoque bajar impuestos es de izquierdas.

Zapatero se suicida y uno es incapaz de entender por qué. Doctores tiene la iglesia y asesores electorales tiene Zapatero. Y esos asesores parecen tan idiotas que deben de ser unos genios.

 

 

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