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Fuenteovejuna
Rafael Torres
OTR Press
18 de
Agosto de 2009
Se sabía que en éste país
le cobran a uno por respirar, pero ahora también se sabe que a los
pueblos que se complacen en recordar su historia, y aunque ésta sea
legendaria, también les cobran. Existe, pues, un impuesto o tasa sobre
la memoria, que en el caso de Fuente Obejuna y Zalamea se establece por
la osadía de sus vecinos al representar cada año las obras teatrales de
Lope de Vega y Calderón de la Barca cuyos escenarios son sus pueblos,
esto es, ellos mismos. La Sociedad General de Autores de España, la
SGAE, les quiere cobrar los derechos de autor a los que son, de alguna
manera, sus autores.
Por representar "Fuenteovejuna" y "El alcalde de Zalamea", la insaciable
SGAE quiere que los vecinos de los mentados pueblos andaluz y extremeño
que hacen de ellos mismos según la fantasía, la estilización y el
libreto de Lope y Calderón, le apoquinen unos dineros, y aunque la
absurda demanda se machihembra con otras que tienen que ver con la
música de las verbenas, de cuyos derechos de autor la SGAE es cancerbera
implacable, contiene en sí misma el gen de la más acabada estupidez, a
menos que también se pretenda cobrar a los mozos pamplonicas por el
"Pobre de mí", o pagarle al Espíritu Santo los derechos por el Misterio
de Elche.
Por lo demás, la peregrina pretensión esgrimida por la SGAE de que lo
que se recauda son los derechos del adaptador o adaptadores de las
obras, no viene sino a desarrollar ese gen, pues, que se sepa, esos
adaptadores no pagaron a Lope y a Calderón por usar, no siempre con
respeto y buen tino, sus obras, de modo que podrían darse con un canto
en los dientes porque, desde el más allá, nuestros clásicos no se les
querellen. Por disfrutar del teatro, en fin, y de la porción de alta
dignidad que esas obras emblemáticas otorgaron a sus pueblos, los
vecinos de Fuente Obejuna y de Zalamea se tienen que retratar. La
cultura, sugiere la SGAE, es sólo para el que pueda pagarla, o, más
concretamente, para quien le pague a ella, que, como se sabe, liquida
sus derechos todos los años, religiosamente, a Lope y a Calderón.
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