Las
fronteras de la ilegalidad
Noticias de Navarra
29 de
Junio de 2009
LA
nueva reforma de la Ley de Inmigración, la cuarta que se llevará al
Congreso en apenas ocho años, ha sido presentada por María Teresa
Fernández de la Vega como una norma "equilibrada y garantista" derivada
de la necesaria trasposición al Estado español de las leyes europeas y
de la aplicación de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional. La
explicación de la reforma, sin embargo, no oculta que en el fondo, como
en el caso de los anteriores cambios que se han efectuado desde la
aprobación de la Ley de Extranjería en enero de 2000, se encuentra el
problema del Estado para poner coto a la inmigración ilegal. Sobre todo
tras comprobar que los medios dispuestos con profusión sólo han reducido
la afluencia de ilegales de forma limitada, incluso en época de crisis
como la actual. Curiosamente, la nueva Ley de Inmigración salió del
Consejo de Ministros apenas horas después de que el Congreso aprobara la
nueva Ley de Asilo, que regula este derecho y la protección de los
refugiados, cuando tanto la ONU como otros organismos internacionales ya
consideran los flujos de la inmigración -sobre todo los provenientes de
África y Asia- como pertenecientes a una nueva categoría de refugiados
obligados por las consecuencias del cambio climático y cuando, además,
buena parte de los inmigrantes ilegales que llegan de África lo hacen
huyendo de numerosos conflictos bélicos o raciales. Ello hace que la
línea divisoria entre el inmigrante ilegal y el refugiado con derecho de
asilo se convierta en un trazo apenas perceptible que no tiene, sin
embargo, la necesaria precisión en ambas leyes, lo que dificulta
sobremanera que la lucha contra la inmigración irregular no menoscabe
las políticas de acogida y atención humanitaria. De hecho, lo que sí
hace la nueva Ley de Inmigración o Extranjería, quizás llevada por un
cierto matiz populista ante el cambio que la recesión ha producido en la
percepción social de la inmigración, es aumentar la lucha contra los mal
denominados irregulares , prolongar el periodo de internamiento
antes de la expulsión y dificultar tanto su reagrupación familiar como
su acceso a una vivienda. Las propias asociaciones de inmigrantes
consideran la nueva ley un "recorte" de derechos acorde con el giro
efectuado en la materia por el Ejecutivo de Zapatero en esta segunda
legislatura.