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¿El fin de la Europa
liberal?
Vicenç Navarro
Attac 5 de
Enero de 2008
En realidad, los guardianes de
la ortodoxia liberal han sido personas socialistas o propuestas
por partidos socialistas
Un dato que ha
tenido gran relevancia para explicar la evolución de la
Europa Social es la evolución del desempleo en el promedio
de la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de
países con mayor nivel de desarrollo económico de la Unión
Europea. Históricamente el desempleo en los países que más
tarde serán los países miembros de la UE-15, había sido más
bajo que el nivel de desempleo de EE.UU. Ello fue cierto
desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años ochenta. A
partir de entonces, sin embargo, el desempleo en el promedio
de la UE-15 ha sido mayor, no menor que EE.UU. Ha sido una
constante desde entonces que el porcentaje de la población
activa en paro ha sido mayor en la UE-15 que en EE.UU.
Los economistas
liberales (que gozan de grandes cajas de resonancia en los
medios de información y persuasión en España) han atribuido
este hecho a la mayor desregulación de los mercados de
trabajo y menor protección social existentes en EE.UU. que
en la UE-15. De ahí sus propuestas que para disminuir el
desempleo en la UE-15 debiera copiarse las supuestamente
exitosas políticas públicas de EE.UU. y desregular los
mercados de trabajo europeos y disminuir la protección
social en este continente. Estas posturas liberales se han
generalizado en Europa y se han convertido en dogmas y como
tales se han reproducido a base de fe, y con escasa
evidencia científica que las apoyen. Este dogma de fe se ha
promovido también en este lado del Atlántico por la Comisión
Europea y por el Banco Central Europeo, que han reproducido
el consenso de Bruselas, y en EE.UU. por el Fondo Monetario
Internacional y por el gobierno federal de EE.UU., que han
reproducido el consenso de Washington. El informe del Fondo
Monetario Internacional sobre España reproduce, frase por
frase, tal dogma.
Los datos, sin
embargo, no apoyan el dogma. En realidad, en los países que
constituirían a partir de 1980 la Unión Europea, la
regulación de los mercados laborales y el nivel de
protección social en el periodo 1950-1980 eran más elevados
que durante el periodo 1980-2000, el periodo en que el
desempleo fue mucho mayor en tales países. Una
característica de este último periodo en aquellos países ha
sido precisamente el aumento de la desregulación de sus
mercados de trabajo y un descenso de su protección social.
Fue más fácil despedir a un trabajador (un indicador de
desregulación del mercado de trabajo) en los países de la
UE.15 durante el periodo 1980-2000 que durante el periodo
1950-1980, siendo el nivel de precariedad mayor en el
segundo que en el primer periodo. Y el grado de cobertura
del seguro de desempleo, del seguro de enfermedad y del
seguro de accidente laboral es menor en el periodo 1980-2000
que en el periodo 1950-1980, siendo la tasa de crecimiento
del gasto público per capita en protección social menor en
el segundo que en el primer periodo (ver Navarro, V. “Cómo
está evolucionando la situación social de la Unión Europea”,
en Borrell, J. Europa en la Encrucijada. 2008).
Según las tesis liberales, el desempleo tendría que haber
disminuido en la UE en la medida que los mercados laborales
se han ido desregulando y la protección social ha ido
disminuyendo. Pues no ha ocurrido así. Antes al contrario,
el desempleo ha aumentado, coincidiendo con la
institucionalización de aquellas políticas liberales en las
agencias y organismos de la UE, lo cual ocurrió precisamente
durante el periodo 1980-2000. En realidad, el desempleo
tiene poco que ver con el mercado de trabajo y con el nivel
de protección social. En la propia UE, los países nórdicos
de tradición socialdemócrata tenían mercados de trabajo
altamente regulados y con elevada protección social, y así y
todo, tenían un desempleo menor incluso que el de EE.UU.
La causa de que
la UE-15 tenga mayor desempleo que EE.UU. durante el periodo
liberal 1980-2000 no ha sido por lo tanto ni la menor
regulación del mercado de trabajo, ni la menor protección
social existentes en EE.UU. La causa, ignorada por los
economistas liberales, es que el gobierno federal durante la
totalidad del periodo 1950-2000 ha sido mucho más keynesiano
que el gobierno de la UE-15 durante el periodo 1980-2000.
Soy consciente que esta frase entra en conflicto con la
visión muy extendida en círculos económicos y políticos
europeos (incluyendo los españoles) que asumen que el
gobierno federal de EE.UU. es el gobierno liberal por
antonomasia, caracterizándose por su escaso desarrollo y
escasa intervención en el espacio económico de aquel país. Y
como prueba de ello se suele referir al hecho de que el
gasto público como porcentaje del PIB de EE.UU. es más bajo
que el de la mayoría de países de la UE-15 (36% del PIB
comparado con el promedio de la UE-15, 43%, España es sólo
un 38%). Pero tal dato es un indicador muy insuficiente del
intervencionismo del sector público en aquel país. El gasto
público incluye el gasto público social (compuesto por las
transferencias públicas y gastos en los servicios públicos
del estado del bienestar) y el gasto público no social (en
el que hay los servicios y transferencias a las empresas así
como el desarrollo de las infraestructuras públicas del país
y la administración del estado). El primero se llama
gasto social (que incluye la protección social y la
educación), y el segundo es lo que se llama en la literatura
anglosajona el core, el gasto esencial del Estado,
que incluye como elemento fundamental los servicios y
transferencias a la economía, es decir, a las entidades y
agencias económicas, así como el desarrollo y mantenimiento
de la infraestructura federal del país. Pues bien, el
primero, el gasto público social, es muy bajo en EE.UU., más
bajo que en la mayoría de países de la UE-15, y ello como
consecuencia de la debilidad del movimiento obrero y
ausencia de un partido laborista o social demócrata que
defendiese sus intereses. Tales intereses se reflejan
predominantemente a través de las izquierdas en el Partido
Demócrata, sin que tal partido, sin embargo, pueda definirse
como socialdemócrata.
El estado central
o core sin embargo es mucho mayor en EE.UU. que en
todos los países de la UE-15. Representan el 7,1% del PIB en
EE.UU., comparado con un 6,7% en Suecia y un 5,7% en España.
Y dentro de este core, el gasto militar representa
casi el 50% de tal gasto público, jugando un papel clave en
el desarrollo industrial del país, constituyendo la política
industrial más avanzada existente en la OECD. Es más, dentro
del gasto público social, un porcentaje elevado es en la
investigación médica (que incluye los famosos Institutos
Nacionales de Salud del gobierno federal, que son los
institutos de investigación sanitaria más importantes de
EE.UU. y del mundo) que ha sido un elemento clave para el
desarrollo de la industria biotecnológica de aquel país, de
las más avanzadas del mundo
Referirse al
estado de EE.UU. como un estado liberal no
intervencionista es desconocer la realidad de aquel país.
Aquel estado es de los más intervencionistas existentes en
la OECD. Y lo ha sido así desde el establecimiento del
New Deal por el Presidente Franklin D. Roosevelt. La
respuesta a todas las crisis económicas por parte del
gobierno federal de EE.UU. ha sido un aumento considerable
de este core gasto público. Sólo unos pocos
ejemplos. El New Deal invirtió el equivalente al
56% del PIB, la Segunda Guerra Mundial, el 129% del PIB, la
crisis financiera del 2008, el32% del PIB, y así un largo
etcétera. Tales medidas entre otras, convierten las
políticas públicas de aquel estado en profundamente
keynesianas. Complementando este incremento del gasto
público, existe la política del Banco Central de EE.UU., el
Federal Reserve Board, que tiene como objetivo no sólo el
control de la inflación, sino también la creación de empleo
a partir del estímulo del crecimiento económico. De ahí que
la bajada del precio del dinero junto con el crecimiento del
gasto público hayan sido las políticas keynesianas
tradicionales que el estado de EE.UU. ha seguido desde el
establecimiento del New Deal. La propuesta de Obama
es aumentar el gasto público (unos 700.000 millones de
dólares) en no sólo el core del gasto sino también
en el gasto público social (en construcción de escuelas y
centros sanitarios y en establecer un sistema electrónico
sanitario) junto con la bajada de intereses es típicamente
keynesiana y también típicamente estadounidense. Es muy
importante y urgente que se cambie esta percepción del
estado de EE.UU. como un estado liberal, pues ha sido este
propio estado el que ha ido promoviendo a través del Fondo
Monetario Internacional y del Banco Mundial durante los
últimos treinta años, unas políticas liberales que nunca se
han aplicado a su propio país. Tal como reconoció John
Williamson, uno de los gurus del consenso liberal de
Washington (que cristalizaba la doctrina liberal que
Washington promovía a nivel internacional) “EE.UU. no
practica en su casa lo que promueve fuera de ella”. No
podría haberse dicho mejor.
El consenso
de Bruselas ha sido tan negativo como el consenso de
Washington.
El problema es
que el consenso liberal de Bruselas ha hecho lo que ha
dicho, al revés del consenso de Washington. Las políticas
liberales en la Unión Europea se han institucionalizado
primordialmente a través del Pacto de Estabilidad y a través
del Banco Central Europeo. El primero ha significado un
obstáculo a las políticas expansivas del gasto público, al
no permitir a los estados a endeudarse por encima de un 3%
del PIB. Tanto por su cantidad (3% del PIB), como por su
nula sensibilidad hacia los diferentes tipos de déficit
(agrupando indiscriminadamente el gasto en inversiones con
el gasto corriente), el Pacto de Estabilidad es una medida
anti-keynesiana, de tipo neoliberal, que ha sido responsable
del elevado desempleo en la UE. La otra política liberal ha
sido el comportamiento del Banco Central Europeo, que ha
mantenido unos intereses excesivamente altos (más altos
históricamente que los del Federal Reserve Board
estadounidense), consecuencia de priorizar el control de la
inflación, a costa de una mayor destrucción de empleo. No es
un objetivo prioritario del Banco Central Europeo el crear
empleo a partir del estímulo de la economía. Esta política
dificulta, cuando no imposibilita, el crecimiento de la
demanda, base de las políticas keynesianas. El consenso
de Bruselas, que se basa en la aplicación de las políticas
neoliberales desarrolladas en las instituciones europeas
cuyos pilares son el Pacto de Estabilidad y las políticas
monetarias del Banco Central Europeo, son los responsables
del enorme desempleo en la UE y el bien documentado
deterioro de la situación social de la UE. Esta es la
realidad ignorada, cuando no desconocida, por el pensamiento
neoliberal que se ha reproducido, no sólo en los círculos
conservadores, cristiano demócratas y liberales, sino
también socialistas y laboristas europeos.
En
realidad, los guardianes de la ortodoxia liberal han sido
personas socialistas o propuestas por partidos socialistas.
El Sr. Pedro Solbes, que había sido Ministro de Economía del
gobierno socialista español (responsable del mayor recorte
de gasto público que haya habido en la España democrática
durante el periodo 1993-1995, cuando el gasto público social
por habitante descendió en términos absolutos pasando de
3.039 euros estandarizados en 1993 a 2.931 euros
estandarizados en 1995, mientras que el promedio de la UE-15
pasó de 4.677 a 4.989 durante el mismo periodo) fue el
comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios en la
UE-15, máximo guardián de la ortodoxia liberal responsable
del cumplimiento del Pacto de Estabilidad. Y le ha sucedido
el Sr. Almunia, también socialista que, incluso ahora, en un
momento de crisis profunda, insiste en la necesidad de que
se respete el Pacto de Estabilidad, permitiendo una mínima
flexibilización. Ambos han sido también defensores de las
políticas monetarias del Banco Central Europeo. El Sr.
Solbes, Ministro de Economía del Gobierno Socialista
(después de abandonar la Comisión Europea), ha sido uno de
los economistas más resistentes a aumentar el gasto público
en España, habiendo declarado en una entrevista a El
País que la medida de la cual estaba más orgulloso era
precisamente el de no haber aumentado el gasto público, y
ello en el país que tiene el gasto público más bajo de la
UE-15. E incluso hoy, en medio de una enorme crisis, el Sr.
Solbes ha presentado gran resistencia a aumentar el déficit
del estado para permitir un mayor crecimiento del gasto
público que facilitara un mayor estímulo de la economía. Tal
resistencia ha sido responsable de que la respuesta del
gobierno Zapatero a la crisis haya sido tan tardía y tan
moderada. Compárense los 550.000 millones de dólares del
gobierno Obama en inversión pública destinada a crear empleo
en nuevas inversiones públicas con los 15.000 millones de
euros del gobierno Zapatero para el mismo fin, y ello en un
país que tiene una tasa de desempleo de casi el doble que
EE.UU. La cifra equivalente para España de lo que Obama
propone, serían alrededor de 100.000 millones de euros. En
realidad, ningún país europeo ha propuesto tal cifra para
crear empleo a través del gasto público. De ahí que es
probable que EE.UU. mantenga un desempleo menor que la
UE-15, lo cual será explicado, una vez más, por los
economistas neoliberales como consecuencia de la mayor
desregulación del mercado de trabajo y menor protección
social en EE.UU. que en la UE.
Dos últimas
observaciones. Una es que no parece haber consciencia entre
sectores socialistas europeos (incluyendo los españoles) del
grado de institucionalización de las políticas liberales en
la UE Es sorprendente que en el programa a las elecciones
europeas del Partido Socialista Europeo, no se proponga un
cambio en el ordenamiento institucional de la UE en aquellos
elementos, como el Pacto de Estabilidad y el Banco Central
Europeo, que sostienen el neoliberalismo en la UE. No se
puede decir que se está a favor del reforzamiento de la
Europa Social –tal como el programa indica- y a la vez dejar
sin modificar aquellas instituciones.
Y la segunda
observación es que en España hemos tenido unas enormes
discusiones sobre la distribución de la tarta nacional entre
las CC.AAs. Dirigentes políticos de todas las sensibilidades
políticas (incluyendo barones socialistas) han sacado pecho
en defensa de su CC.AA., y en cambio ha habido un silencio
ensordecedor (también por parte de barones socialistas)
sobre el problema mayor que es el hecho de que el tamaño de
la tarta sea excesivamente bajo. Y ello como consecuencia,
en parte, de la ortodoxia liberal encuadrada en las
instituciones de la Unión Europea. ¿Hasta cuando
continuará este silencio que rige todavía hoy la UE? Sería
también urgente que hubiera más voces dentro del socialismo
europeo (incluyendo el español) y del sindicalismo europeo
(incluyendo el español), criticas de la orientación
neoliberal de las instituciones económicas y monetarias
europeas.
Vicenç Navarro
es Catedrático de
Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra
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