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Fauna
especialmente protegida
Ramón Pedregal Casanova.
UCR
18 de Marzo de 2009
Los abispos, curos y manjas están más protegidos que el lince
ibérico, y mucho más, infinitamente más que los trabajadores.
Pos ejemplo: un avispo, un curo o una manja, miembros de una
misma especie, frente a un trabajador tienen el grado de
protección máxima que puede recibir cualquier ser, téngase en
cuenta que es una especie que entre sus características anuncia
ella misma la castidad; mientras que el trabajador recibe de las
mismas instituciones, estatales y privadas, desplantes, rebajas,
malos tratos, violencia continua en forma de contratos de
miseria, despidos, impuestos, eliminación de percepciones,
persecución, desamparo total, el, ella, y sus hijos.
El gobierno es protector del abispo y sus congéneres, por eso da
para su conservación 5.000 millones de euros, multiplique por
166 y lo convertirá en pesetas, y es enemigo del trabajador que
expulsado de su medio de vida no encuentra refugio, amparo,
ayuda, y sobrevive mal, deambula hambriento y hambrienta en
número oficial de un millón, más casi tres millones que
atenazados por el subsidio de desempleo solo puede esperar que
se le termine.
El abispo solo tiene parangón en la mula, fruto del cruce de
especies que da hijos estériles, no reproductivos; más aún, nada
más que en ese punto se encuentran puesto que la mula trabaja y
produce y el abispo y sus congéneres no trabajan y por tanto no
producen, son parásitos de los trabajadores. El abispo y sus
congéneres cantan, como la cigarra.
El masculino de cigarra es cigarro, y el cigarro se hace humo
cuando cumple su función en la vida. El femenino de abispo no es
avispa, ese animal, más aún, es un insecto, solo el término lo
dice, es de otra especie, el femenino de abispo, de curo en
escalón más bajo de la especie, es chuperiora, o manja en el
escalón más bajo, ninguno de ellos se hace humo porque al
contrario que la cigarra y el cigarro no tienen más cometido en
la vida que el de vivir a costa de nosotros, perdón, si cumplen
un cometido: atemorizar a la población general desde la
infancia para que no rechiste cuando se quedan con lo que es de
todos, eso es chantaje.
Sigamos, la manja, fruto ¡cómo no! de cruces, cruces he dicho,
de especies distintas, es un animal no apto para la
reproducción, volvemos a lo mismo, aunque la excepción hace a la
regla y cada tanto de su ser inútil nace una nueva criatura,
que, desgraciada, sabrá del rechazo de la madre y la comunidad
manjil.
El abispo, el curo, y la manja, tienen ritos ancestrales y los
muestran en sus cuevas o en la calle según las ocasiones con
mayor o menor alarde de aparato: se adornan con telas de
colores, sacan cirios, cruces, esparcen humos de olor dulzón a
lo brujo, gesticulan a lo brujo, y meten miedo al inocente o
crédulo que han modelado desde su más tierna infancia emitiendo
unos sonidos lastimosos, quejumbrosos, y si advierten que la
presencia humana sometida pierde tensión y mira a otros lados,
entonces, esto es verídico, esta comprobado históricamente, su
¿cacareo?, no, su … chillido gutural, rugido, atruena amenazante
amenazante,… Ya en alguna ocasión se han sumado los abispos y
sus recuas a otras especies parásitas, es la fauna especialmente
protegida, que se extinguían y de manera aviesa, enloquecida y
traidora, atacaron y asesinaron a muchos seres humanos que
también nos denominamos trabajadores. Pero no se olvide que
siendo como son, unos y otros, antisociales, seres inútiles,
tienen la particularidad de ser individuos en los que habita la
vileza, no hacen ascos a arrastrarse ante otro más fuerte tal y
como decía Swift: “La ambición suele llevar a las personas,
léase aquí abispos,…, a ejecutar los menesteres más viles. Por
eso, para trepar, se adopta la misma postura que para
arrastrarse.”
La selección natural, que diría Darwin, los haría desaparecer,
no pueden alimentarse por si mismos, pero lo que es cierto es
que ahí están, porque la historia requiere de un empujón para
que la desaparición se cumpla. El papanatismo, el monarbanquismo,
necesitan un empujón, las especies parásitas especialmente
protegidas se llevan todo lo producido en sociedad. ¿Seremos
capaces de mirar lo que tenemos y arrimar el hombre con el fin
de dar el empujón, y dejar de atender a los cacareos de abispos
y demás especies inútiles, que se cruzan con los de sus
delegados gubernamentales y así doblan su efecto? 5.000 millones
de euros de vellón, para empezar, bien les permite, de vez en
cuando, montar un numerito con el fin de que sus delegados
gubernamentales parezcan salvarnos la cara. ¿Seremos capaces…?
Depende de nosotros.
Abispos, curos, manjas,… ¡hasta cuando!
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