El avión
Rafael
Torres
OTRPress 1 de Junio de2009
Parece razonable que los aviones oficiales se usen sólo para los viajes
oficiales, como también que los coches oficiales no se utilicen, por ejemplo,
para ir a misa los domingos, cual se ha denunciado que hace Juan Cotino, el
consejero de Bienestar Social del gobierno valenciano, quien tal vez confunde el
bienestar social con el personal, y aun con el espiritual, en éste caso. O dicho
de otro modo: no es que esté feo que Zapatero y Cotino utilicen los vehículos
del Estado, cuyo funcionamiento pagamos todos, para sus asuntos particulares, ir
a mítines y a misa respectivamente, sino que ello debería de estarles
rigurosamente prohibido, siendo lo raro que no lo esté y que la cosa sirva
únicamente para que se llamen de todo los unos a los otros en la actual campaña.
Se sabe que entre nuestros políticos la voluntad de servir humildemente es
mínima, y su sentido patrimonialista del poder máximo, y, desde luego, también
se sabe que la hija de Aznar fue a su boda escurialense y horterísima (con "el
bigotes" incluido) en coche oficial, o que se cortaron calles en la Córdoba del
PP para que Cascos se casara a gusto, por no hablar de las muchas que se
cerraron al tráfico, siendo públicas, en los fastos nupciales de Felipe y
Letizia. Porque se sabe eso, y porque no conviene olvidar lo que se sabe, lo
poco que sabemos, habrá que deplorar particularmente ésta ocurrencia de Zapatero
de usar para fines particulares y sectarios, cual son los mítines de su partido
para unas elecciones a las que el presidente ni se presenta, un avión oficial
del ministerio de Defensa. Y se ha de deplorar "particularmente" por varias
razones: por su cargo, por el argumento absurdo e innecesario que proporciona a
su amigo Rajoy, y porque dijo un día que el poder no le iba a cambiar, que no
iba a fallar a la gente, y ahí está, que no hay quien le apee del avión en el
que viaja, para sus cosas, de balde.