Cuando los
futbolistas iban a la huelga por las razones correctas
Ian McMillan
Sin Permisio
9 de Noviembre de 2009
Ante el anuncio del Gobierno del Reino de España –presionado por
el grupo parlamentario a su izquierda compuesto por Izquierda
Unida-Iniciativa per Catalunya Verds y Esquerra Republicana de
Catalunya— de que se suprimirá la norma fiscal conocida por “Ley
Beckham”, el mundo del fútbol de la liga española se ha
conmocionado. La llamada “Ley Beckham” se refiere al artículo 93
de la Ley 35/2006 de 28 de noviembre del Impuesto de la Renta de
las Personas Físicas por el que los llamados "trabajadores no
residentes" pueden hasta el momento tributar a un tipo del 24%
en vez del 43% que es al que, por sus niveles de renta, deberían
tributar. Una gran mayoría –más del 70%— de esos “trabajadores
no residentes” son futbolistas.
Ganan más de 600.000 euros anuales; algunos, muchísimo más. La primera
reacción de la Liga de Fútbol Profesional fue amenazar con una huelga
del fútbol. De momento, todo ha quedado en un amago, acompañado de una
oferta de negociación para buscar “compensaciones”. Con este motivo,
hemos querido recordar una huelga del fútbol muy diferente, que tuvo
lugar a principios del siglo XX. Los intereses, los protagonistas y los
objetivos eran muy otros. La historia hay que buscarla en la Working
Class Movement Library, lo que ya da alguna pista…
Dos hombres de
mediana edad sentados en el tren dirección Bolton hablan de los sueldos
de los jugadores de la Premier League. “100.000 libras a la semana”,
dice lentamente uno de ellos, moviendo la cabeza. Su compañero asiente:
“¡Por ese dinero lo que quieres es ver equipos que ganen 9 a 8 cada
semana!” El joven con la camiseta del Manchester United en el asiento de
enfrente no responde. Éste es el mundo del fútbol tal y como él siempre
lo ha conocido: ricos sin igual, todos ellos muy lejos de sus orígenes.
Quizás
estos tres pasajeros deberían bajarse del tren en la estación de Salford
Crescent y andar hasta la Working Class Movement Library. Una pequeña
exposición, comisariada por la directora de la biblioteca Lynette
Cawthra, aporta luz a una parte olvidada de la historia del Manchester
United.
La primera reunión de
la Association Football Players Union [Sindicato de jugadores de
fútbol de la liga profesional] en 1907 fue presidida por el jugador
del Manchester United Billy Meredith, el “mago escocés”, a la sazón una
de las primeras superestrellas del fútbol. El sindicato hizo campaña
contra algunas las reglas de la FA [Asociación del Fútbol,
equivalente de la española Liga de Fútbol Profesional, por sus siglas
inglesas], como el techo salarial de 4 libras o la falta de
compensaciones económicas a los jugadores lesionados.
En 1909 la FA
retiró su reconocimiento del sindicato porque no le gustaba que se
cuestionase su autoridad y obligó a los jugadores a que o abandonasen el
sindicato o cancelasen su ficha en la liga profesional. Muchos jugadores
abandonaron el sindicato, pero no todos. Heroicamente, todo el equipo
del Manchester United se negó a hacerlo.
Esta asombrosa
historia se lee por momentos como si de un guión de cine se tratase. Se
dice que Charles Roberts, ídolo local y capitán del equipo, supo por un
periódico local que había sido suspendido tras la publicación de un
informe sobre él. Él y el resto del equipo fueron a discutirlo con la
directiva en las oficinas del club sólo para encontrarse con que allí
habían dejado solo a un desafortunado joven oficinista al cargo.
En Behind the Glory, el espléndido libro sobre la historia de la
Professional Footballers' Association de John Harding, se recoge esta
historia citando una fuente de la época. ”Bueno, algo tendremos que
hacer”, dijo Sandy Turnbull (destacado goleador) mientras tomaba de la
pared una fotografía y salía con ella debajo de su brazo. El resto del
equipo lo siguió y pocos minutos después gafas, cepillos y muchas otras
cosas se pusieron a la venta en un pequeño hostal que había en la
esquina del campo de fútbol para financiar su huelga.
Los jugadores, a pesar de estar suspendidos de sueldo por el club,
continuaron entrenando por su cuenta. Una tarde, un fotógrafo
apareció para tomar una instantánea del grupo. Roberts, que nunca perdía
una oportunidad, hizo un letrero en el que rezaba “The Outcasts FC” [FC
Marginados].
El equipo de la fotografía ahora nos mira
fijamente en el salón de la biblioteca de Salford, recordándonos que los
comienzos de lucha han terminado en las abultadas billeteras de los
actuales jugadores y la estructura del fútbol tal y como hoy la
conocemos. Como Roberts dijo: “Hay que tratar de recordar que la unión
es la fuerza, y que sin ella nada puede hacerse.” Pero permitamos que
sea Meredith quien tenga las últimas y lúcidas palabras: “Lo más triste
de todo esto es que muchos jugadores rechazan tomarse las cosas en serio
mientras se contentan con vivir una vida de escolar y hacer lo que les
piden que hagan... en vez de pensar y actuar por ellos mismos y por su
clase.”
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Ian McMillan
es poeta y colaborador de The Guardian.