Es muy
frecuente que el ciudadano de la calle se considere
impotente ante acontecimientos internacionales por
indignantes que le parezcan; esa impotencia se acompaña
igualmente de un sentimiento de irresponsabilidad ante
lo sucedido: al fin y al cabo no es su gobierno ni su
ejército el que está tirando bombas contra inocentes. Si
no tiene culpa y no puede hacer nada, su única opción es
la resignación o, a lo más, acercarse a alguna de las
manifestaciones convocadas. Pero estará equivocado, en
este mundo globalizado pocas crisis se escapan a la
corresponsabilidad de la comunidad internacional; el
papel de los gobiernos europeos es importante y el
sistema comercial y financiero del que formamos parte no
es ajeno a nada de lo que sucede. Además, en democracia,
los ciudadanos son responsables de las decisiones de sus
gobiernos.
Una vez
entendido esto, es el momento de analizar cuál ha sido
el comportamiento del gobierno Zapatero y de la Unión
Europea con respecto a las partes en conflicto. En
primer lugar, podemos observar en el
informe estadístico del Ministerio
de Industria y Comercio
(página 57), que España vendió a Israel armamento de
Defensa por valor de 4.353.309 euros en el año 2007. De
esa partida, 4.224.029 euros fueron para equipos de
registro y proceso de imagen, formación de imágenes de
infrarrojos o térmicos y sensores de imagen por radar.
Por lo tanto, podemos deducir que los equipos militares
de localización mediante infrarrojos sistemas térmicos y
los sensores utilizados para alcanzar los mil muertos
que hay en Gaza,
el 42 % de ellos mujeres y niños
según las autoridades sanitarias palestinas apoyadas por
el coordinador de la ayuda humanitaria de las Naciones
Unidas, se los ha
proporcionado el gobierno español. Otra de las partidas
vendidas, por 104.880 euros, es la destinada a “fusiles,
carabinas, revólveres, pistolas, ametralladoras,
silenciadores, cargadores y visores”, más otros 36.400
euros para municiones. Por lo que algunos de esos mil
muertos probablemente han sido abatidos con armas y
municiones enviadas por España. A todas estas
exportaciones hay que añadirles otros casi seiscientos
mil euros en material calificado de doble uso, civil o
militar.
En cuanto a
2008, el último informe remitido por el gobierno al
Congreso revela que en el primer trimestre del año se
vendió a Israel material bélico por valor de 1.551.833
euros, prácticamente en su totalidad destinado a las
Fuerzas Armadas. En esta ocasión, según fuentes
militares, también era para “equipos de formación de
imágenes de infrarrojos y térmicas, y equipo sensoriales
de imagen por radar utilizados para la localización
nocturna de objetivos” [1] , ademásde armas de
cañón del tipo de fusiles, pistolas y ametralladoras.
A todo ello hay
que añadir el papel de la Unión Europea, de la que
España forma parte. Según las últimas estadísticas de
Bruselas,
en 2007 los Estados miembro
autorizaron la exportación de armas a Israel por valor
de 200 millones de euros
[2] . Francia es, con mucho, el principal proveedor
al Estado judío de armas europeas. Aunque existe un
código de conducta de la UE sobre exportación de armas
desde 1998, lo supervisa los Estados miembros, no
Bruselas, de modo que cada país hace lo que quiere. Así,
Bulgaria, Alemania, Polonia, Rumanía y Reino Unido
exportaron a Israel armas pequeñas y munición. La
República Checa, Alemania, Rumanía y Eslovenia
suministraron a Israel "armas ligeras", esto es,
aquellas que requieren de dos a tres personas para
manejarlas, como bombas, torpedos o accesorios
explosivos; y Bélgica, Francia y Rumanía enviaron
aviones y material relacionado con ellos.
El portavoz de
la Campaña contra el Comercio de Armas con sede en Reino
Unido, Kaye Stearman, señaló desde su página web que
“Naciones Unidas y observadores imparciales han
documentado regularmente cómo las acciones militares de
Israel han violado el derecho humanitario internacional.
A pesar de que el propio Criterio Consolidado de
Licencias de Exportación de Armas de la UE y Nacional de
Reino Unido se supone que evalúa tanto el impacto que
tienen las ventas de armas en la paz, la seguridad y la
estabilidad regionales, como los antecedentes de respeto
de los derechos humanos del país, parece que todo esto
se ignora en el caso de Israel” [3] .
Lógicamente
para que Israel pueda pagar todas esas armas necesita
fondos. La UE es hoy el primer socio comercial de
Israel, después de firmar en 1995 un Acuerdo de
Asociación Económica Preferencial que entró en vigor en
el año 2000. Dicho acuerdo, aplicado en el marco de la
Política de Vecindad Euro-Mediterránea, se desarrolla a
través de un Plan de Acción Común aprobado por ambas
partes (Israel y la Unión Europea) y renovable cada tres
años. Lo curioso es que ese tratado, en su artículo 2,
establece la suspensión en el caso de que una de las
partes vulnere los derechos humanos y el derecho
internacional. A pesar de ello, ni el gobierno español
ni autoridad ejecutiva alguna europea ha puesto en
marcha dicha medida. Es más, en octubre de 2006 se firmó
un
acuerdo de cooperación militar
entre la OTAN e Israel
[4] , gracias al cual
militares españoles viajaron en
verano de 2007 a entrenarse a Israel
[5] .
Ahora veamos el
papel de la diplomacia española y europea. El 12 de
enero, con 917 palestinos muertos,
el Consejo de Derechos Humanos de
la ONU, con sede en Ginebra, denunciaba las “graves
violaciones” de Israel en Gaza,
pero lo hizo con la abstención de los representantes de
la UE, esos mismos que, en cambio, sí votaban las
condenas a Cuba cuando las proponía Estados Unidos en la
anterior Comisión de Derechos Humanos. La resolución fue
propuesta por los países árabes, africanos y asiáticos y
aprobada con 33 votos a favor, trece abstenciones (los
países europeos, Japón y Corea del Sur) y un voto en
contra (Canadá). EEUU no forma parte de ese organismo.
El texto
indicaba que el Consejo “condena firmemente las actuales
operaciones militares israelíes [...] que han causado
violaciones masivas de los derechos humanos del pueblo
palestino y la destrucción sistemática de las
infraestructuras palestinas” y también pedía que “se
ponga fin al lanzamiento de cohetes contra civiles
israelíes, que ha causado la muerte de cuatro civiles”
[6] , aunque advertía de que los ataques israelíes
habían causado alrededor de 900 muertos y 4.000 heridos,
y esto parece que no gustó a los representantes
europeos.
En cuanto a
acciones diplomáticas individuales del gobierno español,
ni siquiera se ha considerado llamar a consultas al
embajador israelí. Países como Venezuela o Jordania han
retirado a su embajador en Tel Aviv o expulsado al
represente israelí.
La conclusión a la que
podemos llegar es evidente: los europeos garantizamos la
buena salud de la economía israelí mediante un acuerdo
comercial preferencial, gracias al cual le vendemos
armamento y entrenamos conjuntamente nuestros militares;
después, nos negamos a condenarlo en la ONU. Ahora,
vayamos a mirar las fotos de los niños palestinos
muertos y nuestras manos.