|
La crisis universitaria y Bolonia 2
Juan-Ramón Capella
El Viejo Topo
24 de Febrero de 2009
Se
publica aquí la segunda parte de este artículo; la primera
figura en la página de
UCR (pincha)
2.
Bolonia
2.1. ¿Homogeneización?
Se dice que la
homogeneización de las titulaciones superiores en el territorio
de la Unión Europea resulta conveniente dado el supuesto de
movilidad de las personas en su territorio. Los sistemas
educativos de cada Estado miembro son diferentes, distintos en
muchos casos las titulaciones, y distintas lo que se supone que
reflejan los títulos: las capacitaciones.
La homogeneización
no es sin embargo una necesidad absoluta y que haya de ser
satisfecha de un modo brusco. Es obvio que los licenciados en
medicina, por mucho que estén homogeneizados sus saberes en el
“espacio europeo”, no podrán ejercer en cualquier país si no
saben cosas elementales: por ejemplo, cómo se dice ‘hígado’ en
inglés, en alemán o en flamenco o polaco. El ejercicio de la
medicina, por seguir con el ejemplo, ha sido abierto en España a
muchos —y buenos— médicos árabes sin necesidad de homogeneizar
los sistemas de formación de los médicos en España y Marruecos.
Abogados españoles, por otra parte, intervienen en acuerdos
jurídicos privados internacionales sin tener que homogeneizarse
con nadie (por ejemplo, no con sus equivalentes brasileños o
chinos). Y empresas españolas emplean a ingenieros indios, con
sueldos mucho más bajos que los de aquí.
En el proyecto
de “espacio europeo de educación superior” hay muchas cosas que
se pueden poner en cuestión. No está nada claro que la
“contabilidad” de los créditos haya de ser la misma en
todo el espacio europeo. Ni que se adopte el pésimo y
plutocrático modelo universitario norteamericano (college
+ especialización). Lo que la homogeneización haría posible, en
cambio, sería un sistema de concurrencia entre las universidades
europeas, de modo que las más “competitivas” acaparen todos los
recursos y las que lo sean menos emitan títulos devaluados de
antemano. Como en Norteamérica, no sería lo mismo un licenciado
por Harvard, Yale o el MIT que por Maine u Nuevo México.
Y tampoco
está claro quiénes han hecho realmente el planeamiento del
rimbombante “espacio europeo de educación superior”. ¿De dónde
han salido los papeles de Bolonia?
2.1.1. La governance
El modo en que se
acordaron las políticas de “Bolonia” es característico
del déficit democrático de los gobiernos
europeos. Se recurrió a expertos, esto es, a autoridades
académicas de los distintos países, sin abrir debate alguno ni
socialmente, en los medios de comunicación, ni políticamente, en
los parlamentos de los Estados. Se utilizaron sencillamente las
técnicas políticas de la gobernancia (governance). La
governance pretende que en la elaboración de las decisiones
participa la “sociedad civil”, pero la verdad es que la
“sociedad civil” de la gobernancia neoliberal está
formada sólo por “expertos” y demás gentes distinguidas, y en la
toma de decisiones no se admite en modo alguno la participación
externa o crítica. Eso da de sí la elaboración de las medidas
por supuestos expertos afines a los grandes poderes sociales y
su imposición sin debate a los afectados; con mucha publicidad
institucional, claro es. Publicidad prevista de antemano:
Bolonia alberga justamente a la más antigua de las universidades
europeas.
2.2. El mercado mundial de servicios educativos
La urgencia
de las transformaciones diseñadas por “Bolonia” viene impuesta
por una razón completamente distinta: la política económica
neoliberal transmitida por una directiva del Banco Mundial que
exige la integración de la educación superior en el mercado
mundial de servicios.
Eso les
viene muy bien a los gobernantes, que prefieren dedicar las
recaudaciones fiscales a cosas más rentables políticamente que
la mejora de la educación.
Dicho de otro modo: el
principal objetivo de “Bolonia” es que la educación superior
pase de ser una actividad promovida por el Estado a ser una
actividad mercantil como otras. Hasta ahora el Estado
atiende a necesidades culturales generales aunque algunas de
ellas, como la filología, la historia, la filosofía o la
musicología, sean vistas como antieconómicas desde puntos de
vista estrechos. La ecología lo fue en su día, y así vamos.
Hoy las
titulaciones están siendo analizadas en términos de
“rentabilidad”: de la relación entre los gastos realizados y los
ingresos que generan. (Parece que una empresa privada, KPMG
Asesores s.l., ha realizado un estudio de este tipo para la
Generalitat de Catalunya).
De ahí la
principal aportación de “Bolonia”, que es sólo un primer
paso: iniciar una diferenciación en la educación superior
empezando por una reestructuración general de los grados
académicos.
De una parte habrá unas
licenciaturas o diplomaturas disminuidas, con menor
contenido que las actuales, en las que aún se dejará sentir el
carácter público de la educación. Y quienes puedan completarán
su formación mediante masters mercantiles, necesarios
para una formación más completa, en la que intervendrá el
mercado, esto es, en el que será la demanda
resultante de la canalización de los recursos la que establezca
qué enseñanzas de máster ofertadas por las universidades
subsisten y cuáles no.
2.2.1. El coste futuro de estudiar
Ello va
a traducirse en lo siguiente: ante todo en el precio de
los servicios educativos. El objetivo es trasladar a los
estudiantes una parte mayor de los costes de la educación
superior. Se pretende que ésta deje de tener un precio
político para aligerar el sistema fiscal público. Para eso
las matrículas de máster pasarán a costar normalmente
bastante más que los cursos actuales de licenciatura o
doctorado, y el precio de las matrículas de los cursos de
licenciatura o diplomatura se elevará.
El montante
de esa elevación, puesto que se trata de futuro, no es
fácilmente determinable hoy, pero se puede barruntar que el
precio del crédito de un máster oficial (público)
multiplicará entre 1,5 y 2,8 el precio del crédito de la
licenciatura.
Para publicitar el cambio
se insiste en que serán creadas líneas de crédito bancario para
que los estudiantes puedan pagar la elevación de las tasas. O
sea, que además de hipotecarse de por vida en el futuro para
acceder a una vivienda propia, los estudiantes tendrán que
endeudarse de inmediato, además y previamente, para completar
sus estudios. Eso con la perspectiva de los empleos
mileuristas que el mercado de trabajo les ofrece.
Este cambio,
si se llega a implantar, agigantará el clasismo y las jerarquías
sociales basadas en el dinero. Las minorías pudientes irán a
estudiar al extranjero o a universidades privadas y comprarán
los masters más caros. El resto tendrá que conformarse
con las licenciaturas y diplomaturas devaluadas que establece el
sistema de Bolonia.
2.2.2. Algunas pequeñas miserias
Hay que
hablar también de pequeñas miserias.
Una de
ellas es la existencia de masters privados, una variante
autorizada hoy en las universidades. Estos masters
privados son una forma de obtener sobresueldos. Para los
alumnos valen unos 240 euros por clase recibida. Por coordinar
un master de este tipo se puede llegar a cobrar hasta
6000 euros, y hay profesores que han coordinado hasta
treinta; alguno de los especialistas en este tipo de
tenderetes ha llegado a rector. Casi ningún titular de estos
másters quiere convertirlo en un máster público:
prefieren mantener su corralito particular.
Hay también
centros superiores privados que acogen a profesores
universitarios de dedicación a tiempo completo para dictar
sistemáticamente cursos, series de conferencias o colaborar en
tutorías. Como el tiempo empleado en la universidad no es
controlado, ni tampoco el cumplimiento del estatuto de
dedicación a tiempo completo, también aquí hay espacio para los
sobresueldos.
2.3. ¿Calidad de la enseñanza?
No hay
nada en “Bolonia” que garantice un incremento de la calidad de
las enseñanzas universitarias.
En realidad,
lo que interesa en este momento no es la calidad de la
enseñanza, sino el incremento de la recaudación.
Para la
homogeneización de los grados se están poniendo
en práctica medidas “pedagógicas” consistentes en recortar la
autonomía de los docentes mediante programaciones de sus
enseñanzas que ponen énfasis en las competencias (un
término que procede de la llamada “economía de la educación”) o
consecuencias prácticas obtenidas de ellas. Eso deja de lado que
determinadas investigaciones avanzadas, características de la
educación superior —como pudieron ser en su día las geometrías
no euclídeas, la ecología, los estudios de género u hoy ciertos
modelos económicos matemáticos—, pueden carecer momentáneamente
de consecuencia práctica alguna. También hay que decir que estas
nuevas y modernas “programaciones” no son en muchos casos más
que un mero cambio de fachada, uniformista y burocrático, de los
programas reales de docencia.
Por otra
parte reaparece en las universidades la vieja enseñanza por
libre del franquismo en forma de “cursos no presenciales”:
cursos que no son impartidos, sino meramente vendidos y
examinados, naturalmente con criterios muy laxos, en vez
de atender en serio las necesidades de los estudiantes que
compaginan el estudio con el trabajo, que son cada día más.
La mayor parte
de estas “innovaciones” proceden de las Facultades de Pedagogía,
con su énfasis en las metodologías docentes y no en los
contenidos transmitidos, que tan notables resultados han
cosechado ya en la calidad de la enseñanza media.
2.3.1. Recorte de plantillas
Para reducir
los costes de las universidades se estimula las prejubilaciones
del profesorado, al objeto de disminuir el volumen de los gastos
docentes. Parte del coste de los salarios de los prejubilados
como eméritos son trasladados al sistema de clases
pasivas del Estado. El emeritaje deja de ser un modo de
conservar en las universidades el saber acumulado por ciertos
profesores particularmente competentes para convertirse en una
pieza del sistema de recorte real de las plantillas de
profesores.
2.4. La imposición de “Bolonia”
Las autoridades
políticas y académicas van a tratar de contraponerse a las
justificadas protestas de los estudiantes contra el “proceso de
Bolonia” con las dos armas que tienen a su disposición: la
publicidad y la policía.
La publicidad,
para conseguir que “Bolonia” sea “bien entendida”. Quienes se
contraponen a “Bolonia” son presentados como gente torpe que no
ha comprendido bien las bondades del cambio. Pero la publicidad
no interrumpe la aplicación de las medidas boloñesas ni estimula
un debate en el que participen los universitarios y también la
sociedad. Los instrumentos de mediación sociales existentes hoy
—fundamentalmente los partidos políticos— distan mucho de
progresar adecuadamente hacia la comprensión de los
verdaderos problemas de las gentes. Probablemente un debate
sobre el proceso de “Bolonia” exija la constitución de
comisiones y reuniones que lo animen: un movimiento para empezar
de los universitarios, pero abierto a sectores sociales externos
a las universidades.
La policía
será usada si se consigue presentar las protestas como
“violentas” o “minoritarias”. Una parte del actual profesorado
de las universidades apoyará su intervención, pues para muchos
profesores nadar con la corriente es lo que hay que hacer
para preservar su status actual.
Es necesario
que el debate y la crítica se mantengan dentro de los límites
del pacifismo y el respeto democrático hacia los demás. La
violencia sólo puede servir como provocación contra el
movimiento universitario, para justificar la represión. Lo que
ocurre en Grecia en el momento de redactar estas notas no es
precisamente un ejemplo.
2.4.1. Adquirir perspectiva; proyectar el futuro
Los universitarios
de toda Europa ven con ojos críticos el “proceso
de Bolonia”. Los estudiantes y profesores que exigen la revisión
de los acuerdos boloñeses no se pueden aislar, sino explicarse y
relacionarse con otras experiencias y con otros movimientos
sociales. La mercantilización de las universidades se debe
detener. El objetivo de los poderes no es privatizar las
universidades, sino gestionarlas con criterios procedentes de
las empresas privadas. Por eso las autoridades juran que las
universidades no se privatizarán. Callan que les basta el
objetivo de que funcionen como empresas en un mercado de
servicios educativos.
Las universidades
han de ser la sede principal de la crítica intelectual, cultural
y política de su actual conformación. Y han de promoverla las
gentes más disponibles para ello: los universitarios. En mi
opinión los estudiantes deben ingeniar e instrumentar
actividades culturales no competitivas, otras también
auto-reflexivas, y la crítica del profesorado material o
culturalmente absentista.
La renovación
de las universidades ha de tener en perspectiva los grandes
problemas del mundo contemporáneo: el manojo de los problemas
ecológicos y demográficos, las enormes desigualdades sociales
del mundo globalizado, el fracaso de la actual configuración de
empresas y mercados, la militarización del mundo, las
migraciones y la efectiva pluralidad cultural de las sociedades
opulentas, la insuficiencia de las actuales instituciones
políticas. La crisis de la civilización que conocemos habrá de
ser afrontada por personas de formación más sólida que las que
predispone el espacio europeo de educación superior.
-------------------
NOTA:
Publicamos aquí la segunda parte de este trabajo, que ha
aparecido impreso completo en el número de enero de la revista
El Viejo Topo.
|