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Científicos Maltratados
Emilio del Barco
UCR
2 de Octubre de 2009
Nada está en calma, nada está muerto, la energía subsiste. Nunca el
mundo fue una balsa de aceite. Desde el subsuelo, relleno de magma
ardiente, hasta la estratosfera, con sus inmensas descargas eléctricas.
La Tierra está llena de vida, y la vida, de energía inquieta. Cuando
sentimos rechazo inexplicado hacia alguien o algo, es que percibimos el
efecto de fuerzas contrarias a nuestro ser. Hay montañas, que sentimos
como abismos sin fondo.
La inflexibilidad no suele
acompañar a los hombres inteligentes, y, desde luego, no es la cualidad
más valorada de ningún político. Luce mejor entre religiosos y
militares. Y estos no son especialistas en producir felicidad, sino
inquietudes y temores. Sin compasión. Lo primero es la regla y el
escalafón. A quien ocupe el campo de la política, para cultivar sólo sus
cosechas, hay que retirarle el campo y la cosecha.
La historia oficial
de los pueblos está demasiado militarizada. Parece como si todo lo
importante que hayamos hecho, a través de los siglos, se redujera a
batallas, conquistas y luchas. Matar a otros humanos, en suma. Para
apoderarnos, con justificaciones increíbles, de lo que otros poseían. La
lectura de hemerotecas y libros de historia, resulta un viaje por lo
inverosímil. Que ‘pacíficos’ hombres de fe alienten a los ejércitos,
para extender, con las armas, sus convicciones, me ha parecido siempre
perversamente contradictorio. La fe es beligerante.
Cuando el ‘estar’
adquiere más importancia que el ‘ser’, se ha perdido la identidad. Si la
política se convierte en mercadeo, olvidemos las ideologías. ¿Por qué es
siempre más imponente un general que un científico? Las batas blancas
de laboratorio, no tienen tantos adornos, ni sus portadores tanta ira en
la mirada. Si diéramos menos importancia a la teatralidad de los
uniformes, tendríamos tiempo para ver que el progreso de la Humanidad,
en su conjunto, no país por país, ha venido siempre de las manos de
seres discretos, estudiosos, concentrados: Los científicos. Démosles un
mayor protagonismo en la Historia: el que se merecen. La ciencia sí es
universal. Actualmente, como casi siempre, se reducen los presupuestos
de investigación y desarrollo, mientras se respetan los irracionales
proyectos militares. ¿Qué mejor defensa puede haber, contra todo lo
negativo, que tener un pueblo preparado, a la cabeza de los
conocimientos? Lo que sirve para matar, no puede mejorar la vida.
Para que el Parlamento no se convierta en una sala de juzgado, lo
primero y principal sería, básicamente, que los parlamentarios no se
conviertan en justiciables. Procurando ser justos. Los egocéntricos
irremediables, goznes de frío acero insensible, que hacen girar el mundo
a su ritmo, lo tienen claro: los importantes son ellos, los demás, sólo
comparsas. El resto vamos de autómatas invitados. Quienes se crean
imprescindibles, intentarán seguir probando. Los pueblos pueden ser
engañados, pero no eternamente. Expansión, aumento de gastos militares,
e imposición de ideas propias a pueblos sometidos. Esas pautas, son
insostenibles. A largo plazo, el país resulta desangrado. En vidas y
capitales. Emilio del Barco. 30/09/09.
mailto:emiliodelbarco@hotmail.es
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