|
La chabola y
el Palau.
Rafael Torres
OTR / Press
23 de
Octubre de 2009
No es probable que a Félix Millet, el presidente saqueador del
Palau de la Música de Barcelona, le afecte gran cosa que el juez
le haya retirado el pasaporte. Sin él se puede viajar a muchos
sitios, pero ¿para qué huir del país donde se usa tanta
condescendencia con el que roba millones? Al que roba poco, unos
cables de cobre o unos jamones en una nave de las afueras, se le
entrulla sin contemplaciones, pero al que roba mucho, como el
confeso Millet, que no sólo se apropió de sumas fabulosas, sino
que despojó a los ciudadanos de su derecho al disfrute y a la
educación musical, se le retira el pasaporte como si se le
diera, en puridad, un tirón de orejas. Este personaje, de lo
"mejor" de la alta burguesía catalana, y su mano derecha, Jordi
Montull, desviaron del Palau y del Orfeó a sus bolsillos, según
el fiscal, unos diez millones de euros entre pitos y flautas, y
esa debe ser la razón por la que a Millet no se le veía nunca en
los conciertos: estaba mangando. Y antes es la obligación que la
devoción.
A Millet se le acusa prácticamente de toda clase de delitos
dinerarios, de la estafa al blanqueo, del soborno a la
financiación ilegal de partidos, y, por gamberrito, el bondadoso
juez le ha retirado el pasaporte. En la cárcel se malea uno, y
no es cosa de que un señor tan honorable vagabundee por un patio
junto a vulgares chorizos. Sin embargo, a ese juez clemente y
comprensivo le ha debido pasar inadvertido un dato que
convertiría a Millet en espantosamente vulgar y, en
consecuencia, en firme merecedor del presidio: una parte de lo
que robó a la música y al bello templo modernista del Palau se
lo gastó en reformas para su casa y las de sus familiares, a
algunos de los cuales, por cierto, tenía colocados en el Palau
con sueldos de aquí te espero. ¡Reformas! Por ahí, por esa
vulgaridad inmarcesible, empezó a caer Marisol Yagüe, la
ex-alcaldesa de Marbella, pero ésta, en lo tocante a la Música y
las Bellas Artes, no era presidenta del
Palau, sino palmera de un coro rociero. Llevaba Millet
al frente del Palau treinta años, pero en todo ese tiempo no se
le pegó nada de la belleza del lugar. Sólo tenías ojos y oídos
para el dinero, para las reformas, para el jacuzzi y el gres, y
a lo mejor por eso, porque no robó para comer exactamente, la
cosa se ha saldado, de momento, con la retirada del pasaporte.
|