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Síntomas
Marta del Castillo
Cartelera Turia
5 de Agosto
de 2009
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El pasado 21 de
julio el diario más leído de la provincia de Alicante publicaba
en portada una foto espeluznante del momento en que varios
agentes del Cuerpo Nacional de Policía cargaban contra decenas
de pasajeros en la Estación Marítima. Los pasajeros del ferry
con destino a Orán no habían podido zarpar en el buque que
diariamente une Alicante con la ciudad argelina a causa de una
avería y llevaban varios días retenidos en el muelle soportando
altas temperaturas en unas condiciones de precariedad extrema.
Mientras, la Autoridad Portuaria se limitaba a responsabilizar
del caos a la compañía que se encarga de las conexiones con el
norte de África y a activar el hilo musical en el interior de la
Estación Marítima. Como si una melodía pudiera apaciguar la
desesperación de las familias que, después de haber conducido
más de mil kilómetros y haber pagado más de mil euros por el
viaje en barco, se ven atrapadas en una estación de embarque sin
sillas suficientes, sin un servicio de limpieza decente y sin
aire acondicionado. |

La policia nacional cargó contra los pasajeros del ferry a Orán
(Foto: Cristina de Middel). |
Imaginemos que el destino de
los pasajeros no es una ciudad del norte de África sino del norte de
Europa. Imaginemos que la clase social de los pasajeros es otra.
Seguramente nada de esto hubiera ocurrido, porque tanto las autoridades
locales como la naviera hubieran desplegado todos los medios a su
alcance para evitar que un nutrido grupo de ciudadanos europeos tuvieran
que esperar durante varias jornadas en semejantes condiciones. Pero,
sobre todo, los efectivos del Cuerpo Nacional de Policía nunca hubieran
arremetido con sus porras contra los pasajeros.
Hace más de diez años el periodista alemán Carl Amery publicaba un libro
que hoy sorprende por su capacidad visionaria: “Lamentablemente, pero
con toda lógica, las llamadas elites, embriagadas por el DAX, el aumento
de la incidencia del cáncer y otros juegos de status, son las últimas en
enterarse de lo que ocurre en esta casa nuestra, la biosfera”. Para Carl
Amery es evidente que un sistema como el que nos rige, asentado en leyes
puramente economicistas, no es defendible desde un punto de vista moral.
Pero lo grave es que, a partir de un riguroso análisis de las
condiciones que permitieron el ascenso del nazismo, llega a la
conclusión de que nuestra sociedad, desnortada y asediada por graves
problemas medioambientales, migratorios y de desigualdad, no está
vacunada en absoluto frente a un resurgimiento de liderazgos de corte
fascista: “Este mundo del bienestar está mucho menos preparado para
rechazar la oferta básica de la fórmula hitleriana de lo que lo estaba
la confundida sociedad de 1933”. El incidente en la estación marítima de
Alicante es un síntoma que apunta en esta dirección, y es que no hay
duda de que, ante los conflictos que vienen, no serán pocos los que
reclamen soluciones que pasan por la insolidaridad, la violencia y la
exclusión. Por eso es tan importante frenarlos y evitar que sus
rudimentarias ideas se infiltren en el tejido social. Es una tarea de
todos, pero el papel del sistema judicial es especialmente
trascendental.
La Audiencia Provincial de Madrid acaba de condenar a quince miembros de
una organización neonazi por asociación ilícita y tenencia ilícita de
armas. La sentencia, que ha declarado la ilegalidad de la banda por
fomentar la violencia, es la primera en España que condena por
asociación ilícita a un grupo neonazi. Hay motivos para alegrarse, pues
se trata de un dictamen pionero contra la xenofobia en nuestro país.
Pero también hay motivos para preocuparse. Durante los registros
realizados tras las detenciones en los domicilios de los procesados se
hallaron desde armas blancas hasta pistolas de fogueo, además del
abundante material con simbología nazi. Y que en pleno siglo XXI existan
grupos de jóvenes que coleccionan banderas con esvásticas, documentación
antisemita y películas que glorifican las figuras de Adolf Hitler y
Benito Mussolini, no es un buen síntoma.
MARTA CASTILLO
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