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De Camps a Azaña. Las amistades políticas peligrosas
Arturo del
Villar
UCR
5 de
Agosto de 2009
Se ha recibido
con disparidad de opiniones la exculpación de Francisco
Camps, presidente de la Comunidad de Valencia, de los cargos
de cohecho de que está siendo todavía acusado. Es el último,
por ahora, de la larga serie de procesos en los que se han
visto involucrados los dos principales partidos políticos
que se alternan en el poder en la monarquía del 18 de julio,
instaurada hace ahora cuarenta años por el dictadorísimo.
El señor Camps
fue acusado de recibir regalos de un amigo conocido por El
Bigotes, que también se los hizo a sus familiares y a otros
altos cargos de la Comunidad de Valencia. Hemos leído la
transcripción de algunas conversaciones telefónicas
mantenida por ellos, en las que se demuestra que algunas
amistades son peligrosas para los políticos. Ahora es
protagonista un dirigente del partido que dice ser Popular,
pero en otras ocasiones lo han sido personalidades del
apodado Socialista. Y también los amigos de otras
personalidades políticas.
Son tan
continuos los casos de corrupción que protagonizan ambos
partidos, que no permiten descansar a los jueces de todas
las instancias y de todas las comunidades. Precisamente por
eso ya los ciudadanos ni nos escandalizamos ni nos
sorprendemos. Nos han convencido de que así tiene que ser la
monarquía del 18 de julio, y no podemos esperar otra cosa.
La política quedó desprestigiada a causa de los cuarenta
años de partido único presidido por el dictadorísimo, y
ahora refuerzan el desprestigio los partidos que se alternan
en la monarquía derivada de la dictadura. Nos parece
inevitable que reine el cohecho en esta España.
Pero es
inevitable evocar otros momentos históricos no muy
distantes, pero sí muy diferentes. Recordar, por ejemplo, lo
que afirmó don Manuel Azaña en un mitin organizado por
Acción Republicana en Santander, el 30 de setiembre de 1932,
importante por varios motivos, entre ellos porque expuso los
dos postulados inexcusables en la conducta de los partidos.
El primero dijo que es no defraudar la esperanza popular, y
después de explicarlo se refirió así al segundo: “Este otro
postulado para los partidos es la más rígida austeridad
política, la mayor severidad en las costumbres políticas, la
abnegación más dura, la disciplina más severa. Sin esto, el
pueblo español nos volvería la espalda. El pueblo español
perdona con más facilidad a un asesino que a un cohechador;
el pueblo español se conduele más de un criminal que vierte
la sangre que de un hombre que se aprovecha de sus
posiciones políticas para mejorar su posición social.”
Lo malo del
presente es que los dos partidos alternantes en el poder son
igualmente cohechadores, por lo que escuchamos de continuo
cómo se dicen el uno al otro: “Y tú más.” Es el motivo del
desdén por la política y del aumento de la abstención en las
elecciones: ya que ambos tienen su clientela fija, los
restantes no pasan de ser el complemento, así que resulta
inútil darles el voto.
Qué actualidad
conservan las palabras pronunciadas por Azaña hace casi
setenta y siete años, cuando advirtió a sus
correligionarios: “El partido de Acción Republicana jamás
será un partido de amigos, y mucho menos un partido de
amigos del señor Azaña. […] El jefe del Gobierno, en
política, no tiene amigos ni los quiere.” Eso era posible
con la República. En la monarquía es forzoso ser amigo de
alguien con poder para cohechar. Y cuanto más alto sea el
poder, mayor será el beneficio.
Madrid, 4 de
agosto de 2009.
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Arturo del
Villar
es Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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