FC Barcelona y Athletic de
Bilbao: lo que no pudieron impedir que se acabara viendo y
oyendo
Daniel Raventós
Sin permiso
18 de Mayo de
2009
El 25 de
junio de 1939, en
la
Barcelona acabada de ocupar por las tropas
franquistas, el General Moscardó, el que encabezó en Toledo
la sublevación militar fascista contra
la II
República, en representación del dictador,
hizo entrega al equipo de fútbol del Sevilla de una
competición que con este nombre duró solamente un año:
"Trofeo de S.E. el Generalísimo". No se había permitido la
participación en este trofeo de ningún equipo catalán por
tratarse Cataluña de una "región secesionista" fiel a
la
República. Al año siguiente, esta
competición, por eso decía que fue única, ya se llamó "Copa
del Generalísimo". Tres años antes todavía se había llamado
"Copa del Presidente de
la II
República". Desde 1976 hasta hoy, con la
restauración borbónica, vuelve a llamarse como había sido
conocida desde 1903 hasta 1932: "Copa de S.M. el Rey".
El 13 de mayo de 2009, casi 70 años exactos
después de que el General Moscardó hiciera entrega del "Trofeo de S.E. el
Generalísimo", el actual Rey de España, Juan Carlos I de Borbón, entregaba el
trofeo al capitán del FC Barcelona, Carles Puyol. Dos horas antes, cuando el
Rey, símbolo de la unidad de España, según reza
la Constitución
española (1), hizo acto de presencia en el estadio valenciano de
Mestalla para presidir el encuentro, junto a su esposa
la Reina, empezó
a sonar el himno nacional español. El mismo himno que sonó hace 70 años en el
acto deportivo presidido por el General Moscardó, el mismo que Franco restauró
vencida militarmente la II República. Televisión Española resistió dos segundos
la reacción de las aficiones vasca y catalana, inmediatamente cambió de conexión
y mostró el estadio de San Mamés en Bilbao, en donde había instalada una
pantalla gigante. Estupor. ¿Qué había motivado esta supresión de la habitual
imagen del Rey y el himno español en las finales de este tipo de competición
deportiva? Oficialmente, "un error humano". Este error supuso la destitución
inmediata del director de Deportes de la televisión pública española (TVE),
Julián Reyes.
¿Error humano? Veamos. Se había habilitado
una megafonía para que el himno español sonara con una potencia capaz de
destrozar los tímpanos más encallecidos, pero aún así, la inmensa pita que ambas
aficiones, la vasca y la catalana, dedicaron a los símbolos de la unidad de
España, himno y Borbón, fue tan impresionante que TVE consideró que debía
evitarse tamaña afrenta antimonárquica. La pitada, además, iba acompañada de
otro gesto simbólico: darle la espalda al Rey mientras sonara el himno o marcha
real (2). Como decía el diario Público, en su edición
del 14 de mayo, "lo insólito es que, como si se
tratara de un olvido, o quizás de China, la televisión pública ofreció la escena
del himno en diferido en el descanso. Sólo se escuchó la música, nada de
pitidos." Y en otro momento: "Todo fueron planos muy cortos o muy largos. No
querían dar publicidad a algunas pancartas". La policía requisó más de 5.000
senyeres (la bandera catalana) que llevaban esta inscripción:
Catalonia is not Spain (Cataluña no es España).
Al día siguiente, pudo verse en alguna televisión
que tanto la pitada como la ostentación de darle la espalda al Rey fueron
acciones seguidas por muchísimos miles de aficionados de ambos equipos, por la
gran mayoría. También pudo verse miles de ikurriñas (la bandera
vasca) y miles de senyeres. Ni una bandera española, sí algunas
banderas republicanas. También pudo verse una pancarta inmensa, compartida por
ambas aficiones: We are nations of Europe. God bye Spain (Somos
naciones de Europa. Adiós España). Unas aficiones que convivieron a lo largo de
todo el día y en el mismo campo de fútbol, sin separaciones, en completa
armonía. Lo que las televisiones no pudieron evitar ofrecer fue la vuelta de honor de los
jugadores del Barcelona, con ikurriñas y senyeres en
sus manos, aplaudiendo, después de haberlo hecho a su afición, a la del Athletic
de Bilbao y correspondiendo ésta con una prolongadísima ovación. Fue realmente
soberbia la lección pacífica de hermandad entre aficiones y de desprecio común a
la monarquía.
Las reacciones, no por previsibles menos
fanáticas, de algunos políticos españoles, no solamente los de derechas,a este acto democrático de rechazo a la monarquía fueron para recordar.
Decía el líder de la derecha española, Mariano Rajoy: "La inmensa mayoría de los
españoles, voten lo que voten, están con el Rey, con España y con el himno
nacional". Puede que así sea en general, pero es evidente que en Mestalla, por
lo visto y oído, para hacer una afirmación de este calibre se precisan unas
cualidades fabulosas de percepción extrasensorial. Mayor Oreja, también del
Partido Popular y primer candidato de este partido a las próximas elecciones
europeas, un filofranquista sin reparos que afirmó en octubre de 2007 que se
negaba a condenar la dictadura franquista porque "representaba a un sector muy
amplio de los españoles", expresó "su enorme tristeza" por los sucesos de
Mestalla. Este candidato del PP hace campaña explicando lo orgulloso que se
siente de su bisabuelo por haber prohibido hablar, hasta en casa, el euskera.
Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del PP, declaró solemnemente: "la gente que
hizo la pitada no entiende ni de política ni de deporte." Es decir, por un
misterio que ella sabrá, existe una alta correlación estadística entre pitar al
Borbón y al himno como variables explicativas, y no entender de deporte y de
política como variables a explicar. ¡Quién dice correlación! ¿Por qué no
causación? Se supone que quien no silbó ¡entiende de deporte y de política!
Sublata causa, tollitur effectus.
Las reacciones de alguna prensa
(3)
también merecen ser destacadas, aunque fueran más que predecibles. Marca
es el diario deportivo más vendido en el Reino de España, y decía el
día posterior al partido: "La tremenda pitada con la que saludaron la presencia
del primero de los españoles, el Rey don Juan Carlos, y con la que acompasaron
el himno de España sólo refleja la intolerancia de algunos. Lo que debía ser la
fiesta del fútbol español se convirtió en una demostración de la falta de
respeto que algunos tienen por lo que no comparten. Esto es fútbol y no
política, así que dejemos las demostraciones de nacionalismo para otros
ámbitos." Todo un buen ejemplo de una sedicente lógica aplastante que está
ampliamente extendida: usted es nacionalista si pita al Rey, no lo es (y además
es tolerante) si se emociona con el himno y la monarquía españoles; usted es
nacionalista si se siente vasco o catalán, no lo es (y además es tolerante) si
se siente español; usted es nacionalista si quiere una selección para Cataluña o
Euskadi, no lo es (y además es tolerante) si vibra con la selección española;
usted es nacionalista si enarbola en los campos de fútbol las banderas catalana
o vasca, no lo es si esgrime la bandera española (y además de tolerante hasta
puede llegar a sentirse, ¡qué narices!, todo un campeón del internacionalismo
que puede mirar por encima del hombro a los "localismos anacrónicos"). Un gran
monumento a la incoherencia que, como digo, está increíblemente extendido.
En el campo de Mestalla, el pasado 13 de mayo, se
enfrentaron el Barça, tres días después de aquella final ya también campeón de
la Liga, considerado en la actualidad por muy buenas razones como el mejor
equipo del mundo, y el Athletic, futbolísticamente, hoy por hoy, muy por detrás
del anterior. El Barça ganó por 4-1, pero eso ya forma parte de una historia que
casi todo el mundo sabe.
Notas:
(1)
El artículo 56.1 de
la Constitución
española dice: "El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad
y permanencia..." (2) Es famosa también la pitada con la que en
1925, en plena dictadura de Primo de Rivera, la afición del FC Barcelona recibió
la música de
la Marcha Real,
es decir, el himno español. El entonces campo del FC Barcelona, Les Corts, fue
clausurado por seis meses por tan antimonárquico comportamiento de la afición
catalana. (3) El ultra Jiménez Losantos no pudo menos que seguir
con su pertinaz monomanía al declarar en la COPE: "Esto es lo que habéis
sembrado. Ahora los separatistas campan por sus respetos." Y en otros medios
digitales tan o más ultras que la clerical COPE se clamaba para lograr impedir
que jugaran otra final (sic) el Barça y el Athletic.