Bancos zombis
Juan
Francisco Martín Seco
La
Estrella Digital
24 de Octubre de 2009
Los gobiernos del mundo nos
están engañando. Nos han dicho que era preciso salvar a los bancos -lo
que podía ser cierto-, pero han terminado por salvar a los banqueros
(los accionistas) y a los administradores, lo que no sólo era
innecesario sino también ilícito.
La aseveración de que era
preciso emplear miles de millones de euros o de dólares de los
contribuyentes en sanear las entidades financieras debería haber
obligado a los mandatarios a adoptar tres decisiones. La primera, pedir
disculpas y mostrar arrepentimiento por haber abdicado de sus funciones
y haber desatendido un sector tan estratégico, dejándolo sin control en
manos privadas, sobre todo, teniendo en cuenta que el desaguisado íbamos
a pagarlo después todos los ciudadanos. La segunda, exigir
responsabilidades a los gestores que habían conducido a la ruina a las
entidades financieras y, desde luego, forzar, antes de sacar un euro de
las arcas públicas, que los administradores abandonasen sus puestos y
los accionistas perdiesen su dinero. La tercera, intervenir
quirúrgicamente de modo inmediato, sin prolongar la agonía. Si tan
necesario resulta para la economía sanear el sistema financiero, no se
puede permitir la permanencia de bancos
zombis que, con tal de no mostrar sus vergüenzas, están ahogando
financieramente a las empresas y a las familias restringiéndoles el
crédito.
Pues bien, las autoridades
españolas no han tomado ninguna de esas tres decisiones. Con respecto a
la primera, lejos de pedir perdón, nos han hecho creer que el sistema
financiero español gozaba de muy buena salud, que su único problema era
de solvencia y que la actuación del Tesoro iba a consistir tan sólo en
préstamos y avales, sin que ello acabase costando un euro al
contribuyente. La Caja de Castilla-La Mancha dejó al descubierto el
infundio al demostrar la necesidad de la ayuda pública. El Gobierno creó
el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) con una aportación
inicial de 9.000 millones de euros, ampliables hasta los 99.000 en los
años próximos. Cantidad tan fabulosa y periodo tan dilatado de tiempo
indicaban bien a las claras que el mal era mucho más profundo de lo que
se había afirmado.
En cuanto a la segunda
decisión, desde el principio era muy claro que no estábamos dispuestos,
como sí lo estaban algunos de nuestros vecinos, a seguir el camino de la
nacionalización con el cese y la liquidación de administradores y
propietarios. Hasta ahora, las operaciones de rescate que han salido a
la luz hacen referencia a las cajas de ahorro. Estas entidades poseen
una naturaleza jurídica muy especial. No son privadas, pero tampoco
públicas. Tienen lo peor de las dos. Carecen del control de las
verdaderas entidades públicas, pero están sometidas a los intereses
provincianos de los políticos de la periferia. Que sepamos, porque todo
se lleva con bastante secretismo, tres son las operaciones ya realizadas
o a punto de finalizar, y que van a necesitar recursos del FROB, es
decir, de los contribuyentes: la intervención por el Banco de España de
la Caja de Castilla-La Mancha y dos fusiones, la de Caixa Terrasa con
Caixa Sabadell, Caixa Girona y Caixa Manlleu, y la de Caixa Catalunya
con Caixa Tarragona y Caixa Manresa.
Las fusiones son la forma de
ocultar la verdadera realidad de la operación, que una o más cajas de
las fusionadas están pasando por graves dificultades económicas y
necesitan la ayuda del Estado: 750 millones de euros la intervención de
la Caja de Castilla-La Mancha, 500 millones la primera de las fusiones y
más de 1.500 millones la segunda. Compárense estas cantidades con la
destinada a incrementar la cobertura del seguro de desempleo, 640
millones de euros, y se verá la falacia de esa llamada a la solidaridad
para subir los impuestos. Esos recursos no van tanto a gastos sociales
como a sanear las entidades financieras.
Siguiendo la lógica de lo
anteriormente señalado, por lo menos se debería haber prescindido de los
ejecutivos y del consejo de administración. Resulta bastante
incomprensible que Narcis Serra continúe al frente de la nueva entidad.
Si el dinero lo pone el Estado, la nueva caja debería pasar a poder del
Estado, y si va a quedar en manos de la Diputación de Barcelona, de
Tarragona y de algunas otras corporaciones catalanas, de manera que
puedan seguir dando subvenciones mutuas a las fundaciones de CiU y del
PSC, pues entonces que sean las diputaciones las que pongan el dinero.
En cuanto a la tercera
decisión, es evidente que las autoridades españolas están retrasando el
saneamiento de las entidades financieras y permitiendo que oculten con
diversas triquiñuelas su verdadera situación. Las agencias de
calificación no me dan ninguna confianza, pero lo que Moody's acaba de
señalar públicamente era un secreto a voces. Con este comportamiento se
está intentando salvar a los administradores y a los accionistas, pero
al restringir consecuentemente el crédito se hace un daño enorme a la
economía y se prolonga aún más la crisis económica. Más valdría que el
gobernador del Banco de España no se preocupase tanto de los problemas
del mercado laboral y sí de controlar a las entidades financieras y no
permitir la supervivencia de bancos
zombis.
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