Gracias le sean dadas al super juez Garzón, por haber
dejado claro, nuevamente, su talante absolutamente
antidemocrático, partidista, neo franquista y pelín
prevaricador. Profesionales como él son imprescindibles
para dejar claro a las futuras generaciones, cómo no
debe actuar un representante de eso que en la España
borbónica dice llamarse justicia, clavada a miles de
kilómetros de lo que representa ese término en otros
países donde, a pesar del neoliberalismo salvaje, no
cometen demasiados atentados contra la libertad como los
que se producen diariamente en los predios borbónicos,
por autos y procesos como el que acaba de firmar el
citado leguleyo, para encarcelar a ciudadanos que
representan a una buena parte del electorado vasco,
independentista y de izquierda, matices con los que el
Azote Inútil de Pinochet no estará jamás de acuerdo,
dada su singular tendencia por las aberraciones
jurídicas y la negación de los derechos fundamentales de
la persona. Qué ministro de Justicia se pierde
Micheletti…
Catedráticos de Derecho Constitucional como Javier Perez-Royo,
cuya reflexión y análisis pormenorizado sobre el esperpento
llamado Ley de Partidos (que Videla o Somoza hubiesen
firmado encantados), dejaron claro hace años que lo que ha
dictado Garzón es, por encima de todo, ilícito, inmoral,
carente de un gramo de la deontología profesional que se
debe suponer en alguien que detenta uin cargo como el suyo,
por la simple razón de que su decisión se fundamenta en la
solidez de la clara de huevo. Una verdadera justicia jamás
debería condenar por meras suposiciones, juicios de
intención o manipulación torticera de los hechos imputados.
Lo amoral no ha abandonado al magistrado ni siquiera cuando,
disfrazado como tal, quiso apoyar las justas aspiraciones de
los familiares de las víctimas de la dictadura franquista,
algunas de las cuales fueron condenadas a muerte o a
prisión, por tribunales compuestos por árbitros de una
catadura moral parecida a la que exhibe sin recato alguno el
mentado Garzón.
El que
pudo ser un excelente camarero o empleado de gasolinera,
sirve hoy a los intereses políticos y jurídicos de una
legalidad impuesta a golpe de leyes aberrantes, de
desinformación, edificada por los herederos de Franco sobre
la sangre de cientos de miles de demócratas que dieron su
vida por la libertad. Resulta claro y nítido este nuevo
gesto de corte totalitario, encerrando a personas inocentes
de los cargos que se ha sacado de la manga, contribuyendo a
que el conflicto en Euskal Herría se enquiste hasta la
eternidad.
Jueces
como él son a quienes el propio Relator de Naciones Unidas
contra la Tortura señala con el dedo, cuando denuncia que en
España se practican los malos tratos y la violencia
gratuita, de forma sospechosamente habitual, por parte de
aquellos que deberían luchar por la dignidad de la persona.
Pero en el reino de Juan Carlos, la mayoria de los medios,
dirigentes, policías, diputados, partidos, etc. abandonaron
ese combate, para reposar en la palestra donde se viola y
conculca hasta el derecho a pensar de forma diferente. A
ellos no les importa la ausencia del habeas corpus y la
práctica de la picana, que se aplica en cuartelillos y
comisarias, prisiones y establecimientos del ramo, no sólo
según los datos que obran en poder del funcionario de la
ONU, sino de organizaciones tan poco sospechosas de
colaboración con el independetismo vasco como Amnesty
International.
El
juez Garzón no tiene siquiera el valor de su colega Adolfo
Prego de Oliver, quien alaba a Franco sin importarle un
bledo el genocidio que cometió su ídolo. Pero Baltasar no
posee el coraje para procesarle por apología del terrorismo.
El de Úbeda continúa encarcelando a ciudadanos vascos y no
euskaldunes que dudan de su honestidad, que lamentan todo lo
que representan ambos. Sin embargo, otro fiasco en la
carrera del primero hacia la inanidad jurídica no le
afectará mucho. Los fracasos no le han abandonado, y este
será sin duda otro triunfo de los independentistas, del
movimiento abertzale, en el camino duro y lamentable de la
violencia y la sangre derramada por quienes no respetan los
derechos humanos. ¿Ya sabe a quienes me refiero?