Las armas necesitan matar
Rafael Torres
Diarios del Siglo
XXI 29 de Enero de 2009
Las
armas necesitan matar. Se crean para eso. Matar es su única e
irrenunciable función. El que vende armas sabe,
independientemente de la catadura del comprador, que valen sólo
para eso y que van a usarse sólo para eso, para matar, y se
afana en entregarlas en las mejores condiciones para hacerlo.
España vende armas. Primero, claro, las fabrica, pero no en la
cantidad precisa para dotar a sus fuerzas armadas y atender a
las necesidades de su defensa, sino que las fabrica para la
exportación con el sólo propósito de ganar dinero, ora el
Estado, ora los industriales del ramo, pero siempre, desde
luego, los marchantes y los comisionistas.
En España se crean las balas, las minas, las bombas y los
proyectiles que no tienen otro uso que el asesinato o el
genocidio, y cuando se usan es, en efecto, para destrozar la
vida de la gente, civiles y soldados, viejos y niños, mujeres y
hombres. También para reducir a escombros lo que costó tanto
tiempo y tanto esfuerzo edificar, casas, barcos, jardines,
líneas ferroviarias, puentes, fábricas, escuelas. España crea
eso y lo esparce, como tantos otros países ciertamente, por el
mundo; la muerte lleva entonces la leyenda, troquelada en las
vainas de los proyectiles o en las cajas de munición, "made in
Spain".
Siendo esto así, qué poca vergüenza hay que echarle para decir,
siendo el que lo dice precisamente el único que podría parar
eso, que las armas que vendemos a Israel, país en guerra de
agresión permanente, no ha matado a ninguno de esos niños, de
esas familias, de esos jóvenes de Gaza que hemos visto
desangrarse. Sin embargo, y por si no bastara esa declaración
procaz, ese insulto a la inteligencia, uno de los más conspicuos
colaboradores del hombre que podría parar eso, ha rematado la
faena: España sólo vende armas, ha dicho, a países que respetan
los derechos humanos. Como Israel.